Martes, 26-05-09
EN vísperas de la Expo 92, Felipe González tuvo una idea buena y otra mala. La buena fue empezar el proyecto del AVE por Andalucía, acierto que nunca se le ponderará bastante: pese a las dudas iniciales y al brutal sobrecoste del proyecto -debido en parte a la red de comisionistas que puso el cazo- no ha habido un salto histórico mayor en el desarrollo y equilibrio del sur de España. La mala, o más bien desacertada, fue producto de los consejos de ciertos gurús que pronosticaron un futuro de innovación tecnológica, I+D y batas blancas basado en la reutilización de las inversiones para crear un Silicon Valley en donde estaba claro que no existían condiciones para intentarlo. Los pitonisos hicieron mal sus cálculos y el recinto de la Cartuja, con medio billón de pesetas de entonces invertidas, se convirtió en un criadero de jaramagos hasta que el poder decidió recalificarlo por las bravas para que en vez de laboratorios de investigación floreciesen edificios de oficinas al calor de la burbuja inmobiliaria.
Ahora Zapatero promete, recogiendo el ejemplo felipista, comenzar por Andalucía su modernización productiva, el ya célebre cambio del modelo hacia una economía «sostenible». Dado el estado subsidial de la sociedad andaluza, la más subvencionada de Europa, esta declaración permite atisbar algo de su vigorosa propuesta recién improvisada: se trata de dar ayudas a tutiplén para instalar por doquier molinos de viento y paneles solares. Dejando de lado la pequeña contradicción de que cuando el aire está quieto -lo que en el sur ocurre a menudo- y el cielo nublado la red eléctrica tira en el acto de la muy nuclear y cara energía francesa, el presidente parece proponer un cambio del sistema de recalificaciones que prime el valor de los suelos según su potencial receptor de instalaciones renovables en vez de su aprovechamiento inmobiliario. Pero ese mercado es artificial: o lo sostiene el Estado o volveremos al fiasco post-Expo, resumido en su momento por una célebre pintada mural que puso a Chaves de los nervios: Expo 92=Paro 93.
El retrato social de la economía andaluza por donde ZP quiere empezar su recién parida reconversión no es precisamente un modelo de dinamismo: la mitad de la población activa es funcionaria -en sentido lato, es decir, trabaja para el sector público- o está en el paro, e incluso la gran mayoría de los emprendedores depende de alguna subvención o ayuda, como el resto de la llamada sociedad civil. La tasa de dependencia clientelar es la más alta de España, y la de productividad por habitante, la más baja. La receta modernizadora del Gobierno apunta a convertir a los parados en rentistas por el procedimiento de instalar generadores subvencionados hasta en las macetas. Un método sostenible y renovable: sostiene al socialismo en el poder desde hace cinco lustros y lo puede renovar por otros tantos.

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