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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no ha ocultado la gravedad y la dureza de las medidas que acaba de anunciar en el Congreso de los Diputados, pero se ha comprometido a sacar adelante el país, subrayando que "la misión de su Gobierno es liberar a España del peso de la herencia". Una herencia que se concreta en cinco millones de parados y en una deuda de 800.000 milones de euros de las administraciones públicas.
Rajoy reconoció que las medidas "no son agradables". "No lo es cada una de ellas en particular y, menos aún, lo son todas juntas. No son agradables, pero son imprescindibles". La justificación de estos ajustes es, a juicio de Rajoy, que "nos encontramos en una situación extraordinariamente grave y es preciso corregirlo con urgencia". En este sentido, lamentó que necesitemos "que nos presten dinero hasta para pagar prestaciones por desempleo, los sueldos de los funcionarios, la sanidad, la educación, etcétera. Y lo necesitamos porque nuestro gasto público excede en decenas de miles de millones de euros los ingresos. El año pasado, sin ir más lejos, más de 90.000 millones de euros. En eso consiste el déficit. No podemos prescindir de los préstamos del exterior, pero resulta tan caro obtenerlos, que estamos encerrados en un círculo vicioso insoportable, del que necesitamos salir cuanto antes".
El presidente entiende que "estamos viviendo un momento crucial que determinará nuestro futuro, el de nuestras familias, el de nuestros jóvenes, el de nuestro bienestar y el de todas nuestras esperanzas". Por ello, considera que "tenemos que salir de este atolladero y necesitamos hacerlo, insisto, cuanto antes".
«Aquí no caben ni fantasías, ni ocurrencias»
Rajoy se mostró comprensivo con el esfuerzo que tendrán que hacer los españoles: "Sé que los pasos que estamos dando y los que vamos a dar, duelen a cada persona, a cada individuo, como consumidor, como pensionista, como ama de casa, como lo que ustedes quieran. Duele que los ingresos se reduzcan y duele que los impuestos suban. La única opción que la realidad nos permite es aceptar los sacrificios y renunciar a algo".
Cola del desempleo
A pesar de esta situación, se muestra convencido de que "al final del sacrificio nos espera la recompensa ¿Servirán de algo tanta estrechez y tantas apreturas? La respuesta es un sí, con toda rotundidad. Yo no tengo ninguna duda, señorías. No ocuparía este puesto si la tuviera".
El esfuerzo que pide no será "estéril. Será difícil, exigirá sacrificios y llevará tiempo" y señaló que "sería más cómodo conformarnos con menos, reducir nuestras aspiraciones, limitar nuestro esfuerzo".
Finalmente, señaló que su principal acicate para llevar a cabo este duro plan de ajuste es "la cola del desempleo. Lo que da color y apremio y tristeza a la deuda y al déficit son los millones de personas que están pagando las consecuencias".





