Jaume Vallcorba, en una imagen del año 2010
Jaume Vallcorba, en una imagen del año 2010 - yolanda cardo

Muere Jaume Vallcorba: el editor de la obra bien hecha

Valoró cada tipo de imprenta, el carácter de una letra capitular, la textura del papel. Para editar, dijo una vez, «se debe hacer lo que en el teatro se llamaba el mutis por el foro, porque la humildad es fundamental»

Actualizado:

Jaume Vallcorba Plana hizo honor a la divisa de que un editor es su catálogo. Y el catálogo de Vallcorba compone el auténtico Canon Occidental para sobrevivir en tiempos de indigencia intelectual. Vallcorba era un lujo cultural europeo que perpetuaba la mejor herencia del Noucentisme de Eugenio d'Ors: aspirar a la obra bien hecha.

El decía que «la cultura catalana era algo más que una provincia remota del espíritu»Formado en Filología Románica, al calor de la rigurosa amenidad del maestro Martín de Riquer, aquel joven profesor de buena familia no sólo estudió la épica medieval y la poesía trovadoresca, sino que valoró cada tipo de imprenta, el exquisito carácter de una letra capitular, la textura del papel... En 1979 hizo suyo el sello Quaderns Crema de Antonio Bosch, editor con el que había trabajado, y lo inauguró con las poesías de Ausiàs March y «El Preludi» de Antoni Marí. Sus intenciones: recuperar clásicos en cuidadas ediciones y promocionar autores, en palabras del editor, «convencidos de que la cultura catalana era algo más que una provincia remota del espíritu». Aquellas cubiertas blancas, de diseño innovador, presentaban a Carner, Ors, Foix, pero también a los mejores escritores de la narrativa catalana contemporánea: Quim Monzó, Ferran Torrent, Sergi Pàmies, Ramón Solsona o Valentí Puig.

El éxito de Quaderns Crema, Sociedad Unipersonal, animó a Vallcorba a crear Acantilado: desde Anagrama y Tusquets, era la iniciativa más ambiciosa de una edición barcelonesa que quería mantener la ciudadanía del mundo en lugar de recluirse en los claustros nacionalistas. Una ojeada al catálogo de Acantilado, como el Hacedor de Borges, traza la faz del editor. Ahí está Chateaubriand, Cicerón, Séneca, Lord Chesterfield, Montaigne, «El mundo de ayer» y toda la obra de un Zweig felizmente rescatado, Óscar Wilde, Joseph Roth, Gracq, el cervantismo de Riquer... Y, también, la Miteleruropa: a Vallcorba le debemos la difusión de los autores «congelados» por medio siglo de yugo comunista: Mandelstam, Adam Zagajewski, Kis, Andrejevich, Mrozëk...

«El editor debe hacer lo que en teatro se llamaba el mutis por el foro»«El editor debe saber callar y no hacerse demasiado visible. A menudo debe hacer lo que en el teatro se llamaba el mutis por el foro, porque la humildad es fundamental...» Con estas palabras, leídas por su esposa Sandra Ollo en el máster de edición de la Universidad Pompeu Fabra, Vallcorba entonaba la ceremonia de los adioses para seguir, eternamente presente, en su catálogo de más de trescientos títulos. En este segundo tramo del año nos propone la compañía de Fernando Pessoa, Simenon, Peter Stamm, Anthony Burgess, el «Adiós a Berlín» de Isherwood, la diplomacia del ingenio de su amigo Marc Fumaroli, las «Cinco historias de Ferrara» de Bassani y el «Terror y utopía» de Karl Schlögel, sobre las purgas moscovitas de 1937...

Eso y no otra cosa es el editor. Aquel que subraya, lee y dialoga el lector con la obra bien hecha. El libro y su autor –en este caso su editor– son ya la misma cosa, «y la nobleza de la memoria que canta, efecto visible de su sabia construcción...» En su obra «De la primavera al Paraíso» subrayaba Vallcorba la esplendorosa influencia del amor caballeresco en la obra de Dante. Haciendo honor a una filosofía editorial de tradición y modernidad a la manera que poetizó su admirado Foix, acudía a una reflexión de Raymond Queneau que debería enmarcar nuestras conciencias: «Puede ser que la dificultad no sea en ella misma un síntoma de superioridad, ni tampoco sea ninguna necesidad. Pero hay que hacer un esfuerzo para ir del menos al más. Para poder seguir el vuelo de un pájaro hay que levantar la mirada. Y esto fatiga, porque estamos acostumbrados a bajarla». El Canon Vallcorba, en el lugar preferente de nuestras bibliotecas y la mejor tradición europea. Eterno Esplendor del papel y sus tipografías.