Milagros del Corral: «La Biblioteca Nacional tendrá tanta autonomía como el Museo del Prado»
Milagros del Corral, en su casa de Madrid, entre cuadros pintados por ella y su marido - ISABEL PERMUY

Milagros del Corral: «La Biblioteca Nacional tendrá tanta autonomía como el Museo del Prado»

La ex directora de la Biblioteca Nacional, que se ha estrenado como novelista con «Un otoño en París», habla de sus pasiones, su vida como alta funcionaria internacional y el futuro

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Nacida en Madrid en 1945, Milagros del Corral parece haber hecho, gracias a la curiosidad y la inteligencia (que son casi sinónimos), un pacto con el tiempo. A pesar de que su gestión al frente de la Biblioteca Nacional de España fue celebrada por propios extraños, la decisión del entonces gobierno socialista de degradar la dirección de una de las instituciones culturales claves del Estado, la llevó a dimitir.Nunca parece perder el tiempo y el humor, se define como «una experta en atar cabos». Alta funcionaria en la Unesco, en París, que acabó de darle la pátina internacional de elegancia y seguridad en sí misma que destila, desde la Fundación de Amigos de la Biblioteca Nacional, que ella creó, ha seguido tratando de contribuir a la mejora de su estructura y de garantizar un futuro sin sobresaltos.

El Consejo de Ministros aprobó el pasado viernes un anteproyecto de ley que devuelve a la Biblioteca el rango que tenía en 2010, y «tendrá tanta tanta autonomía como el Museo del Prado y el Reina Sofía», como se encarga de resaltar quien renunció a su cargo por defender la dignidad de la casa de los libros más importande de España. El humo le ayuda a pensar. No tiene el menor problema en que la fotografíen con el cigarrillo en la mano. Estamos en su casa, llena de cuadros propios y de su marido, algunos de notable factura. Un pequeño museo acogedor. «Soy una fumadora profesional. Eso me ha hecho más casera, a hacer que la gente venga a mi casa, porque me es más cómodo para poder fumar».

¿De todas las cosas que ha sido y sigue siendo qué sombrero le sienta mejor, el de bibliotecaria?

El de bibliotecaria es mi sombrero favoritoEl de bibliotecaria es mi sombrero favorito, no sé si es el que me sienta mejor. [Y se ríe].

¿Pero se reconoce...?

Sí, sí, sí. Lo que pasa es que he tenido otros sombreros... ¿Cómo le diría...? Más espectaculares, más lucidos. La cosa internacional tiene como un glamur, pero para mí el glamur de las bibliotecas, y sobre todo de la Biblioteca Nacional, me puede.

¿Y cómo definiría a un buen biliotecario, aparte del amor a los libros, que se le supone?

Uno no suele hacer su carrera profesional con algo que no le gusta. Otra cosa es que la vida te empuje por ahí. Pero en general es una tarea muy vocacional. Pero todo bibliotecario ama los libros. Yo creo que tiene que ser una persona muy empática con el usuario, tiene que ser casi una psicóloga o un psicólogo para saber lo que el usuario en realidad quiere, porque muchas veces no lo saben ni explicar. Tiene que saber conectar un contenido con un usuario, lo que a veces exige desarrollo de un nuevo conocimiento, porque de ese encuentro va a surgir algo. En una biblioteca nacional en la que el usuario suele estar investigando sobre un texto, sea una novela, un ensayo, de ahí va a salir un nuevo conocimiento. Por eso el bibliotecario es una persona clave en ese engarce.

¿Pero no hay también una cierta imagen del bibliotecario como un guardián de los libros y no como de alguien que te abre la puerta al conocimiento...? A veces parece que hay más preocupación por conservar que por compartir...

No, no crea. Es que fue así. Ese es el esterotipo que nos ha quedado, ¿no? Naturalmente seguimos preocupados por conservar el libro, y más en una Biblioteca Nacional que tiene ese lado patrimonial, obligatorio, que es su propia misión. Pero ese estereotipo, que es decimonónico, y que en España se alargó más tiempo del que hubiera sido deseable, yo creo que ya no responde a la realidad en ninguna biblioteca. Ahora el papel del bibliotecario se ha diversificado, porque tienes que saber de tecnologías, de derecho (en particular de derechos de autor), tienes que saber de arquitectura (porque tienes obras que hacer y que tratar con los contratistas, con los arquitectos)... Es decir, de repente, tu profesión, en la que se suponía que tenías que saber de libros, y de usuarios, se ha convertido en una profesión interdisciplinar, más divertida.

