El complejo cuenta con cinco salas, cuartos de baño y un hospital
El complejo cuenta con cinco salas, cuartos de baño y un hospital - Imperial War Museum
Segunda Guerra Mundial

La «ciudad subterránea» ideada por los británicos para resistir una invasión nazi

Gran Bretaña abrió este lunes al público un gigantesco refugio antiaéreo excavado en el acantilado de Dover

Actualizado:

Hace más de 75 años que, con más fe que capacidad, un grupo de ingenieros ingleses construyó un gigantesco refugio subterráneo en los acantilados de Dover (al sur de Gran Bretaña) para alojar a los casi 200 soldados que debían hacerse cargo de un grupo de cañones ubicado en esa zona. Su trabajo era vital pues el gobierno sabía que, en el caso de que Adolf Hitler invadiese las islas, lo haría a través de ese punto por ser el más cercano a la Europa continental. Por ello, los combatientes responsables de aquella batería debían mantenerse con vida y resistir los bombardeos navales y aéreos enviados por el régimen nazi costase lo que costase.

De esta forma, y con este objetivo, nació el complejo de «Fan Bay Deep Shelter», una «ciudad subterránea» formada por túneles excavados a más de 20 metros bajo tierra (23, concretamente) y cuyo objetivo no era otro que evitar que los artilleros fallecieran antes las bombas de la «Luftwaffe» (la fuerza aérea germana). Hasta ahora, el lugar había permanecido olvidado en la Historia.

Así lo atestiguaba el que estuviera lleno de mugre y suciedad y cerrado al público. Sin embargo, su existencia ha vuelto a salir a la luz este lunes después de que, tras meses de rehabilitación, el grupo «National Trust» (encargada de salvar el patrimonio nacional británico) haya informado de que se reabre al público para que todo aquel interesado pueda disfrutarlo en primera persona.

Churchill y los túneles de Dover

Tal y como explica la página Web creada para informar de esta curiosa «atracción turística», la construcción de «Fan Bay» comenzó el 20 de noviembre de 1940 de manos de la 172ª Compañía de Construcción de Túneles de los Reales Ingenieros del ejército británico. La zona, un gigantesco acantilado sobre el que era idóneo ubicar una batería de cañones, fue inspeccionada por el mismísimo Churchill, quien apremió a los obreros para que terminasen aquella obra de ingeniería cuanto antes.

La extensión es de más de 1.100 metros cuadrados

Realmente era necesario, pues hasta entonces los nazis campaban a sus anchas por el Canal de la Mancha sin recibir ni un solo tiro desde la costa. «Insisto en que hay que proteger las posiciones de artillería ubicadas en la parte superior del acantilado de Dover. Deben resistir cualquier ataque al que estén expuestas. Tenemos que luchar por el mando del estrecho con artillería. Para el 10 de diciembre, la batería y el refugio contarán con cuatro oficiales y 118 hombres», dijo por entonces el británico.

Al parecer, los ánimos del Premier funcionaron, pues los militares tardaron escasamente 100 días en partir la montaña y levantar un complejo que contaba con cinco gigantescas salas, un hospital, un almacén, un generador de energía y hasta varios «cuartos de baño». Todo, en 1.100 metros cuadrados a los que se accedía tras bajar 125 escalones y pasar por unas resistentes puertas blindadas. El 28 de febrero se dio por terminado y el propio Churchill lo revisó en junio de 1941.

Su vida tras la guerra

Una vez que finalizó la Segunda Guerra Mundial, este refugio fue cerrado en 1950 y, 20 años después, se tapió con escombros para evitar que los curiosos accediesen a su interior y pudiera ocurrir alguna desgracia. Sin embargo, después de permanecer cerrado durante más de 40 años, hoy se abrirá al público después de un trabajo de restauración de 18 meses y 3.000 horas de trabajo.

Además de limpiar y eliminar las 100 toneladas de deshechos que había en su interior, los voluntarios que han trabajado en el proyecto han reforzado los puntos más débiles con pilares de acero y se han asegurado de que no exista ningún peligro para los futuros visitantes. Los encargados de adecentarlo han sido 50 trabajadores de la organización «National Trust», además de dos arqueólogos, dos ingenieros de minas y un geólogo.

Los túneles fueron excavados en la roca viva

Ahora, y a cambio de un módico precio (unos 15 euros para los adultos y la mitad para los niños) aquellos que lo deseen podrán disfrutar de un recorrido de 45 minutos -antorcha en mano- a través de esta ciudad subterránea que, en su momento, albergó hasta 185 combatientes de la 203ª batería de costa. Unos soldados que, al vivir allí durante meses, dejaron su marca personal en la zona.

Así pues, abundan desde las pintadas realizadas por los soldados, hasta algún que otro consejo grabado en los cuartos de baño (el más destacado es que afirma que, si se acaba el papel, lo mejor es restregarse por el suelo para acabar limpio). Un pequeño trozo de historia que ha permanecido cerrado al mundo durante 40 años y está igual que el día en que lo habitaban aquellos que luchaban contra el nazismo.

Escaleras de acceso al búnker

«Esta pieza re-descubierto de patrimonio de la Segunda Guerra Mundial es un hallazgo verdaderamente notable. No ha habido acceso del público a los túneles durante más de 40 años, por lo que permanecen tal y como eran cuando fueron abandonados. Hemos llevado a cabo una amplia labor de conservación para preservar tanto la descomposición natural, como el auténtico ambiente del lugar», explica Jon Barker, uno de los organizadores del proyecto.

Cinco cosas curiosas que ver en «Fan Bay Deep Shelter»