Raúl Sánchez, este lunes en Talavera
Raúl Sánchez, este lunes en Talavera - abel martínez
toros

Raúl Sánchez, para siempre en la memoria de los talaveranos

Desde este lunes un busto suyo honra su figura en los Jardines del Prado. Para los que no le vimos torear dice que fue «valiente», que toreó 57 tardes en Madrid y que mató a los únicos miuras que se han visto por la Ciudad de la Cerámica

Actualizado:

Raúl Sanchez Herrero (San Román de los Montes, 1940) se fue con siete añitos y un hermano a Talavera de la Reina. Allí creció hasta que se marchó a Madrid, donde trabajó en varios empleos hasta que se hizo torero. Y lo consiguió, vaya que sí lo hizo. Tanto que desde ayer un busto recordará por siempre su figura en los Jardines del Prado de la Ciudad de la Cerámica.

—Para los que no le vimos torear, ¿cómo era usted en el ruedo?

—Dicen que valiente. De hecho, toreé 57 tardes en Madrid, manté seis toros en solitario en Madrid y la única corrida de Miura dada en Talavera, y así le puedo decir un montón….

—¿Qué recuerdos tiene de las tardes en «La Caprichosa»?

—Muy buenos. Me metieron en casi todas las ferias y, si alguna no era de feria, también contaban conmigo.

—Era usted un especialista en las llamadas corridas duras. ¿Cuál fue la peor?

—Una vez en Madrid maté un toro de Luis Albarrán de 726 kilos. Me lo dijo la empresa de entonces en el hotel Victoria, que era donde me hospedaba (porque en la tablilla puso que pesaba 711 kilos...). Pero no sabría decirle el toro más duro…

—¿Por qué le apreciaba tanto el público de Madrid?

—Supongo que porque me jugaba la vida todos los días, sino a ver de qué otra manera puedes ir a Las Ventas…

—¿Le cogieron mucho los toros?

—Pocas. Tengo ocho cornadas. La más grave fue de novillero en El Barco de Ávila (en 1968), que me partió la safena. Allí tuve un disgusto con el médico, que preguntó: «¿Hay algún familiar del torero?» Estaba mi hermano Resti y delanté de mí, en vez de retirarse un poco, dijo: «Pues su hermano no llega vivo a Madrid».

—Pero vaya sí sobrevivió...

—(Risas). Tuve la suerte de que me ayudó un señor de Las Palmas, que me montó en un Porsche americano y se jugó la vida por mí. Cuando llegué al sanatorio ya no artículaba palabra, pero a los dos o tres días me dijeron que había tenido una gran suerte porque, si hubiera llegado tres o cinco minutos más tarde, ya no podrían haber hecho nada.

—¿Hay algún torero de los de ahora que se parezca a usted?

—Claro que los hay que tienen tanto valor como yo. El año pasado estuvo en Talavera el del ojo tapado (Juan José Padilla), que me brindó un toro y tiene un mérito enorme, es un superdotado.