Pero ¿qué ha pasado en España con las bibliotecas? Usted ha pasado buena parte de su vida ha transcurrido en el extranjero...

Veinticuatro años...

En Estados Unidos hay una predisposición de las instituciones públicas a preservar, compartir, invertir en las bibliotecas como una especie de cuestión nacional, amén de una política de puertas abiertas. Lo fácil que es en Estados Unidos acceder a todos los fondos, no hay prácticamente ninguna ciudad ni colegio que no tenga su biblioteca. Mientras que en España, aunque se nos llena la boca, sobre la lengua, la literatura, la realidad parece que no acaban de creerse ese discurso...

Nadie puede decir en España que no puede leer porque no tiene dinero La realidad es muy otra. En España se han construido muchísimas bibliotecas, y eso hay que decirlo. Pero, como suelo decir, se ha construido el edificio, entraron en toda la barahúnda del ladrillo. Prácticamente todas las ciudades y pueblos tienen su biblioteca, pero si te vas a ver en qué consiste esa biblioteca son muchas las ocasiones en que se trata de poco más que de un edificio muy vistoso, y eso es lamenatable. Se ha ido más por la parte obras, que por la parte función. Se ha ido más por la parte que vende que por la parte misión y servicio cultural de primerísimo orden. Porque son todavía las únicas instituciones absolutamente gratuitas. Nadie puede decir en este país que no puede leer porque no tiene dinero. No leerá porque no le da la gana. Pero la excusa de que un libro es caro no vale para no ser lector.

A un amigo que se cambió de casa hace poco le llamó la atención que viendo a través de los portales de internet pisos disponibles, usados, amueblados o no, en muchas casas modernas no hay libros, lo cual no quiere decir que no se usen otros dispositivos para leer. ¿Pero está dejando de ser el libro el paradigma fundamental de la cultura?

Los libros procrean, crecen solos, se multiplicanSin duda. Por lo que hace a nuestras casas, en descargo de la gente, hay que reconocer que los espacios son cada vez más pequeños y que los libros ocupan lugar, y requieren una cierta atención. Mantenerlos cuidados y limpios es un rollito macabeo. Lo único que odio de los libros es esa atracción que sienten por el polvo. Eso no me gusta. Y luego los libros procrean, crecen solos, se multiplican. Te van creando un problema que no tenías al principio. Todo eso ha restado un poco el ímpetu de tener libros en casa. Yo no me puedo imaginar una casa sin libros. Toda la vida he vivido rodeada de libros. En la casa de mis padres era algo espectacular. Pero comprendo que a la hora de mudarse todo se complica, y como ha coincidido esto con la llegada de las tecnologías no cabe duda de que hay una comodidad que se resuelve. Así y todo el libro tiene un valor casi sagrado para mucha gente, y sigue habiendo afición. La prueba es que yo ahora como autora le puedo decir que he vendido muchísimos más libros en papel, impresos, que ebooks. Las descargas, como muchas de ellas son ilegales e incontrolables, no sé a cuánto ascienden. En la edición del Círculo de Lectores, en tapa dura, ha vendido en un trimestre más de cinco mil ejemplares, lo que me ha alegrado mucho. Sigue habiendo mucha gente que no la vemos y que no chilla y que no está tan visible en las redes, pero que lee.

Su dimisión como directora de la Biblioteca Nacional no sentó un precedente. ¿Qué representó como síntoma la degradación del cargo y cómo han evolucionado las cosas desde entonces, tanto en la biblioteca en sí como en la cultura en España?

