La falta de sueño aumenta el riesgo de depresión
La falta de sueño aumenta el riesgo de depresión - ARCHIVO
DEPRESIÓN

Identificado el mecanismo que relaciona la falta de sueño con la depresión

Las alteraciones del ritmo circadiano conllevan a su vez modificaciones en un gen implicado en el desarrollo de depresión

MADRIDActualizado:

Los días que hemos dormido poco nos sentimos cansados y malhumorados. Una situación que, de mantenerse a lo largo de semanas o meses, puede tener serias consecuencias para nuestra salud. Y es que la alteración de nuestro reloj biológico interno –el consabido ‘ritmo circadiano’, que nos dicta cuando debemos alimentarnos y cuando debemos dormir– aumenta el riesgo de numerosas enfermedades. Es el caso, entre otras, de los trastornos del estado de ánimo, como la depresión. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores del Instituto Médico Howard Hughes en Chevy Chase (EE.UU.), las alteraciones del ritmo circadiano conllevan a su vez modificaciones en un gen implicado en el desarrollo de depresión.

Como explica Louis Ptáček, director de esta investigación publicada en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», «el no dormir las horas suficientes conlleva múltiples consecuencias para nuestra salud, incluida la salud mental».

Así, los investigadores citan el ejemplo de los trabajadores con cambios de turnos, mucho más susceptibles a desarrollar distintas enfermedades, caso de los trastornos del estado de ánimo –y entre los mismos, la depresión–. Sin embargo, ningún estudio había identificado hasta el momento cómo las alteraciones en nuestro ritmo circadiano promueven la aparición de los trastornos del estado de ánimo.

Husos horarios mal sincronizados

Para llevar a cabo el estudio, los autores evaluaron a tres miembros de una misma familia con trastorno de sueño anticipado familiar (TSAF). Y, exactamente, ¿qué peculiaridad tiene este trastorno? Pues, simplemente, que los afectados tienen el sueño ‘anticipado’, por lo que en lugar de dormirse por la noche ya lo hacen por la tarde. En consecuencia, también se levantan más temprano –a las cinco de la mañana, cuando no a las dos–. Sin embargo, y dado que la cantidad de horas de sueño es normal, el trastorno no está considerado como una enfermedad. De hecho, los afectados tienen la capacidad de ser completamente funcionales a horas más tempranas que el resto de la población.

El problema es, por decirlo de algún modo, que los afectados por este trastorno no viven en los mismos husos horarios que el resto de la población. Como señala Louis Ptáček, «cuando llega la hora de cenar, se duermen directamente sobre el plato». Y, además, muestran signos del denominado ‘trastorno del estado de ánimo estacional’, caracterizado por el desarrollo de depresión en una época determinada del año –por lo general, cuando los días se acortan durante el invierno.

En el estudio, los autores observaron que los tres familiares con TSAF, además de levantarse muy temprano, también compartían una segunda característica: presentaban versiones defectuosas del gen ‘PER3’, implicado en el ciclo circadiano. Por ello, y con objeto de analizar el papel del gen en el trastorno del estado de ánimo estacional, los investigadores emplearon un modelo animal –ratones– con dos copias defectuosas del gen ‘PER3’.

Una vez ‘diseñados’ los ratones con TSAF, los autores evaluaron su actividad –esto es, el tiempo que pasaban corriendo en las ruedas de sus jaulas– en diferentes ciclos circadianos –alteraciones del ciclo de luz (día) y oscuridad (noche).

Cuando los ratones eran expuestos a un día de 12 horas de luz, su comportamiento era normal. Sin embargo, cuando el período de luz se limitaba a solo 4 horas diarias, los ratones modificados comenzaban y acababan su turno de carreras en la rueda cuatro horas antes que sus homónimos sin las copias defectuosas del gen. Como apuntan los autores, «los resultados sugieren que la versión defectuosa de ‘PER3’ modifica los ritmos circadianos de los animales».

El no dormir las horas suficientes conlleva múltiples consecuencias para nuestra salud, incluida la salud mentalLouis Ptáček

Y los ratones en los que se observó una modificación del ritmo circadiano, ¿también mostraron síntomas de depresión? Pues para responder a esta pregunta, los autores hicieron el ‘test de depresión’ que típicamente se emplea en estos animales: se les deja suspendidos de sus colas y se mide el tiempo que transcurre hasta que dejan de agitarse y se tranquilizan. Y en este caso, aquellos ratones con las dos copias defectuosas del gen ‘PER3’ se rindieron mucho antes que el resto de animales.

Es más; los ratones con el gen ‘PER3’ defectuoso que se exponían a días de tan solo cuatro horas de luz también mostraron patrones de sueño anormales. Como refiere Louis Ptáček, «los seres humanos desarrollan un trastorno del estado de ánimo durante los días más cortos del invierno, y con los ratones pasa lo mismo. Un hallazgo muy significativo».

Ratones apáticos

Finalmente, los investigadores repitieron el experimento con ratones genéticamente modificados para carecer del gen ‘PER3’. Y en este caso, sometidos a los días cortos de cuatro horas de luz, mostraron la apatía típica de la depresión que también padecemos los humanos. Concretamente, no mostraban interés en beber el agua azucarada que antes engullían en grandes cantidades. En palabras de Louis Ptáček, «parece como si los ratones no obtuvieran ningún placer en algo que siempre consideraron placentero».

En definitiva, destaca el director del estudio, «todo el mundo cree que hay alguna conexión entre el sueño y la depresión, pero hasta ahora no ha habido nadie capaz de encontrar el nexo biológico. Creemos que el gen ‘PER3’ en una conexión entre los mecanismos relacionados con el estado de ánimo y el reloj biológico. Sin embargo, aún desconocemos cómo se lleva a cabo esta interacción, pero podría ayudarnos a controlar la respuesta tanto de los ratones como de los humanos a las modificaciones en los ciclos de luz que tienen lugar como consecuencia de los cambios estacionales».

Entonces, ¿los hallazgos pueden ser ya aplicados para diseñar una terapia específica para tratar los trastornos del estado de ánimo? Pues como reconocen los propios autores, no, pero «es un comienzo».

Como concluye Louis Ptáček, «cuanto más aprendamos, nuestro conocimiento de la biología nos permitirá enfoques más racionales en la búsqueda de fármacos para tratar los trastornos afectivos estacionales».