El biólogo español Francisco Ayala
El biólogo español Francisco Ayala - Wikipedia

La universidad ya pidió a Francisco Ayala en 2015 que dejara sus comentarios sexuales

«Parece que vas a tener un orgasmo» o «me encantaría tocarte el culo» son algunos de los comentarios del prestigioso biólogo español denunciados por sus colegas femeninas, según el informe completo del caso

MadridActualizado:

La revista «Science» ha desvelado el contenido del informe de investigación que desencadenó la expulsión del prestigioso biólogo español Francisco Ayala, de 84 años, de la Universidad de California Irvine (UCI) por acoso sexual. La institución ya pidió al profesor en 2015 que interrumpiera algunos de sus comportamientos, que consistían mayoritariamente en comentarios poco apropiados y cumplidos reiterados no solicitados sobre la apariencia física de sus colegas femeninas. Por ejemplo, según el informe, le dijo a una profesora que había estado tan animada en una charla que pensó que «tendría un orgasmo» o que le gustaría «tocarle el culo». Además, invitó a otra a sentarse en su regazo durante una reunión multitudinaria, diciéndole que disfrutaría más de la charla de esa manera.

Los investigadores de la Oficina de Igualdad de Oportunidades y Diversidad del campus, que interrogaron a más de 60 testigos, dijeron que las mujeres se sentían profesionalmente socavadas por su conducta y concluyeron que Ayala violó las políticas de hostigamiento sexual y discriminación sexual de la universidad en los casos de tres de las cuatro mujeres -una vicedecana, dos profesoras y una estudiante- que presentaron denuncias contra él. En respuesta, la UCI apartó al científico el 1 de julio y planea quitar su nombre de su biblioteca de ciencias y del edificio de biología.

El informe, de 97 páginas, se basa en la denuncia de Kathleen Treseder, profesora y presidenta del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva; la profesora asistente Jessica Pratt; la vicedecana Benedicte Shipley y la estudiante Michelle Herrera, aunque en este último caso la universidad cree que no puede probarse que se produjera acoso sexual.

En 2015, Pratt denunció que Ayala le había pedido que se sentara en su regazo durante una concurrida reunión de profesores, petición por la que el genetista evolutivo le pidió disculpas y con la que, según explicó a los investigadores, solo pretendía ser divertido, como cuando se habla con una sobrina o una nieta. Sin embargo, Pratt dijo que el continuo énfasis de Ayala en su apariencia comenzó a hacer que se cuestionara si respetaba su trabajo. «Incluso comenzó a cuestionar su propio mérito como científica», dice el informe.

Besos y piropos

Aunque la univerdad advirtió a Ayala de que debería cuidar su lenguaje con las mujeres, su comportamiento continuó. El informe deja en claro que el hábito del científico español de besar a las mujeres en ambas mejillas al saludar y sus cumplidos regulares sobre su apariencia no eran bienvenidos para algunas alumnas y personal que, debido a su poder, se sentían incapaces de quejarse. Para algunas resultaba un apuro cruzarse con Ayala en el ascensor o el vestíbulo debido a los comentarios.

Shipley también señaló sentirse molesta por las atenciones del biólogo que, según ella, aguantaba porque era un donante importante de la universidad. Incluso señaló que se sintió aliviada cuando la atención de Ayala se centró en Treseder, a quien dijo que Ayala estaba «pegado» en un evento social del departamento no mucho después. Angustiada, Treseder le pidió a un colega masculino que asistiera a los eventos con ella.

A esta profesora, Ayala le expresó había hablado de forma «tan entusiasta» sobre su investigación en una charla que pensó que «iba a tener un orgasmo delante de todo el mundo». Cuando en una ocasión Treseder contó que un hombre le había tocado el culo mientras montaba en bicicleta, como un ejemplo de violencia sexual, Ayala le dijo que no podía culparle, porque a él también le habría encantado hacerlo.

Por su parte, la estudiante graduada Michelle Herrera alegó que Ayala le puso las manos sobre los hombros desnudos -un comportamiento que Ayala admitió- y apoyó su frente contra su espalda mientras estaba sentada en una mesa de picnic. Los investigadores de la UCI concluyeron que el incidente probablemente ocurrió, pero que no se puedo decir de manera concluyente que fuera provocado de manera sexual.

En las respuestas incluidas en el informe, Ayala niega enérgicamente la mayoría de las acusaciones. Dijo a los investigadores que las quejas de Treseder eran «mentira». «Veía mis cumplidos como cortesías. Y convirtieron esas cortesías en hostigamiento sexual», ha señalado Francisco Ayala en una entrevista a la revista «Science». «Nunca he acosado sexualmente de forma intencionada a nadie», escribió en un correo electrónico al rector de la UCI, Howard Gillman, días después del lanzamiento de la investigación. «En la medida en que mis acciones hayan causado daño a otros... me disculpo desde lo más profundo de mi corazón y de mi mente».