La Biblioteca recupera su rango y gana en autonomía respecto al poder político Las cosas han evolucionado porque evolucionan, porque estamos entrando en otro modelo, en otros estilos de vida en todos los sentidos, y eso afecta a los países y a las personas. El que te bajen el rango nunca es algo que vaya en una buena dirección, si hablamos de una institución. Yo creo que la biblioteca ha pasado por un largo túnel, que coincide con los tiempos de la crisis más dura, pero también con la falta de atención que ha sufrido por parte de las autoridades competentes. Eso se ha arreglado, se ha modificado, se ve otro espíritu, en los últimos tiempos. La llegada de Ana Santos a la Biblioteca Nacional –mejor, el regreso de Ana Santos, directora de Acción Cultural en mi época–, ha supuesto un auténtico revulsivo. Conoce la Casa a la perfección, ejerce un liderazgo inspirado y ha sabido desarrollar una estupenda sintonía con la secretaría de Estado de Cultura. Su acción ha sido muy importante para que el anteproyecto de la ley reguladora de la Biblioteca Nacional de España haya sido aprobado por el Consejo de Ministros este viernes. De hecho, ya nos lo anticipó el presidente Mariano Rajoy en su todavía reciente visita a la Biblioteca Nacional con motivo de la presentación del libro del Tricentenario, auspiciado por la Fundación de Amigos de la BNE a cuyo Patronato tengo el honor de pertenecer. Concebimos entonces muchas esperanzas que al fin se han hecho realidad. La diferencia será que la Biblioteca Nacional tendrá una autonomía semejante a la del Museo del Prado, como nunca tuvo anteriormente. Esto supondría un cambio radical para la institución. El patronato será un órgano rector e intervendrá en la toma de decisiones importantes en conexión con la dirección. El patronato pasará así de ser un elemento de adorno a un órgano fundamental. La Biblioteca recupera su rango y gana en autonomía con respecto al poder político y a sus vaivenes porque el director será seleccionado mediante un procedimiento abierto y competitivo y su nombramiento deberá ser aprobado por el patronato. Los únicos que hasta ahora tenían ese estatus eran el Museo del Prado y el Centro de Arte Reina Sofía, y la Biblioteca es la tercera de este trío capital. Yo le tengo mucho cariño al Reina Sofía, pero son El Prado y la Biblioteca los verdaderos hermanos siameses. Además se crea un Consejo Científico que orientará las líneas de investigación que la Biblioteca promueva, en tanto que centro de investigación que, en mi época, fue reconocido como tal en la Ley de la Ciencia. Precisamente, hace solo unos días que la Biblioteca ha lanzado su primera convocatoria de 22 becas de investigación.

¿Qué le llevó a escribir «Último otoño en París»?

Siempre había querido escribir una novelaPrimero me movió que siempre había querido escribir una novela, y nunca tuve tiempo. Por eso al terminar mis funciones en la Biblioteca Nacional me encontré con todo el tiempo del mundo. Aunque sigo haciendo muchas cosas me he organizado de tal manera que yo siempre controlo mis tiempos, hago lo que me da la gana. Esa es la verdad. Yo tenía unas notas tomadas sobre mi vida en la Unesco, en las que algunas situaciones muy particulares me habían hecho gracia, me habían sorprendido, otras veces me había desesperado, me había tirado de los pelos... Todo. Y pensé: ¿qué podría hacer con estas notas? Tal vez montarme una historieta basada en una organización internacional, que puede ser la Unesco y puede ser cualquiera. Son 32 organizaciones dentro del sistema de las Naciones Unidas, y hay de todo, y hay anécdotas que han ocurrido aunque por supuesto no en la Unesco. Me puse a ello y me lo pasé muy mientras iba avanzando, fui perdiéndole el miedo, y eso que me faltaba el conocimiento de la carpintería... Porque además yo había leído mucho ensayo durante muchos años, mucho más que ficción, y tenía una tendencia natural al orden racional que tiene que tener un ensayo. Pero en la novela eso no es así. Me puse a leer ficción como una loca, y cuando le mostré lo que tenía a Ana Gavín, de Planeta, a la que conocía, le interesó. Trabajamos mucho sobre el manuscrito, sobre todo en cuanto a la construcción de la trama para hacerla más amena, la parte en la que yo me sentía más floja y más perdida. Aprendí mucho.

¿Cuánto de autobiográfico hay en la novela?

Hay parte autobiográfica, no cabe la menor duda, pero creo que hay tanto de autobiográfico como de ficción, y cualquiera que hubiera pasado por allí podría haber escrito algo parecido si se pusiera a ello. Porque es un mundo muy cerrado, completamente hermético, que no comunica hacia fuera. Y cuando comunica lo hace para decir: «lamentamos que tal cosa haya pasado». Hacia fuera. Pero se hacen muchas cosas, se trabaja como chinos, pero es un poco frustrante ver que con todo ese esfuerzo se consiguen unos resultados tan malos. También es verdad que los Estados miembros no ayudan, y eso en la novela está clarísimamente visible. Es un poco lo que yo pretendía: llamar la atención sobre esa desafección que sienten los Estados.

