Los investigadores han concluido que la percepción fluye de forma discontinua
Los investigadores han concluido que la percepción fluye de forma discontinua - ADOBE PHOTOSTOCK

Descubren que la percepción del mundo no es continua

Nuestro cerebro fusiona nuestras percepciones en una película coherente, pero la atención oscila cuatro veces cada segundo entre lo que tenemos delante y todo lo que está alrededor

MADRID Actualizado: Guardar
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Escribía Quevedo: «Ayer se fue; mañana no ha llegado; hoy se está yendo sin parar un punto: soy un fue, y un será, y un es cansado». Pocos cómo el condensaron en tan pocas palabras la vertiginosa sensación de que el paso del tiempo es imparable. Un flujo constante e incontrolable de pensamientos y sensaciones. Pero a veces la ciencia puede enmendar la poesía.

Científicos de las Universidades de Princeton y California en Berkeley, ambas en Estados Unidos, han averiguado que el foco de la atención en realidad no construye una «película» continua y fluida de la realidad, sino una especie de sucesión de imágenes estroboscópicas. Estudios llevados a cabo con humanos y primates han revelado que la atención oscila cuatro veces en cada segundo entre un punto concreto y el entorno. Estos hallazgos han sido revelados en dos artículos que se acaban de publicar en la revista Neuron: uno está centrado en humanos y otro en macacos.

«Nuestra experiencia subjetiva del mundo visual es una ilusión», ha dicho en un comunicado Sabine Kastner, investigadora en Princeton y líder de ambas investigaciones. «La percepción fluye de forma discontinua, transcurre de forma rítmica en ventanas muy cortas de tiempo que podemos percibir más o menos».

Como si fueran latidos, en los que la intensidad de las luces de una ciudad aumenta y disminuye, la atención va oscilando. Según estos científicos, pasa de lo que tenemos delante y ocupa nuestros pensamientos, a todo lo que está alrededor.

¿Quiere decir esto que los versos de Quevedo no son científicamente precisos? «La pregunta es: ¿cómo puede algo que varía en el tiempo ser compatible con nuestra percepción aparentemente continua del mundo?», ha dicho Randolph Helfrich, primer autor del estudio centrado en humanos.

La atención va oscilando. Cada 250 milisegundos pasa de un punto al entorno
La atención va oscilando. Cada 250 milisegundos pasa de un punto al entorno - Tigre en una tormenta tropical/Henri Rousseau

Solo hay dos opciones, tal como ha explicado. «O los datos son equivocados, o nuestra comprensión de la percepción no es correcta», ha explicado. «Nuestros datos dicen que es la segunda opción. Nuestro cerebro fusiona nuestras percepciones en una película coherente. Sencillamente, no experimentamos los huecos».

El mundo es una ilusión

Quizás usted no lo sepa, pero lo que está viendo ahora mismo es «mentira». La retina, el órgano situado al fondo de sus globos oculares y que es sensible a la luz y a las imágenes que atraviesan las pupilas, está perforada en dos puntos en cada ojo, allá donde el nervio óptico se interna en el cerebro. Pues bien, por muy difícil que resulte de creer, en la imagen del campo visual construida por nuestros cerebros hay dos puntos negros y ciegos. Sencillamente, no los percibimos. Algo así pasa, según estos investigadores, con el flujo de la atención. Los huecos que no percibimos sencillamente no existen para nosotros.

Esto no significa exactamente que nuestra percepción se apague y se encienda, como si fuera el intermitente de un automóvil. Más bien ocurre que oscila en ciclos de actividad máxima y mínima, en los que nuestra consciencia del entorno fluctúa.

«Cada 250 milisegundos, tienes la oportunidad de cambiar tu atención», ha dicho Ian Fiebelkor, primer autor del estudio realizado en macacos. Esto no implica que necesariamente ocurra, y que nos centremos en algun nuevo, más bien ocurre que entonces el cerebro tiene la oportunidad de replantearse sus prioridades y decidir si quiere hacerlo.

El peligro de quedarse ensimismado

Las preguntas inmediatas son: ¿por qué ocurre esto? ¿Tiene alguna ventaja? Los investigadores han sugerido que, en efecto, podría tener algún tipo de ventaja evolutiva, probablemente porque impida que nos concentremos en algo demasiado y una amenaza nos pueda coger por sorpresa.

«La atención es fluida, y ciertamente necesitas que así sea», ha dicho Fiebelkorn. «No quieres quedarte "pillado" con algo. Parece que es una ventaja evolutiva tener estas ventanas de oportunidad donde compruebas tu medio ambiente».

En una oficina, donde normalmente lo máximo que puede ocurrir es que la impresora se quede sin tinta, no parece que sea peligroso quedarse ensimismado con algo. Pero para nuestros antepasados primates, habitantes de un mundo peligroso y cambiante, ser capaces de responder a las amenazas era cuestión de vida o muerte.

«Es una forma muy elegante de distribuir los recursos del cerebro para rastrear el medio y no tener pausas», ha dicho Robert Knight, primer autor del estudio centrado en humanos.

El ritmo de la percepción

En origen, los dos grupos de investigadores, dirigidos por Sabine Kastner y por Robert Knight, tenían cometidos muy diferentes. Pero gracias a que aunaron fuerzas, pudieron comprobar si lo observado en macacos se reproducía en humanos. Esto, según Knight, es una validación «entre especies» realmente excepcional.

Curiosamente, en un origen no pretendían estudiar este fenómeno. Según Kastner, al principio «queríamos averiguar cómo podemos seleccionar objetos en campos visuales abarrotados. Así que estábamos observando el flujo de información visual a lo largo del tiempo, algo que muy raramente se ha observado en estudios de comportamiento. Y así descubrimos la estructura rítmica de la percepción. Fue una absoluta sorpresa».

Los ritmos cerebralos se conocen desde hace casi un siglo, cuando se inventaron los electroencefalogramas. Ahora, sin embargo, según Sabine Kastner, «podemos vincular los ritmos con el comportamiento, momento a momento... Es un descubrimiento muy sorprendente, sobre todo porque estos procesos rítmicos son evolutivamente muy antiguos. Están en nuestra especie y en otros primates».