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El gran negocio del fin del mundo (maya)

Día 20/10/2015 - 15.46h
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El Mundo Maya -que reúne a México, Belice, Guatemala, El Salvador y Honduras- saca provecho de la «profecía» que anuncia el fin de una era el próximo 21 de diciembre

Calakmul, en Campeche
matt leonard
Espectacular atardecer en el lago Atitlán
luis pérez
Chichen Itzá es un punto indispensable para todos los turistas de la Riviera Maya
jorge sanmartín maissa
En el cenote Hubiku los bañistas pueden refrescarse
Palenque (Chiapas)
Dos personas llevan a cabo un ritual maya
Tulum, en Quintana Roo (México)
Un turista fotografía el Parque Nacional Tikal, en Guatemala
colinmac
La «Joya de Cerén», en El Salvador, está considerada como «La Pompeya de América»
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El próximo 21 de diciembre le puede tocar la Lotería de Navidad o, más difícil todavía, se le puede venir el mundo encima. Aunque algunos agoreros se empeñan en marcar esa fecha como la del final de los tiempos, las inscripciones del monumento 6 del recinto arqueológico de Tortuguero (Tabasco, México) sólo señalan que ese día se cumple el décimo tercer baktún, por lo que un Dios bajará del cielo y se completará un ciclo de 5.125 años. Y no permitiremos que nos fastidie la fiesta el reciente descubrimiento en la selva de Petén (Guatemala) del calendario maya más antiguo, que retrasa ese momento hasta el 3 de enero de 3590.

Faltan menos de dos meses para el acontecimiento y de ello ha decidido sacar partido turístico la organización Mundo Maya, que reúne a los países de Mesoamérica (México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador) donde se desarrolló esa civilización hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI y donde hoy habitan los herederos de una cultura que se remonta al 2.000 antes de Cristo. Una región que concita una de las ofertas de playa, naturaleza y cultura más atractivas del planeta.

Cinco estados mexicanos (Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán) han echado el resto para esta cita, quizá no sólo porque congregan la mayor concentración de recintos arqueológicos mayas y ciudades coloniales sino, también, por contar con la más extensa y diversa red de hostelería. El catálogo de lugares dignos de visita es inmenso, así que aquí sólo detallaremos una selección de los más relevantes.

En Yucatán se encuentra el núcleo monumental más importante y mejor conservado de México, Chichén Itzá ciudad que alcanzó su esplendor entre los años 900 y 1.300 de nuestra era. Allí se encuentra el Templo de Kukulcán, representación maya del dios Quetzalcóatl o «serpiente emplumada». Una estructura piramidal cuyo número de peldaños suma los 365 días del año y que cada equinoccio protagoniza un curioso fenómeno astronómico que dibuja en una de sus caras la sombra de una serpiente.

Diversas compañías ofrecen vuelos regulares diarios desde la Ciudad de México al aeropuerto internacional de Mérida, donde, como en todos los aeropuertos del país, existe un módulo de información turística y es posible alquilar un coche. Si prefiere utilizar el transporte público, lo mejor es dirigirse a la estaciones de Autobuses del Oriente, en el centro de la ciudad, o de ADO, que ofrece sus servicios en la práctica totalidad de ciudades mexicanas.

Una opción muy sugerente de alojamiento son las haciendas reconvertidas en hoteles de lujo. Quintana Roo es un destino sobradamente conocido, pues allí se encuentran Cancún y la Riviera Maya, con una capacidad hotelera de 80.000 habitaciones. Air Europa tiene vuelos regulares desde Madrid, además de varias compañías españolas de chárteres. Además de sol, playa y arrecifes de coral, en Quintana Roo es posible –igual que en Yucatán– nadar y bucear en un cenote, caverna que forma un estanque de aguas subterráneas. La ciudad maya más fascinante es Tulum que, enclavada en un ecosistema de manglares, domina las aguas turquesas del Caribe.

Palenque es una de las más bellas ciudades mayas. En plena selva chiapaneca, el Templo de las Inscripciones alberga la cámara funeraria de Pakal II. Desde la capital mexicana se puede volar al aeropuerto de Palenque o a los de Tapachula y Tuxla Gutiérrez. Aunque en los alrededores existen alojamientos más que decentes, no es mala opción hospedarse en el delicioso pueblo colonial de San Cristóbal de las Casas en el hotel-boutique Casa del Alma. Tuxla Gutiérrez cuenta con dos hoteles de cinco estrellas: el Camino Real y el Crown Plaza.

Tabasco también conserva huellas del pasado maya en Comalcalco, una ciudad realizada con ladrillos unidos con argamasa hecha con ostras y conchas, en lugar de las habituales piedras sillares. Hay vuelos diarios desde el Distrito Federal al aeropuerto internacional de Villahermosa, ciudad en que cuenta con dos hoteles de gran lujo: el Hilton y el Quinta Real.

Campeche cierra el abanico maya mexicano con Calakmul, la capital del reino de la serpiente en la reserva de la biosfera del mismo nombre y que llegó a tener más de 50.000 habitantes. Dos aeropuertos, el de Campeche y el de Ciudad del Carmen, nos situarán cerca de este recinto. El mejor hotel del estado es el Chicanná Ecovillage Resort.

Quien viaje a México con la excusa milenarista no puede olvidarse de su riqueza gastronómica, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, ni de aprovechar para conocer algunos de sus «pueblos mágicos», que en esta región del sureste incluye San Cristóbal de las Casas (Chiapas), Izamal y Valladolid (Yucatán),

Tacotalpa (Tabasco) y Palizada (Campeche). Si se viaja por carretera, un buen complemento al mapa o al GPS es la web de la Secretaría de Transportes donde se pueden planificar de antemano las rutas a seguir.

En Guatemala se encuentra la mayor y más importante ciudad de la civilización maya: Tikal. Se puede llegar por carretera desde Palenque o en avión desde Cancún hasta el aeropuerto de Ciudad de Guatemala (Iberia tiene cuatro vuelos semanales desde Madrid). Con tres hoteles dentro del propio parque nacional (Tikal Inn, Jungle Lodge y Jaguar Inn) y, muy cerca, el más lujoso Camino Real Tikal.

Si con todo lo anterior no hubieran tenido bastante, aún pueden pasar a la vecina Belice para visitar, entre cuevas y cascadas, el cerro Caracol. O dar el salto a El Salvador, donde se encuentra la Joya de Cerén, una ciudad descubierta accidentalmente en 1976 y que está considerada como «La Pompeya de América», por haber permanecido durante siglos oculta bajo las cenizas de una erupción volcánica.

Envueltos en la magia de las cosmogonía maya o a buen recaudo en nuestro hogar, ¡feliz fin del mundo!... y que Dios nos pille confesados.

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