Es un poco paradójico, porque son organismos que dependen de los Estados, y por lo tento reflejos de nosotros, y por otra parte sufren el reproche permanente a la inoperatividad de estos organismos.

Pero son ellos los que se encargan de que lo sean, y luego se quejan y pagan sus cuotas y se quejan, no aportan ninguna idea. Y eso que es su niño, es su criatura. Y además están queriendo entrar siempre en el «micromanagment», que no es para lo que están. Me parece muy bien que controlen todo, pero lo que le puedo asegurar es que hay pocas instituciones más transparentes en cuanto a persupuestos. Lo que pasa es que va acumulando sistemas de control, uno sobre otro, y llega un momento en el que lo que no se puede es hacer casi nada. Y luego dicen: «no han hecho ustedes nada». Pero bueno, ustedes se dan cuenta de que nunca suprimen nada de los viejos controles y vamos creando nuevos y nuevos... Así no hay nadie que ande por este camino. Yo creo que todo el que pasa por allí vive el deslumbramiento, la ilusión, el idealismo, y luego después poco a poco la decepción, la desesperación... Con el riesgo que se corre, porque desde luego uno se juega muchas veces la vida en este tipo de trabajo. Y luego esas extrañas contradicciones, porque no cabe duda de que tenemos un estatus social elevado, y sueldos en consonancia, y una vida aparentemente glamurosísima... Pero al lado de eso estamos dedicándonos a luchar contra la pobreza, con esos mismos pelos, y estamos en campos de refugiados, y luego al día siguiente vas a inaugurar no sé qué o a ser parte del jurado de no sé qué en el palacio de Rainiero de Mónaco. Es una especie de locura, de esquizofrenia la que te entra, en tu propia persona y en tu trabajo de cada día.

De todos modos el sistema ONU, y sobre todo el quid de la cuestión, que es el Consejo de Seguridad, es heredero de un tiempo que pasó hace mucho y que reproduce un sistema de poder completamente obsoleto y eso lastra todo lo demás. Lo que pasa que los que tienen la llave del cambio son los mismos dueños del castillo. ¿Cómo hacemos frente a este dilema?

Del G-2 al G-20. Si siguen así llegarán al G-194 y reinventarán la ONUEs una buena pregunta, pero eso mismo me pregunto yo. Tampoco entiendo muy bien el porqué. Lo que sí sé es que han comprendido que en un mundo global hace falta una cierta gobernanza global (y no estoy hablando de quitarle a todo el mundo poder de tal forma que esto se convierta en una dictadura, no, tampoco es eso), pero sí tiene que haber una cooperación para que las cosas medianamente puedan avanzar, se vaya construyendo un mundo en el que podamos vivir, no sé si ya mejor que el que teníamos, pero que por lo menos no sea peor. Ellos, cuando han visto que hacía falta, empezaron por crear el G-2, el G-3, el G-4, el G-8, el G-20. Si siguen así llegarán al G-194 y reinventarán la ONU. Pero es el espíritu el que les falta. En el fondo nos hemos vuelto todos, quizás también a nivel individual, luego a nivel colectivo, enormemente egoístas. Nadie quiere ceder un ápice de lo que tiene de bueno y mira por encima del hombro a los que están en peores condiciones, y lo que quiere es darle migajas o darle una limosna, y que con eso se conformen.

En la novela hay una especie de idea terrorista, o gran broma final, con una propuesta del nuevo director general, que lleva a término, hasta las últimas consecuencias, una lógica aplastante. Resume todas las críticas y al final consigue desmantelar la propia institución. ¿Una especie de reducción al absurdo de los problemas que tiene? No sé si está planteando a través de esa suerte de sátira devastadora una especie de electroshock al propio sistema.

Eso quisiera yo. Eso me gustaría. Sé que la novela, hace poco, cuando se celebró la conferencia general, ha sido bastante comentada...

¿No está traducida al francés todavía...?

