Riccardo Muti: «Europa debe defender la cultura por dignidad»
Muti asegura librar una «batalla solitaria» en la defensa de la fidelidad en la interpretación de las obras de Verdi - ABC
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Riccardo Muti: «Europa debe defender la cultura por dignidad»

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Riccardo Mutti despliega una sonrisa incrédula cuando se le pregunta su opinión sobre la precaria situación de la cultura en el sur de Europa. La situación es la misma en todos lados. «Toda Europa abdica en este tema. El apoyo a la cultura disminuye. Se resuelven los problemas del momento, pero no lo trascendental», advierte.

En un plazo corto, «tres décadas», Japón, China y Korea será los países integrados, mientras que Europa quedará únicamente como «un bello museo». El director musical se muestra preocupado. Así como es importante reaccionar contra los recortes en los servicios públicos, es necesario «no permitir que nos arrebaten lo que es nuestro, ni olvidar nuestro pasado y riqueza cultural». No hay que permitir que la cultura se debilite. «Es un asunto de dignidad».

Comprender, antes de interpretar

Qué poderosa es la palabra hablada cuando se trata de vigorizar el ánimo. Ahí está Riccardo Muti, leyenda viviente de la dirección musical, ex director de la Scala de Milán por 19 años, fundador de la Orquesta Juvenil Cherubini (que no acepta más que a los mejores instrumentistas menores de 30 años), difusor de obras casi olvidadas de la escuela napolitana del siglo XVI, Premio Príncipe de Asturias de las Artes y director titular de la Orquesta Sinfónica de Chicago.

Ahí está Riccardo Muti y esta mañana parece que el peso del currículum le dobla la espalda. Luce agotado. Acompañado del Director General del Teatro Real, Ignacio García Belenguer y del Presidente del Teatro Real, Gregorio Marañón, Muti hace un esfuerzo notable para que los párpados no vuelvan a caer sobre los ojos. Pero falla. Cruza los brazos, se talla el tabique nasal y, como para espantar la modorra, saca un pañuelo color café y limpia sus lentes con la mirada perdida. Está aquí para hablar de las dos interpretaciones que dirigirá de la «Messa da Requiem» de Giussepe Verdi; la primera, el 12 de abril en la Catedral de Toledo, en conmemoración del IV centenario de la muerte del Greco y con asistentes como la Reina Doña Sofía, la totalidad de los miembros del cabildo de la catedral y el arzobispo de Toledo, Braulio Domínguez. La segunda, el 14, en el Teatro Real.

Cuando Muti toma la palabra se convierte instantáneamente en otro. El cansancio se desvanece, las palabras en italiano fluyen en torrente y en esos ojos pequeños y rasgados se enciende una alerta. «Para interpretar la música, primero hay que entender el texto que conforma la obra», dice, como preparándose para demostrar que, si alguien entiende a profundidad el Réquiem de Verdi, es él.

La exigencia a Dios

La ejecución del Réquiem de Verdi lleva en sí mismo una complejidad: en su tiempo (1874) la crítica germana «no entendió el mensaje religioso y pensó que se trataba de una ópera».

«Es muy distinta la postura de un italiano o un español ante Dios, que la de un germano», explica Muti. «Mientras ellos mantienen una relación distante y obsequiosa, los latinos le hablamos de tú a tú». Muti apoya el brazo izquierdo sobre la mesa, alza el derecho y con teatralidad y fuerza, apunta su dedo índice al frente, como si mantuviera una disputa con Dios mismo:

«¡Tú me creaste!, decimos. ¡Tú eres el responsable de mi existencia! ¡Ahora te exijo que me brindes el descanso tras mi muerte! ¡Libérame!».

Una demanda impensable en, por ejemplo, el Réquiem de Johannes Brahmns, que desde la perspectiva del director es una composición que alude a la serenidad del vivo que transita hacia el reposo. Una actitud pasiva, en contraste con el dinamismo de la obra de Verdi.

«Esto es notable en varios momentos del Réquiem. Por ejemplo, en el canto final, «Libera me Domine», donde el soprano, que representa a la humanidad, se dirige a Dios. Primero, en voz baja, aunque sin pasividad, pide su liberación. Luego, hay una diversidad de registros vocales: algo parecido a un grito, a un reclamo, hasta que finalmente cansado, suplica y pregunta: "¿Me liberarás?"...Lo que sigue es el silencio. No hay respuesta».

El Réquiem de Verdi, compuesto en honor a la memoria de su amigo, el escritor italiano Alessandro Manzoni, no fue comprendido en su momento como una pieza de servicio religioso; sino como una representación teatral. Por eso, Muti insiste en la importancia de «entender el texto latino, las palabras, el contexto» para acercarse a esta obra.

La fidelidad como estandarte

Del cansancio, a la exaltación alegre y de ahí, a la mueca. El rostro de Riccardo Muti cambia para ponerse a tono con los temas que aborda en la conferencia. ¿Siente que libra una batalla solitaria por defender la fidelidad en la interpretación de las obras de Verdi?

La respuesta corta es: «Sí». La respuesta larga es antecedida por un fruncimiento de labios:

«La interpretación "verdiana" es aproximativa y superficial, generalmente. Hay cambios de tonalidad y se agregan notas que Verdi jamás escribió en la partitura».

El asunto le indigna. Y de qué manera. Los dedos de la mano no le alcanzarían para enlistar todos los errores que percibe en las interpretaciones de «Il Trovatore» o «La Traviata»; desde agregar un sí bemol «para satisfacer a un público que reacciona complacido ante los agudos» ; hasta integrar una voz de tenor en una interpretación exclusiva para soprano.

«Estoy de acuerdo con las variaciones pero sólo si hay un significado dramático. Esto no es una lucha entre teoría antigua contra la teoría moderna; sino entre la teoría inteligente y la cretina».

Muti, quien ha escrito un libro titulado «Verdi L'italiano», menciona que el compositor manifestó en una carta que el único creador es el compositor. «La interpretación debe ser fiel al texto, no un capricho». Pero no basta con ser fiel al texto, sino respetar hasta donde sea posible, toda indicación. Pasarán los siglos, mutarán los instrumentos, pero son factores ajenos a la voluntad manifiesta de los compositores.

«En su "Otelo", Verdi no da permiso de usar un diapasón de una vibración superior a 430 hertz, para conseguir en los instrumentos un sonido oscuro. Actualmente, los diapasones no son menores de 440. Bueno, pues yo uso lo más cercano a lo que ordenó Verdi: un diapasón de 436».

Todo cambia, menos el corte de cabello

Han pasado más de 40 años desde que en 1967 un jovencísimo Riccardo Muti ganó el primer lugar en la competencia «Guido Cantelli» para directores de orquesta en Milán y con ello, la atención de críticos y público.

«No me planteo el problema del cambio», dice ahora. «Pero necesariamente, uno no es el mismo. Con los años uno adquiere una mayor conciencia de la música. Yo no diría que mi conocimiento es más profundo, porque sería arrogante; sino que es más amplio. Uno se hace mayor para evolucionar. Si he cambiado, ustedes lo dirán. Yo no sé».

Pero hay cosas que no cambian. Ni con el paso de los años. «Desde que tengo treinta años, tengo el mismo estilismo en el pelo».