Aurora boreal en Ersfjordbotn, en el norte de Noruega - efe

El misterio de las auroras boreales de San Valentín

Una perturbación recorrió el campo magnético de la Tierra el 14 de febrero, provocando espectaculares imágenes en los cielos del norte de Europa

abc.es
madrid Actualizado:

Una perturbación recorrió el campo magnético de la Tierra en la noche del 14 de febrero, provocando espectaculares juegos de luces en el Círculo Polar Ártico, sin que los meteorólogos hayan encontrado una explicación. La actividad geomagnética, en la que algunos vieron la flecha de Cupido, se intensificó aún más durante la pasada noche.

«En varias ocasiones el cielo estaba lleno de auroras de horizonte a horizonte», dice a Spaceweather.com el fotógrafo y guía turístico Chad Blakley del Parque Nacional de Abisko, en Suecia. «Hemos tenido muchas parejas felices celebrando con nosotros esta noche. La mayoría de nuestros invitados coincidieron en que era el mejor día de San Valentín que habían compartido juntos».

El fenómeno se produce a menos de un mes de que fantasmales cortinas verdes recorrieran los cielos del hemisferio norte tras la tormenta solar que golpeó la Tierra el pasado 24 de enero.

El canal de divulgación científica por Internet Fecyt TV ya predijo en agosto que las auroras boreales volverían a mostrar su gran belleza a principios de 2012. En el año 2000 se detectaron intensas auroras, coincidiendo con un periodo de máxima actividad solar, un ciclo ede unos 11 años.

El espectáculo de las auroras se produce cuando partículas muy energéticas originadas en el Sol, el viento solar, alcanzan la atmósfera terrestre. La entrada de estas partículas está gobernada por el campo magnético terrestre y, por esta razón, sólo pueden penetrar por el Polo Norte, formando auroras boreales, y por el Sur, dando lugar a auroras australes.

Inmensas cortinas luminosas, rápidamente cambiantes y de varias tonalidades surcan entonces el cielo. La emisión de luz se produce en baja atmósfera, entre 100 y 400 kilómetros, y se debe a los choques del viento solar, esencialmente electrones, con átomos de oxígeno, originando los tonos verdosos o moléculas de nitrógeno, reflejando tonos rojizos.