No, no está traducida, pero hay algunas gentes, colegas míos, que se han puesto por su cuenta y riesgo a hacerse traducciones para uso particular, aunque hay mucha gente que entiende español. Pero si uno rastrea en las opiniones del lector que hay en mi blog hay varias extranjeras, y en otros idiomas incluso, de gente que la ha leído. Sí, yo quisiera que fuera un electroshock, porque el camino que lleva lo necesita. Cuando estaba terminando mi novela, en proceso de publicación, le decía a mi editora, Raquel Gisbert, que no nos descuidemos en el tiempo porque como nos descuidemos la realidad va a superar a la ficción y mi libro va a quedar absurdo, no tendrá ningún sentido. Sin ir más lejos, por ejemplo en la Unesco, que es donde tengo más amigos y sigo lo que va pasando, teníamos dos edificios y han tenido que desalojar uno y meterse todos en uno, con lo que están allí todos como piojos en costura, porque ni siquiera hay suficientes enchufes para poder conectar los ordenadores.

¿La Unesco parece haber chocado con el ánimo del control del presupuesto, sobre todo de Estados Unidos? ¿En qué situación está ahora?

Ahora está en una situación que se podría denominar como de limbo, porque se fue, y no paga sus cuotas. Pero en realidad no se fue, dijo que no iba a pagar sus cuotas, pero está allí, con su embajador...

¿Con voz y voto?

Pues sí, y la gente no sabe qué hacer ante esta situación. Se pensaba que sería una cosa temporal, que o se iría o pagaría, que sería como un enfado o una pataleta, pero ya lleva una buena temporada. Esa decisión de dejar de pagar las cuotas surgió cuando la Asamblea General de la ONU reconoció a Palestina como Estado. Pero de esto hace ya un tiempito.

La novela es una novela romántica, pero hay una especie de control –y se nota mucho, no sé si por su trayectoria personal o por su manera de ser–, porque a pesar de contar una historia de amor hay mucha contención a la hora de mostrar la carnalidad de toda novela romántica...

Me lo ha dicho mucha gente, que aquí falta sexo, y yo decía, pues sí, pero...

¿No iba con su estilo?

Bueno, en la próxima novela va a haber algo más, por el tema. Pero para mí «Último otoño en París» es un relato en el que la institución era un personaje, y era un personaje tan potente que aplasta a todo el que se mete ahí dentro. Lo va triturando. Y normalmente uno no hace el amor con una institución...

Salvo los burócratas enloquecidos...

No, no conocemos muchos casos. Pero esta nueva, en la que los protagonistas únicos de la cosa son un chico y una chica sí que habrá mucho más.

Ha mencionado antes, como una leve crítica, el egoísmo creciente de los países que se refleja en el funcionamiento del sistema ONU, y no sé si algo parecido está ocurriendo en la Unión Europea. Parece que hay muy poca fe en instituciones que han permitido que Europa y el mundo a grandes rasgos permanezca en paz, pero no queda confianza en el sentido de instituciones que ha costado tanto crear... No sé si eso le crea mucha frustración...

La Unión Europea no es una unión de intereses. Es nuestro futuroEllos tienen siempre una especie de recelo, desde mi perspectiva, porque creen que el refuerzo de las instituciones internacionales supone una pérdida de poder para ellos, cuando son ellos los que van a aprobar lo que se va a hacer allí. Y tienen un emporio, un plantel de gente generalmente bien equipada intelectualmente, aunque haya algunos maulas... Pero es eso, es el miedo a que les dicten. Porque hay una cosa muy importante que tienen muchas organizaciones de Naciones Unidas que es su capacidad, que podríamos llamar legislativa, cuando aprueban una convención es un marco jurídico internacional al que se tienen que plegar todos los que quieran, todos los que adhieran. Porque puedes formar parte de una organización y no adherirte a todas sus convenciones, pero lo suyo es adheirir, y queda mal visto si un país no se adhiere a ninguna convención. Como está ocurriendo ahora con lo del cambio climático, y por eso los que en la Unesco se dedican a eso están desesperados, porque nadie quiere, y el tiempo pasa. Allí todo demora mucho tiempo, hay unos lapsos de tiempo para que algo se haga que va completamente en contra de los tiempos que vivimos, que son los tiempos de la rapidez, de saberlo todo inmediatamente, de la simultaneidad, de la información, y eso hace que sean como marcianos, y ellos mismos se van como alejando del mundo. No podemos estar en una asociación de intereses. La Unión Europea no es una unión de intereses. Es nuestro futuro. Suráfrica, Brasil, China... son casi tan grandes o mucho más grandes que la Unión Europea. Es que no nos damos cuenta, pero los mapas, la cartografía es muy engañosa, porque nos pone a un tamaño Europa en una escala, y el tamaño del resto a una escala más pequeña, y nos hacemos una idea completamente errónea de las magnitudes de los países. Colombia es cuatro veces más grande que Francia, pero a nadie se le ocurre imaginárselo. Y así es todo. Estos grandotes, que van para arriba, y bastante pan negro le ha tocado a muchas generaciones en estos países, en política, en economía, en todo, y ahora nos ha tocado a nosotros porque a todo el mundo le toca. Yo creo que no hay generación que no tenga su porción de pan negro.

