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Monumental de Barcelona: centenario sin Fiesta de cumpleaños

El coso de la Ciudad Condal, sin corridas por la prohibición taurina, cumple hoy un siglo de vida

janot guil - Actualizado: Guardado en: Toros

Sin Fiesta por el centenario. «¿Qué vamos a celebrar?» A pie de un ruedo vacío, bañado por el sol y flanqueado de gradas sin público, el involuntario reloj de arena para un tiempo congelado. Jesús Rivas responde lo previsible. Es el gerente de la empresa Balañá, propietaria de la plaza de toros de la Monumental de Barcelona, y no tiene nada que festejar.

El gran coso de la capital catalana, el único que queda de los tres que hubo en la ciudad —el redondel de Las Arenas es ahora un centro comercial con fachada taurina—, cumple hoy cien años de existencia. Bueno, para los puristas, 98. El 12 de abril de 1914 se inauguró una plaza que se llamaba Sport, y no fue hasta dos años después cuando pasó a ser, y bautizarse, Monumental. Fue tras ampliarse con las andanadas. Y con esas icónicas torres rematadas con unas cúpulas neomudéjares, a las que adornan un mosaico de teselas blancas y azules.

La Monumental de ahora, donde no pueden celebrarse corridas tras la prohibición taurina aprobada por el Parlamento catalán en 2010 y que entró en vigor en enero de 2012, se resume en tres personas. Los únicos «monosabios» que allí han quedado, huérfanos de matadores y sin toros. El taquillero que recibe y cobra a los pocos curiosos, en su mayoría turistas, que quieren ver la plaza y visitan el museo (por seis euros), el dependiente de la pequeña tienda de «souvenirs» y quien atiende en el museo.

La resistencia de la afición

La resistencia de la afición catalana, a la que han robado su libertad de ir a los toros y que sigue viva aunque algunos lo nieguen, se encomienda al Tribunal Constitucional tras el veto que se impulsó en tiempos del gobierno tripartito PSC-ERC-ICV en la Generalitat. Allí recaló en octubre de 2010 el recurso del PP contra la abolición de los toros en Cataluña. Tres años y medio después —y entremedio una renovación de los miembros del Tribunal y la declaración de los toros como Bien de Interés Cultural—, todavía no hay sentencia.

«Yo creo que el Constitucional revocará la prohibición, pero eso no significa que vuelvan los toros a Barcelona. A ver quién le pone el cascabel al gato». El agorero tiene crédito. Es un torero catalán nacido en Figueras en 1945, al que Chamaco le dio la alternativa en la Monumental en 1967, con Paquirri de testigo, y que en esa misma plaza se cortó la coleta diez años después, en la Feria de La Mercé. Es Enrique Patón, al que ABC invita a pisar el albero barcelonés con motivo de la efeméride.

La cornada más grave

La Monumental es alegría y cicatriz para el diestro gerundense, que conoció en ese y otros cosos ese miedo que, según Belmonte, le hacía crecer la barba al matador. La plaza de la Gran Vía barcelonesa es la de la alternativa, el adiós y la cornada más grave que nunca sufrió Patón. Fue en 1975. «El toro me partió una femoral y aún arrastro secuelas. Me tuvieron que hacer un by-pass, no tengo vena safena», recita el parte. «Fue lo mismo que Paquirri, lo que pasa es que él tuvo la mala suerte de que le ocurriera en Pozoblanco y que le tuvieran que llevar al Hospital Militar de Córdoba por una carretera muy mala, que era conocida como la de las malparidas, porque las parturientas acababan dando a luz en el camino. Si a él le hubieran cogido en Barcelona y a mí en Pozoblanco, usted estaría hablando ahora con Paquirri y no conmigo». Habla, pues, Patón. Y su experiencia. Como torero y como empresario taurino, que gestiona con otros socios las plazas de Zaragoza y Valencia y que apodera a Matías Tejela, y a muchos otros antes de lo alto del escalafón.

«Lo de la prohibición de los toros en Cataluña fue un problema de los políticos ignorantes, que decían que aquí no había cultura ni afición taurina, no de protección de animales», sentencia el maestro. «Ya empezaron prohibiendo las plazas móviles, luego vetando la entrada de menores a las plazas...», recuerda. Y ahora, vaticina, aunque el Constitucional anulara la prohibición, el indulto llega tarde. «Habría que enfrentarse a la voluntad política para recuperar los toros, porque sería políticamente incorrecto. Sería remar a contracorriente».

En plena deriva independentista

Encima, cómo no, es inevitable pensar que una supuesta reaparición de los toros en Cataluña vendría en una coyuntura aún menos propicia, si cabe, que hace cuatro años: en plena deriva independentista que lidera el gobierno de Artur Mas y su socio ERC. Patón responde con la cara que pone.

El regreso de los toros en la Monumental inquiere a sus dueños, la familia Balañá, que suma tres generaciones. Pero el actual propietario, «Pedro Balañá III (Mombrú)», no enseña las cartas. No hace declaraciones.

Patón aprovecha que Jesús Rivas atiende a una periodista de Telecinco que ha venido por el aniversario sin Fiesta y suelta un reproche para la saga de empresarios taurinos. «Balañá hijo, y sobre todo, el nieto, el actual dueño, no han querido enfrentarse a los gobiernos de la Generalitat y del Ayuntamiento (Barcelona se declaró ciudad antitaurina)... No reaccionaron a tiempo para salvar la Fiesta en Cataluña». Ahora, insiste, es una empresa casi imposible.

«A mí y aSimón Casas nos ofrecieron gestionar la plaza allá en 1997. Ahora no la querría ni regalada», afirma Patón.

A pocos metros del torero y empresario, se oye el grito travieso de una turista. Apostada en los medios, con sus índices a lado y lado de la testa cual cuernos, se deja fotografiar por su pareja mientras humilla a modo de toro bravo. Sus risas retruenan en un inmenso vacío.

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