Aurora Egido: «Yo tiendo a acentuar la palabra “solo” cuando existe ambigüedad»
Aurora Egido, en uno de los ensayos del discurso que pronunciará mañana ante la Academia - rae
entrevista

Aurora Egido: «Yo tiendo a acentuar la palabra “solo” cuando existe ambigüedad»

Mañana domingo ocupará la silla «B» de la RAE en sustitución de José Luis Borau. Antes, rendirá en su discurso un homenaje a Baltasar Gracián

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En cuestión de horas se convertirá en la novena mujer que ingresa en la Real Academia Española. Experta en el Siglo de Oro, Aurora Egido (Molina de Aragón, 1946) se debate como cualquier hablante en el uso de algunas tildes que fueron eliminadas hace más de tres años. «Creo que en la ortografía, como en todo, los humanos no somos perfectos».

–Su discurso del domingo tratará sobre la búsqueda de la inmortalidad en las obras de Baltasar Gracián.

–La historia de la filosofía y de la literatura busca siempre un final feliz, o happy ending que se dice en las películas. Sin embargo, Gracián estaba un poco desengañado y transformó la búsqueda de la felicidad en la de la inmortalidad, que es en realidad la que buscan todos los autores. La de permanecer más allá de la muerte en la memoria de los demás y convertirse en clásicos. En definitiva, se trata de una aspiración muy humana, porque no hay nada peor que la desmemoria y el olvido.

–¿Qué idea de Gracián sería aplicable ahora, casi 400 años después?

–Gracián es un abanico inacabable, se me ocurren multitud de cosas. Pero yo le he querido dar a este discurso un trayecto educativo. Leyendo a Gracián parece que está retratando no solo a la sociedad española, sino al mundo actual. En el fondo, lo que viene a decir es que la educación es la que tiene que marcar el camino de las personas y de los pueblos. Porque las humanidades dignifican a la persona y le hacen superar las miserias.

–Va a ocupar el asiento de la «B» mayúscula. ¿Cuál es la primera palabra que se le ocurre con esta letra?

–Digo en primer lugar Borau [falleció en noviembre de 2013], porque lo sustituyo en la silla y porque tuve con él una cierta relación de amistad. Pero siempre digo que esa «B» mayúscula se corresponde con lo bueno y con lo bello, que es esa utilidad y belleza que dan el arte y la literatura.

–¿Usted acentúa la palabra «sólo» cuando es adverbio?

–Ahora la Academia permite las dos cosas. Yo tiendo a acentuarlo porque entiendo que a veces es necesario porque si no aparece la ambigüedad. Si yo escribo «estaré solo esta tarde», uno no sabe si va a estar a solas o solamente esa tarde. Creo que en la ortografía, como en todo, los humanos no somos perfectos, y cuando la gramática exige una distinción se debe dar.

–¿Y la palabra guión, o cardíaco?

–Ahí ya podríamos detenernos más (se ríe). Todo eso lleva mucho tiempo y hay que acostumbrarse. A mí me pasa que tengo muchas dudas porque, como trabajo habitualmente con textos de los siglos XVI y XVII, donde la vacilación ortográfica es enorme... Tengo que estar corrigiéndome continuamente.

–¿Qué cree que puede aportar usted a la Academia?

–Yo... «pasos quedos», que decía Cervantes, y guantes de fieltro. Prefiero entrar sin prepotencia alguna, silenciosamente. Voy a tratar de merecerme esta gran distinción y este honor que me han hecho la Academia a partir del primer día. Desde mi trabajo como filóloga y como parte de un hispanismo sin fronteras al que le he dedicado trabajos y días a lo largo de mi trayectoria.