¿Y eso no le desespera, aunque ahora que está fuera quizá la desesperación sea como a distancia?

Sí, me da mucha pena, porque yo siento mucho cariño por esa organización, y además creo mucho en el sistema de Naciones Unidas, pero no como está. Yo creo que o se hace una reforma a fondo... pero ¿quién la va a empujar? ¿Qué sucede? Los Estados, recelosos y reacios, luego eligen como secretarios generales de esas instituciones a personas que de antemano saben que no lo van a hacer.

Manejables, con menos fuerza (tanto en la ONU como en la UE) porque tienen menos personalidad...

Claro. Entonces se convierte en un círculo vicioso.

Profecía autocumplida.

Se retroalimenta. Pero yo sin embargo, como sigo siendo una idealista, pienso que algún día pasará algo y alguien con cara de dócil, cuando ya esté en el puesto se rebelará, al ver como está todo aquello, y decidirá... Pero hay que decidirlo con ánimo de kamikaze. Porque lo que no puede ser siendo director general de una agencia, como la FAO, ACNUR, PNUD... que son 32, y cuando está acabando tu mandato a ver si ahora consigues ser secretario general de Naciones Unidas, que es con lo que sueñan todos. Tú no puedes pensar eso porque sabes que te vas a quemar en el intento, pero si te quemas y resuelves y das un golpe a la situación... eso sería lo ideal. Pero no sé dónde está ese mirlo blanco, en qué parte del mundo, en qué país encontraremos a un ejemplar así.

Su experiencia como novelista parece que ha sido muy grata, hasta el punto de que ahora se ha embarcado en una novela en colaboración, a cuatro manos. ¿Cómo ha sido?

Salió, hablando, por Twitter, con esta persona, con mi socio, al que no conocía antes, de nada, de Twitter. Pero había leído algunas cosas que había escrito y me habían gustado. Hablando de literatura, que es de lo que siempre hemos estado hablando, surgió así espontáneamente la idea, a lo tonto, de escribir una novela juntos. Hace como nueve meses empezamos. Hace poco me molesté en reconstruir los primeros tuits y en Google +, cómo nos metimos en esto y cómo nos lo imaginábamos entonces y en qué está deviniendo. No nos podíamos ni imaginar que íbamos a llegar adonde estamos. Tenemos la novela casi escrita. Pero antes de ofrecérsela al editor tiene que gustarnos a nosotros.

¿Hizo Snowden un servicio a la humanidad al contar las maniobras de la Agencia Nacional de Seguridad o no es más que un traidor a su patria?

Es un caso dual. Por una parte yo creo en la lealtad a la institución para la que trabajas, y por tanto hacer algo así me parece que es romperla. Yo creo que todo no puede ser transparente en la política y menos en las relaciones internacionales, porque necesariamente la diplomacia se tiene que mover por unos terrenos que son peligrosos, y no puede estar expuesta a la opinión pública a diario hasta que la cuestión no se haya resuelto, tanto para bien como para mal. Puede ser que una cosa vaya a terminar bien y por una indiscreción se eche a perder. Desde ese punto de vista me parece mal. Desde el punto de vista de la infomación, de la prensa, de los medios me parece una maravilla etrusca, porque da muchísimo juego y el ciudadano ver confirmada su atracción por el morbo, y no cabe duda de que disfruta mucho, porque salen a relucir cosas que si no fuera así a lo mejor no saldrían. ¿Por qué casi todo lo que tiene que ver con las relaciones internacionales suele ser información clasificada? Porque se les puede ir al garete todo lo que están haciendo.

