John F. Kennedy pocas horas antes de morir, en compañía de su mujer, Jackie. Tomó huevos pasados por agua, bacon, queso, mermelada de frambuesa, zumo de naranja y café
John F. Kennedy pocas horas antes de morir, en compañía de su mujer, Jackie. Tomó huevos pasados por agua, bacon, queso, mermelada de frambuesa, zumo de naranja y café - abc

«Muerte a la carta», el último bocado de grandes celebridades

Eric Frattini realiza una disección gastronómica de los instantes finales de cincuenta personajes famosos

Actualizado:

«Muerte a la carta» (Poe Books), escrito por Eric Frattini y el chef Andrés Madrigal, es un libro «morbogastronómico», en palabras del primero. Una definición que le viene como anillo al dedo a esta obra que recopila las últimas cenas de cincuenta famosos, de Jesucristo a Juan Pablo I, de Marilyn Monroe a James Gandolfini, de Alejandro Magno a Sadam Husein, de la tragedia del Titanic a los atentados contra las Torres Gemelas. Un recorrido histórico (los personajes aparecen en el orden en el que murieron) que abarca 2.336 años de últimas cenas y que se publica el próximo martes.

En cada uno de los cincuenta capítulos, Eric Frattini relata con minuciosidad los gustos gastronómicos de los personajes, así como sus últimos momentos de vida y las causas de su fallecimiento. Después, el chef Andrés Madrigal coge los fogones literarios y presenta la receta (o su particular adaptación de ésta) de uno de los platos presentes en el fatal menú. «Busqué muchos cocineros hasta que di con Madrigal, que le encanta la historia, le encanta la gastronomía y le encanta la historia de la gastronomía. Además, ya había escrito otros libros y sabe lo que es. Ahora está en Panamá, donde acaba de abrir un restaurante, y con una paciencia infinita ha recreado y adaptado todas las recetas y les ha hecho él mismo las fotos. Una maravilla», apunta Frattini.

Para demostrar la gran maestría del chef, el escritor pone un ejemplo: «El caso de Adolf Eichmann, jefe de operaciones de la deportación de tres millones de judíos a los campos de exterminio, fue un auténtico reto. En su última noche en la prisión israelí de Ramla pidió exclusivamente una botella de vino. Le pregunté a Andrés, ¿qué hacemos con esto? El contestó: “No te preocupes, voy a hacer un granizado de vino tinto’’». «Muerte a la carta» también cuenta con el prólogo de Juan Echanove. «Es un texto tan magnífico que, bromeando, le dije a Juan que íbamos a hacer una presentación solo del prólogo», apunta el autor.

El germen

Pero, ¿cómo surgió la idea de hacer «Muerte a la carta»? «Hace dos años leí un reportaje en «The Telegraph» acerca de la última noche de Jimi Hendrix con su novia, la pintora alemana Monika Dannemann. Pasaron la velada en el hotel Samarkand, de Londres y me resultó de lo más curioso que publicaran también lo último que comió (dos sándwiches de atún fresco con pan blanco con semillas de sésamo y una botella de vino)», relata Frattini.

El escritor se encontraba «agotado» porque acababa terminar un libro que saldrá publicado en 2016 acerca de la CIA en el Vaticano con 170 documentos secretos, desde Pío XII a Francisco. Pero no pudo resistirse a la idea de investigar las últimas cenas de personajes célebres de los que ya había recopilado información a lo largo de sus años de trabajo. Ese fue el germen de «Muerte a la carta».

A pesar de contar con muchos documentos acerca de algunos de los nombres escogidos, no resultó un trabajo fácil: «Madrigal me decía: Eric, ¿y Mitterrand? ¿y Margaret Thatcher? Desde luego que son personaje muy interesantes, pero… ¿quién sabe lo que comieron el día antes de morir? ¿Cómo se puede investigar? Resultaban muy difíciles porque en ninguno de los dos casos se hizo público. También nos hemos encontrado con el caso de versiones diferentes. Por ejemplo, el de la asesina en serie Aileen Wuornos (a la que interpretaba Charlize Theron en “Monster”), sentenciada a muerte y ejecutada en una prisión de Florida. Tanto el biógrafo, como su compañera de celda, como el departamento de prisiones dieron a conocer tres cenas diferentes. Me quedé con la de este último porque son los funcionarios los que le sirvieron la comida (una hamburguesa con queso, patatas fritas de bolsa y café)», explica el también periodista.

A cambio, Frattini reconoce que hubo otros capítulos muy sencillos, como en el caso de John F. Kennedy, puesto que «se sabe a la perfección la última comida que ingirió. Antes de partir hacia a Dallas, el entonces presidente de Estados Unidos y su esposa habían asistido a un desayuno oficial. Tomó huevos pasados por agua, bacon, queso, tostadas, mermelada de frambuesa, zumo de naranja y café muy cargado».

Catástrofes y atentados

Al tratar un tema tan delidado como es la muerte, Eric Frattini también ha tenido que sortear sensibilidades: «Hemos tenido que quitar el penúltimo capítulo, que relataba la última cena de los pasajeros del crucero Costa Concordia porque el libro se va a publicar en Italia y allí duele todavía mucho, además de que todavía están con el juicio», indica el autor. Otras catástrofes sí que se describen en «Muerte a la carta». Como la del Titanic. Frattini cuenta en el libro cómo la mayoría de los pasajeros de primera clase habían sido invitados a una cena privada (algunos todavía estaban en la sobremesa cuando empezaron a sonar las primeras voces de alarma) diseñada por Auguste Escoffier, padre de la «nouvelle cuisine». También aparecen los atentados del 11-S. El Windows of the World era el restaurante de las Torres Gemelas (plantas 106 y 107 de la Norte) y en el momento del atentado se encontraba ocupado por clientes habituales. «Todos fallecieron ese día, ya que el primer avión destruyó toda vía de escape por encima del punto de impacto», detalla en «Muerte a la carta».

Un caso especial

Freddie Mercury

Y aquí está la clave: «Si algo me ha enseñado este libro es que no importa que sea estrella del pop, político o artista. Da igual lo famoso que sea. A todos les gustaba comer lo mismo que cocinarían nuestras madres», concluye Frattini.