La astronauta Samantha Cristoforetti durante su estancia en la Estación Espacial Internacional (ISS)
La astronauta Samantha Cristoforetti durante su estancia en la Estación Espacial Internacional (ISS) - NASA

El engorro de la menstruación en el espacio

Una investigación propone a las astronautas opciones para detener la regla en sus misiones fuera de la Tierra. Hace años se creía, erróneamente, que la gravedad cero podía acumular el sangrado y provocar una peritonitis

JUDITH DE JORGE
MADRIDActualizado:

Un total de 59 mujeres -la última, Samantha Cristoforetti, de la Agencia Espacial Europea (ESA)- han volado al espacio desde que la primera, la rusa Valentina Tereshkova, abriera el camino en 1963. Las astronautas se enfrentan a los mismos retos que sus compañeros varones, pero existe una diferencia fisiológica incuestionable: la regla.

Hace 30 años, las féminas que viajaban en los transbordadores de la NASA eran advertidas de que la gravedad cero podía producir un raro efecto en la menstruación, haciendo que la sangre se acumulara en el abdomen y provocara una horrible peritonitis. No es más que un mito sin fundamento. Los expertos en vuelos espaciales pronto se dieron cuenta de que, como en los viejos anuncios de tampones, «no pasaba nada», y que esos días del mes «eran iguales allí arriba que en la Tierra», como recuerda la astronauta Rhea Seddon en una transcripción de una entrevista que puede leerse en los archivos del Centro Espacial Johnson de la agencia espacial estadounidense.

Pese a todo, como les ocurre a las militares o al personal de aviación, estar en ese punto del ciclo en plena misión puede resultar una molestia inoportuna, especialmente para quienes tienen flujos muy fuertes o dolorosos. Además, quizás los productos de higiene femenina no ocupen demasiado en el baño de casa, pero en una nave espacial, donde todo está medido y pesado al milímetro, estos asuntos prácticos suponen un reto, especialmente si se va camino de Marte. Por no hablar de la maña que habrá que darse para hacer ciertas cosas sin gravedad...

Una nueva investigación publicada en la revista Microgravity explora las opciones que tienen las astronautas para prevenir el sangrado menstrual durante sus misiones espaciales. Los autores, del King College de Londres y el Baylor College of Medicine, creen que optar por su supresión puede ser una buena idea. En ese caso, los métodos anticonceptivos como implantes o dispositivos intrauterinos parecen lo más conveniente, tanto para sus portadoras como por motivos prácticos de carga, especialmente en las misiones de larga duración.

«Para cualquier mujer, la elección de un anticonceptivo requiere una cuidadosa consideración de los beneficios y riesgos con respecto a su estilo de vida y necesidades. El entorno de los vuelos espaciales añade cierta complejidad adicional a la ecuación general, y queremos que las tripulantes femeninas puedan tomar decisiones bien informadas», dice Virginia Wotring, profesora en el Centro de Medicina Espacial de Baylor.

Más de 1.000 píldoras

Las astronautas pueden optar por tomar continuamente la píldora anticonceptiva para evitar el flujo, pero una misión de exploración a largo plazo, por ejemplo de tres años, requeriría aproximadamente de 1.100 píldoras, cuyos envases también ocuparían un lugar en el vuelo. Por eso los investigadores recomiendan los anticonceptivos reversibles de acción prolongada como los DIU o los implantes subdérmicos, que también son métodos seguros y fiables, aunque hasta el momento no han sido utilizados ampliamente por las astronautas. Esta elección, dicen, eliminaría los problemas de espacio, embalaje y residuos. Además, el dispositivo podría insertarse antes de la misión y no necesitaría volverse a poner durante el vuelo. Tampoco interfiere con la capacidad de la astronauta para hacer su trabajo.

Los autores también indican que no existen informes en la literatura científica que sugieran que la alta gravedad que se experimenta durante el lanzamiento de una nave espacial pueda dañar un implante subdérmico o cambiar la posición de un DIU. Sin embargo, no tienen tan claro si el implante podría engancharse a la vestimenta espacial, como un traje de actividad extravehicular como los que se utilizan para las caminatas fuera de la Estación Espacial Internacional (ISS).

Los investigadores también se preguntan sobre el efecto de los tratamientos hormonales sobre la densidad ósea, ya que en los vuelos espaciales los astronautas pierden hueso a un ritmo mucho mayor que en la Tierra. Estos métodos podrían ayudar a proteger a la mujer contra la pérdida de masa ósea, pero a día de hoy solo es una hipótesis.

Como dice Varsha Jain, investigadora en el Kings College, «con más mujeres viajando al espacio, tenemos que asegurarnos de que tengan información actualizada sobre la anticoncepción segura y los medios de supresión menstrual. En última instancia es decisión de la mujer esa supresión, pero las opciones deben estar disponibles por si decide hacerlo»

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