Pero usted que es tan amante de las nuevas tecnologías acaso esto nos muestra lo que nos temíamos, que están utilizando todo este repertorio de artilugios electrónicos supersofisticados para espiarnos bajo el pretexto de nuestra protección y la seguridad. Da lugar a todo tipo de abusos. ¿Quién controla a los vigilantes?

La tentación de querer saberlo todo te lleva a pinchar el teléfono de tu amigoEse es el Gran Hermano, el Leviatán. Cuando tienes los recursos para hacerlo, lo haces. Yo parto de la base de que todo lo que se pueda hacer se hará. Creo que es una máxima que no falla. Todo lo que puedes hacer lo acabas haciendo. Por lo menos probando. La tentación de querer llegar a saberlo todo te hace que te lleve a pinchar el teléfono de tu amigo, si puedes. Y ellos pueden.

De todos modos hay una paradoja añadida. Por una parte ahora los Estados tienen capacidades exponenciales para espiar todo lo que quieran, y más Estados Unidos, y por otra parte reprochan a China lo mismo que hacen ellos. Pero es que además hay una tendencia en muchos contemporáneos nuestros a exponerse absolutamente al escrutinio y la curiosidad de los demás, compartiendo todas las intimidades.

El Gran Hermano somos nosotrosEl Gran Hermano somos nosotros. Ese es el cambio de paradigma, entre otros, porque no cabe duda de que como dice el gran gurú de internet, creo que Zuckerberg, el de Facebook, que todo esto está muy bien, pero que dentro de veinte años ya ni se hablaría de la privacidad porque a nadie le importará. Es un cambio brutal, porque Europa (y sobre todo Francia, donde he vivido mucho tiempo) es un continente que ha tenido muy en cuenta la privacidad. Aquí menos, porque somos más cotillas, pero hemos sido respetuosos con la privacidad de la Casa Real, de nuestros mandatarios. Nadie se ha puesto a buscar si Adolfo Suárez tenía una amante, o si el Rey no sé cuanto. Se sabía, pero no se hacía carnaza de eso. Y ahora todo lo contrario. Yo creo que deben de estar buscándole las pulgas a todos. Ahora lo que me asombra es que haya tanta gente dispuesta a tener un cargo público de alta responsabilidad, porque es la cosa más incómoda y más antipática, porque además de todo el trabajo y de toda la responsabilidad tu vida privada se ve afectada, sea por un escrache, o en un acto te han hecho una foto y estás ahí con uno que después se demuestra que es un corrupto. La gente saca sus conclusiones, te pone la etiqueta y te quedas con ella.

Pero en España hay otro problema que es la falta de transparencia. Los gobiernos llevan años prometiendo que pondrán en marcha una ley de transparencia, de libre acceso, de la posibilidad de escrutinio social de los actos de los gobernantes, pero no acaba de cuajar.

Los controles sobre el gasto público son fundamentalesPara mí la transparencia con los dineros públicos, con cualquier dinero que no sea tuyo, es imprescindible. Desde el momento en que hubo una ministra que dijo que el dinero público en España no era de nadie supongo que eso contibuyó a que se levantara la veda. Yo creo que los controles sobre el gasto público son fundamentales, y ahí sí que tiene que haber una transparencia total. Porque si no sabes puedes correr el riesgo de no fiarte de ninguno. Y eso tampoco es justo, porque también hay mucha gente decente ejerciendo cargos públicos. No todos son corruptos ni sinvergüenzas. No cabe duda de que la transparencia te obliga a responder a tus valores éticos si es que los tienes o a portarte decentemente por si acaso. Pero más allá de la gestión pública lo que a mí me parece es que no se debe entrar a saco en las vidas de las gentes salvo que las gentes lo quieran. Pasa con los artistas. Están los que han sabido proteger su vida privada y los que viven de comerciar con ella, y estos no se pueden quejar. Pero los que no lo han hecho sí tienen derecho a quejarse. El hecho de tener un rol público no quiere decir que tenga que ir desnudito por la vida.

¿Qué le parece la consigna, con la que comulgan muchos artistas y activistas de internet de que la verdadera cultura debe ser gratis?

