Tabla de quesos menorquines, en Torralbenc
Tabla de quesos menorquines, en Torralbenc

Los mejores restaurantes de Menorca

En Menorca hay mucha y muy buena cocina. Y el verano es la mejor época para disfrutarla. El crítico de ABC selecciona sus mesas favoritas

carlos maribona
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No sólo es uno de los mejores sitios del mundo para disfrutar de unas vacaciones en un entorno mágico. Hay en Menorca mucha y muy buena cocina. Por un lado la ancestral menorquina, representada por platos emblemáticos como esa sopa de tomate que se conoce como oliaigua; por otro, restaurantes de cocina más actual que se vuelven hacia las raíces con resultados de altísimo nivel. Por si fuera poco, una lista de productos autóctonos, del mar y de la tierra, que ya quisieran para sí otras islas y territorios más renombrados. Empezando por la sorpresa de algunos vinos que se elaboran en la isla en producciones pequeñas, y siguiendo por los excelentes quesos de Mahón, o las magníficas sobrasadas de «porc faixat».

Entre los mejores comedores de la isla destaca Sa Pedrera d’Es Pujol. Un coqueto restaurante del que se ocupan Daniel Mora en la cocina y Nuria Pendás en la sala. Su menú degustación está elaborado exclusivamente con productos de Menorca y sobre el recetario popular. La harina del pan, el aceite de oliva, la mantequilla… todo es producto local y se indica de dónde procede. Mejillones del puerto de Mahón en un escabeche muy delicado, gambas rojas, raó o pez lorito, ventresca de morena, caldereta de langosta, raya con hinojo marino, quesos artesanales... Completa bodega.

Otro sitio recomendable es Torralbenc, en el lujoso hotel del mismo nombre, una antigua explotación agrícola y ganadera totalmente rehabilitada, que es un oasis de tranquilidad a poca distancia de Mahón y del aeropuerto. Solo funciona entre mayo y octubre. En lo gastronómico está asesorado por Paco Morales, un magnífico cocinero. Al mediodía ofrece una carta más sencilla, con platos ligeros y frescos, y por la noche otra algo más sofisticada. Disponen una pequeña huerta para abastecerse de productos vegetales que emplean junto a otras materias primas menorquinas, que son la base de sus platos.

Anoten también Mon, en Ciudadela. Abierto inicialmente en el hotel Casa Faustino, se ha trasladado hace unas semanas a un nuevo emplazamiento. Lo dirige un cocinero de garantía, Felip Llufriú, que ha vuelto a su ciudad natal tras un largo periplo por la Península en el que destacan sus muchos años al frente del Moo de los hermanos Roca en Barcelona. Apuesta total por el producto menorquín, sabores muy definidos y técnica irreprochable. Platos como el hígado de rape escabechado con finas láminas de champiñón e hinojo marino, o la molleja de ternera a la brasa con alcaparras.

Si quieren un buen arroz vayan a Es Molí de Foc, en Sant Climent, muy cerca de Mahón. El valenciano Vicent Vila los hace muy buenos. Algunos están en carta a diario, como el meloso de conejo y atún fresco, el a banda con gambitas; el negro de rape, calamar y verduras; o la paella de verduras con pato deshuesado y albóndigas. Otros son por encargo. Para comer pescado hay que visitar Fornells. A lo largo de su paseo marítimo se alinean decenas de restaurantes que tienen como oferta principal la caldereta de langosta. Por desgracia, la mayoría en un nivel de calidad discutible. Vale la pena Es Port, donde pueden tomar esa caldereta o los pescados que los propietarios reciben a diario de una barca propia.

Si están en Mahón, una buena opción para una cena informal es Ses Forquilles. Buen producto, muy centrado en la temporada. Pan de cristal con tomate, buenos boquerones empanados, magníficas gambas de la isla a la sal, escalivada con pulpo, manitas de cerdo crujientes...