Tomar el sol, igual de adictivo que la heroína
El sol es igual de adictivo que la droga - Juan Carlos Soler

Tomar el sol, igual de adictivo que la heroína

Un estudio de Harvard revela que la exposición crónica a la radiación ultravioleta provoca en ratones la liberación de endorfinas

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Nadie puede negar que un día soleado inspira más energía y motivación que esas desapacibles jornadas grises, de lluvia incesante. Probablemente, muchos no hayan reparado en buscar la explicación a este fenómeno. Un estudio de la Escuela Médica de Harvard (EE.UU.) revela que la exposición crónica a la radiación ultravioleta (UV) provoca en ratones la liberación de endorfinas β (conocidas como hormonas del bienestar). El hallazgo demuestra que la adicción al sol comparte la misma vía hormonal que la del consumo de heroína. Dicho mecanismo es responsable de paliar el dolor mediante la activación de los receptores opioides.

Un equipo de investigadores estudió cómo reaccionaban los roedores a la exposición del sol. Para ello, primero afeitaron a los animales para garantizar una total penetración de los rayos en su piel. Los escindieron en dos grupos; los que se exponían a la luz UV y los que no. Una semana después el nivel de endorfinas en el torrente sanguíneo había aumentado sólo en aquellos que «tomaron el sol».

«Aunque estos experimentos deben ser validados en humanos, creemos que es posible que mecanismos similares operen en personas», indica David Fisher, autor principal del trabajo. «Es sorprendente que estemos genéticamente programados para ser adictos a algo tan peligroso como la radiación UV, probablemente el carcinógeno más accesible del mundo. Sospechamos que una posible explicación radica en el papel clave de estos rayos en la síntesis de vitamina D de la piel», subraya.

Seis semanas más tardes, los científicos de Harvard dispensaron a los ratones que habían permanecido al sol un fármaco bloqueador de dichos receptores opiáceos, es decir, contra la acción de la endorfina que les provocó síntomas de abstinencia: temblores y castañeteo de dientes. Como resultado, este grupo evitaba los lugares donde fueron tratados con este compuesto.

Los resultados han sido recibidos con cierto escepticismo por la comunidad científica británica que insiste en que la conclusión arrojada por el estudio debe tomarse con cautela a la hora de extrapolarla a los humanos. «Los ratones son animales nocturnos, cubiertos de piel, que evitan la luz, por lo que hay que ser cautos con estos experimentos si se asocian con seres humanos», declaró el doctor Richard Weller, profesor de dermatología de la Universidad de Edimburgo.

La doctora en Psicofarmacología del University College London, Clare Stanford, advierte que el experimento no arroja resultados concluyentes, además compromete el bienestar de los animales, al afeitar a los ratones y exponerlos a las radiaciones ultravioletas. «Este estudio no proporciona el tipo de pruebas necesarias para demostrar la adicción a la luz UV en ratones e incluso es menos cierto que el trabajo predice la adicción en los seres humanos. Además lleva asociado ciertas cuestión éticas sobre los derechos de los animales».

A pesar de las dudas que ha generado la investigación en Reino Unido, Fisher afirma que la conclusión podría ayudar a divulgar las consecuencias que conlleva la sobreexposición al sol en una sociedad que vive obsesionada con lucir una piel más oscura durante el verano.

Aunque cada vez hay más conocimiento de los riesgos de tomar el sol sin protección y en las horas centrales del día (de las 12.00 a las 17.00 horas), la tanorexia (obsesión por estar bronceado) está cada día más extendida.

Según advierte el científico Fisher, «estos resultados podrían servir para concienciar a la gente frente a los riesgos de la exposición solar, el cáncer y el envejecimiento acelerado de la piel». Y concluye: «La decisión de protegernos de los UV debe ser un esfuerzo consciente en lugar de una preferencia pasiva».