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Libros / JOSÉ MANUEL caballero bonald

«Volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial es medida ciertamente saludable»

El poeta y novelista José Manuel Caballero Bonald clausuró en la Casa de América «El canon del boom», que ha reunido durante seis días en ocho ciudades españolas a más de cuarenta escritores y críticos de ambas orillas del Atlántico

Día 12/11/2012 - 10.11h

José Manuel Caballero Bonald(Jerez, 1926) novelista, poeta, memorialista, premio de la Crítica (tres veces), Ateneo de Sevilla, Andalucía y Nacional de las Letras, Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Nacional de Poesía, Internacional García Lorca, ABC Cultural & Ámbito Cultural... Sobrevivió a dos naufragios: el primero, años sesenta, en el río Magdalena, en viaje fluvial hacia Barranquilla desde Puerto Berrío; el segundo, dos décadas después, en la desembocadura del río Guadalquivir, a bordo de su velero. Un código secreto marino estipula que quien sobrevive a tres naufragios tiene ganada la inmortalidad...

Y a fe que la han alcanzado tanto Caballero Bonald como el «boom» literario, que desde la otra orilla del idioma, hace cuatro décadas, trajo a España un nuevo aire novelesco, a cuyo «canon» se ha dedicado un Congreso Internacional en toda España -organizado por la Cátedra Vargas Llosa y Acción Cultural Española (AC/E) con motivo de los 50 años de la publicación de «La ciudad y los perros», la primera novela de Mario Vargas Llosa y una de las obras fundamentales del «boom»-, clausurado con una brillantísima exposición por el escritor jerezano, en la Casa de América.

Como relata en el libro con el que ha despide de la literatura, «Entreguerras», José Manuel Caballero Bonald llegó a Madrid «desde el voluble sur al virulento gris de un territorio donde habitaban larvas inconexas consorcios de fanáticos camarillas castrenses cohortes eclesiásticas». Eran tiempos muy oscuros, muy hostiles… «Yo llegué a Madrid en 1952 y aún estaban muy presentes los lastres de la guerra: el hambre, el miedo, el frío, las zozobras… No me resultó nada fácil aclimatarme a aquella ciudad tan poco hospitalaria para alguien que como yo llegaba de su más o menos apacible rincón provinciano… Fue un aprendizaje muy difícil, muy traumático».

A la mediocridad del ambiente Caballero Bonald intentaba oponer una voluntad compulsiva de ser feliz; él era partidario de la felicidad. Y con él sus amigas y amigos «María Rosa y Ángel y Carmina y Beatriz y Lola y Juan atravesando la densísima estopa de la noche por sus parajes más irresolutos pernoctando en moteles posadas casas de citas monasterios oyendo la batahola de los cuerpos las lujurias de los convecinos y al fin volviendo al punto de partida con la ingrata zozobra».

Patrias seductoras

Partió Caballero Bonald hacia Colombia, una de sus más seductoras patrias, y allí encontró «la amistad como un mito los dispendios etílicos la docencia el deseo el anticristo la libertad el aguardiente el mundo». Profesó tres años en la Universidad Nacional de Bogotá, allí tuvo su primer hijo, escribió su primera novela, navegó por su gran río, se perdió por la selva, tuvo amigos fraternos, y conoció a los grandes, a los abuelos y padres del llamado «boom» literario: «Vallejo Onetti Rulfo Carpentier Lezama Borges Paz Neruda junto a los Zalamea León de Greiff Aurelio Arturo Gómez Valderrama Gaitán Valencia García Márquez Cote Charry Cepeda...»

«Como todo el mundo, yo también tengo mi listado de maestros. A efectos literarios dentro de la órbita de la lengua española, y al lado de Valle-Inclán, de Juan Ramón Jiménez, de Cernuda, de Lorca, algunas de mis máximas referencias literarias han sido hispanoamericanas: César Vallejo, Carpentier, Onetti, Borges, Neruda, Rulfo, Lezama Lima, García Márquez…», confesaba a ABC José Manuel Caballero Bonald.

En la clausura del «canon del boom», el novelista y poeta habló «Del mestizaje y la lengua literaria», que proyectó como «un tanteo de superficie (aunque el título de la ponencia, quizá excesivo y enfático, sea más apropiado para un ensayo filológico) que ponga de manifiesto lo que el mestizaje aportó a la cultura literaria en español en una búsqueda de esos brotes latinoamericanos que reverberaron en España y enriquecieron y revitalizaron nuestro idioma anquilosado».

El poeta jerezano y Premio Nacional de las Letras comenzó su conferencia con un «somero recuerdo» de las oleadas consecutivas de narradores hispanoamericanos que precedieron al «boom»: un «primer linaje de escritores» entre los que se encuentran Rómulo Gallegos, Horacio Quiroga, Miguel Ángel Asturias o Macedonio Fernández, seguido «por un segundo grupo que secundan esta avanzada» con creadores como Juan Rulfo, Manuel Mújica Lainez, Lezama Lima, Alejo Carpentier o Juan Carlos Onetti. «Aprovecho este punto para cuestionarme qué habría pasado si estos novelistas hubieran establecido entre ellos una estrecha relación de amistad y compartido el mismo vínculo editorial. ¿No se habría, producido entonces, un "preboom" si me perdonan lo feo de la palabra?», se preguntó el autor de «Entreguerras».

Novelistas que «compartían una misma patria común en ese territorio de La Mancha en el que nace nuestra novela, como decía Carlos Fuentes», recordó Caballero Bonald: «La patria común de nuestra lengua que se ha ido enriqueciendo desde el descubrimiento de América cuando los conquistadores y los cronistas de Indias nombraron plantas, animales y utensilios desconocidos recurriendo a palabras del idioma local y fomentando la creación de un mestizaje lingüístico tan natural como el de la sangre, que evocaba nuestros propios mestizajes históricos con el latín, el hebreo, el árabe…»

«La paulatina consolidación de la literatura consiste en tomar conciencia de nuestra espléndida diversidad –asegura Bonald-. De la Patagonia a Río Bravo es posible entenderse en una misma lengua lo que supone la evidencia emocionante de que las mezclas culturales propician una siembra lingüística que ha sido el mejor logro de la presencia española en Hispanoamérica».

El tiempo continúa avanzando. Se produce la revolución en Cuba y, «aunque luego las cosas cambian, La Habana se convierte en un foco de atención que catapulta hechos culturales hasta entonces diseminados y se produce una creciente atracción universal de poderoso rango expresivo que responde a una nueva fundación del lenguaje basada en los mestizajes y el desacato a lo establecido».

Y aparece Carlos Barral y se publican entre 1962 y 1965 los libros de los autores del boom: «García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, para algunos también Jorge Edwards y José Donoso», añadió. «Las afinidades poéticas de sus autores eran tan relativas como copiosa su unánime conciencia de renovación en libertad de un lenguaje literario malgastado. Y algo ciertamente ejemplar: esa media docena de narradores convierten en universal el español que usan los mexicanos, los limeños, los bonaerenses… transmutan en lengua literaria el habla local a la vez que habilitan nuevas técnicas novelísticas y nuevas propuestas innovadoras».

Y «por ahí andamos»

Y después del boom, los hijos y los nietos, con Vallejo, Bolaño, Villoro, Volpi, Padura… «que no cejan en la búsqueda de empresas literarias más complejas y libres que abundan en el mestizaje lingüístico y continúan enriqueciendo la literatura. Porque, en último caso, se trata de "volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial" como decía Matta. Una medida ciertamente saludable –concluía Caballero Bonald-. Y por ahí andamos a ver qué pasa».

La cátedra novelística

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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