La cultura no puede ser gratis cuando las demás cosas no lo sonYo no creo en absoluto en ese principio. Yo creo que la cultura no puede ser gratis cuando todas las demás cosas no lo son. Pagamos por todo. Si cada vez pagamos por cosas más absurdas. Fíjese en las compañías aéreas «low cost», que te hacen pagar ya hasta por respirar, y eso nos parece a todos normal. ¿Y por qué la cultura tendría que ser gratis? Supone un esfuerzo intelectual y artístico de todos los creadores, y no tiene sentido que los estemos vapuleando. Otra cuestión es cuando el derecho de autor se ha talibanizado (yo no soy nada partidaria de las talibanizaciones de nada). La aparición del derecho de autor es el principio de la democratización del acceso a la cultura y también de la libertad de expresión del artista, del creador, porque antes ¿quién financiaba la cultura? Los mecenas, que podían ser reyes, príncipes, obispos, condes, duques, no sé qué, y así lo vemos en los libros antiguos, empezando por el Quijote. Siempre hay una loa al patrocinador. Entonces no había lo de los logos. Eran ellos ls que daban para que comieran, porque los creadores también comen, que es una cosa que a alguna gente le cuesta entender, como si vivieran de la ilusión, de las musas. Igual que respetamos el trabajo muy humilde de un barrendero, y nos arrancamos los pelos si echan al barrendero de una empresa municipal, también deberíamos tirarnos de los pelos si vemos que a un creador no le paga nadie por su trabajo. Gratis no hay nada en la vida. De todos modos yo creo que todo el problema empezó cuando el e-mail fue gratuito. Pero ¿por qué darlo gratuito si uno pagaba por el sello? Podían haber puesto una tarifa estandar por cada envío, porque te ahorrabas ir al estanco, comprar el sello, ir a correos, y confiar en que llegara, y en que no se perdiera, y el tiempo que tardaba, y ahora te dan la oportunidad prácticamente instantánea de comunicarte, a una velocidad supersónica. ¿Cómo puede ser que algo así sea gratuito? Una maravilla, pero por otra parte te acostumbras.

¿Y por qué cree que encabeza España las listas de pirateo digital: está en nuestros genes anarquistas, en nuestra codicia cultural?

No, desde luego no es por nuestra codicia cultural. Está en nuestro gen pirata. Es que aquí nos encanta transgredir, lo cual no deja de ser un encanto de los españoles. Yo creo que estas cosas tienen un límite y no se puede entrar a saco y creerse que es un derecho.

Y además la gente lo cuenta, sin avergonzarse de ello.

No, es que lo creen sinceramente. Y eso ya me parece a mí como el colmo. Entonces el pobre señor o señora que es el que pinta, el que escribe, el que hace cine o hace teatro o compone una canción ¿qué es? ¿No tiene ningún derecho en la vida? ¿O sea que lo hacen por amor al arte? Pues no. Desde luego lo hacen por vocación, pero es que lleva mucho tiempo, con una churrigüela del tres al cuarto, como yo digo, que no estoy hablando de haber hecho una opera magna así, no. Soy una señora del montón, en esto de la literatura. Pero le puedo asegurar que le dedicas tantas horas, es tanto el tiempo que le tienes que dedicar, más el que no parece que le estás dedicando, pero tu cabeza está raca-raca, raca-raca, esperando a que se ponga verde el semáforo, hasta que de repente se te ocurra una solución para salir del embrollo en que te has metido. Y luego toca hacerlo. Y corregirlo, y revisarlo, y montarlo. Ese es un trabajo como otro cualquiera. Si por cualquier otra cosa que disfrutas tienes que pagar no veo por qué no hay que pagar a estos pobres señores.

¿Qué le da miedo del futuro?

Las nuevas tecnologías no crean tanto trabajo como destruyenDel futuro me da miedo que una cosa que me gusta mucho, que son las tecnologías –no soy para nada una tecnófoba–, me doy cuenta de que van a presidir de alguna manera, van a guiar la nueva economía estabilizada. Saldremos de la crisis, lo creí siempre, pero también creo que las tecnologías (y eso es algo que no le gusta escuchar a nadie) destruyen sistemáticamente puestos de trabajo. Al final sobramos. Mis amigos tecnólogos se enfadan, porque dicen que soy una gafe. No crea tantos puestos de trabajo como los que destruye, y no para la misma gente. Se crean puestos de trabajo para alguna gente superformada en estas áreas, no en otras.

¿Quién es Milagros del Corral?

Una experta en atar cabosUna ciudadana del mundo, curiosa, inquieta, activa y siempre nómada. Una risueña, criada en la cultura del libro y experta en atar cabos.