En el año 1950, Luisa Alberca fue finalista del Premio Nadal con la obra Patricia Rilton, siendo seleccionada para el mismo galardón en otras ocasiones
En el año 1950, Luisa Alberca fue finalista del Premio Nadal con la obra Patricia Rilton, siendo seleccionada para el mismo galardón en otras ocasiones

Luisa Alberca, maestra del teatro radiofónico

Escritora manchega y guionista de afamados seriales

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Hubo un tiempo en que los seriales radiofónicos marcaban las tardes de nuestras madres y abuelas. Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño, Juana Ginzo o Maribel Alonso encabezaron los cuadros de actores más famosos de nuestra radio. Para ellos se escribieron sentidos folletines y melodramas firmados por autores tan prolíficos como Antonio Calderón, Antonio Losada, Rafael Barón, José Mallorquí, Guillermo Sautier Casaseca o Luisa Alberca. ¿Les suena este último nombre? A pesar de ser autora de decenas de guiones, cuentos y relatos, adaptaciones para el cine y el teatro, y finalista del Premio Nadal en 1950, su recuerdo está casi olvidado en el panorama de la literatura popular española. Natural en Alcázar de San Juan, fue una de las escritoras más leídas, y oídas, durante los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX. Alejada desde hacía tiempo de los estudios radiofónicos, en octubre de 2006 falleció en Logroño sin haber recibido en nuestra tierra los reconocimientos que bien mereció.

Luisa Alberca Lorente nació en Alcázar de San Juan el 9 de agosto de 1920. Era la menor de cinco hermanos. Tras la muerte de su madre y el matrimonio de sus hermanos –el mayor de ellos, Román, reconocido psiquiatra a quien ya se le dedicó una calle en la localidad manchega y se le nombró «Hijo Predilecto»- su padre y ella se trasladaron a Madrid. Entre 1930 y 1934 vivió en Alicante con su hermana Isabel. Allí comenzó estudios en la Escuela Profesional de Comercio, formación que concluyó en los años siguientes en Madrid. Finalizada la guerra civil, en 1941 ingresó como administrativa en el Ejército del Aire, permaneciendo ligada al Ministerio de Defensa hasta junio de 1986, fecha en que se jubiló.

Durante décadas compaginó este trabajo con la creación literaria. Luisa Alberca comenzó a escribir de forma casual mientras preparaba las oposiciones. «Me ejercitaba –declaró en una entrevista de la época- en la mecanografía copiando cuentos. Y entonces se me ocurrió que, en lugar de copiar ajenos, podía hacerlos propios. Probé, me pareció que tenía cierta facilidad para estas intervenciones y ya seguí después escribiendo». Algunos de estos primeros textos fueron recogidos en publicaciones como las revistas Letras y Siluetas.

Pero el gran reconocimiento popular de Luisa Alberca llegó a partir de 1948, cuando comenzó a escribir guiones de radionovelas para Radio Madrid junto a Guillermo Sautier Casaseca. Ambos habían sido seleccionados en el concurso «Tu carrera es la radio», ideado por el estadounidense Robert Kieve, quien llegó a España en los años cuarenta como agregado de la Embajada de Estados Unidos. Luisa y Guillermo formaron un tándem que consiguió los mayores índices de audiencia de la época gracias a seriales como Lo que nunca somos, emitida en 1951, La sangre es roja, Un arrabal junto al cielo, Historia de una mujer -Rosa María-, La última dicha o Lo que nunca muere. Este último fue, sin duda, uno de sus grandes éxitos, siendo llevado al teatro y al cine, protagonizando la película el popular actor Conrado San Martín. Un buen número de las obras firmadas por Alberca y Sautier fueron luego publicadas en las colecciones La Novela del sábado y Biblioteca Chicas. Las tiradas de estas obras, editadas muchas veces en cuadernillos coleccionables, superaban en ocasiones los sesenta mil ejemplares.

Del trabajo que hacían en equipo, el propio Sautier declaró que «ambos coincidíamos en el modo de pensar, lo que facilitó la colaboración. Ella hablaba un poco en mujer y yo en hombre». Algunos estudiosos de los seriales consideran que él construía los guiones de las obras y ella redactaba los textos y le daba desarrollo literario a las ideas, dotándolas del sentimiento necesario para enganchar al mayor número de radioyentes. En vida, Luisa solía declarar que ella escribía las novelas y él las adaptaba para la radio, si bien es posible que buena parte de este segundo trabajo también fuese realizado por la autora manchega. Fuera como fuese, lo cierto es que llegó a haber tal simbiosis entre ambos que pasado el tiempo algunos estudiosos de los seriales llegaron a considerar, erróneamente, que el nombre de Luisa Alberca se correspondía con un seudónimo del propio Sautier Casaseca.

La colaboración entre ambos se mantuvo hasta 1969 con la novela Extraño poder. A pesar de haber firmado conjuntamente decenas de obras, a la hora de los reconocimientos oficiales, la escritora alcazareña quedó relegada a un segundo término, viendo como Sautier, antes de fallecer en 1980, era distinguido con galardones como tres premios Ondas, la Medalla del Cincuentenario de la Radio e incluso la Medalla del Trabajo, claro que él había aportado a sus seriales cumplidas dosis de fervor franquista.

Junto a las radionovelas, Luisa Alberca también cultivó géneros más sólidos. En dos ocasiones fue seleccionada para el Premio Nadal y en el año 1950, con Patricia Rilton, fue finalista, siendo vencida por Elena Quiroga con la obra Viento del Norte. Al igual que Lo que nunca muere, otros textos suyos como En el nombre del hijo, La casa del odio o La dama de verde, fueron llevados a los escenarios, con representaciones por toda España. Una de estas obras, La segunda esposa, fue estrenada en el Teatro Calderón de Madrid por la conocida actriz María Fernanda Ladrón de Guevara. También fue autora del cuento infantil Los mensajeros del diablo.

El juicio literario de la extensa obra de Luisa Alberca ha de hacerse dentro de un contexto muy determinado. Se trata de una producción orientada hacia el entretenimiento y la evasión, principalmente de la mujer, que respondía a una máxima acuñada por Sautier: «Llegar directamente al corazón sin pasar por el cerebro». Nos encontramos en los duros años del franquismo, superada ya la primera década de la posguerra y en el tránsito entre la autarquía y el desarrollismo. En sus textos hay historias de amor y desamor, de despechos, de engaños y rencillas, y, también, de reencuentros que en ocasiones se ven enturbiados por las trágicas consecuencias de la guerra civil aún latente. El conjunto de su obra, visto desde la óptica actual, es, no obstante, un importante referente para el estudio sociológico de las clases medias españolas en aquella etapa del siglo XX. Ella tuvo el mérito de pertenecer a una excepcional generación de guionistas que, en cierta ocasión, fueron calificados por Francisco Umbral como «el 98 de la radio».

Además de en Radio Madrid, Luis Alberca realizó colaboraciones para La Voz de Madrid y otras emisoras estatales, en lo que entonces se conocía como Red de Emisoras del Movimiento. Esta vinculación se mantuvo hasta principios de los años setenta, época en que declinó la edad de oro de los seriales. El testigo familiar de su vinculación con el medio radiofónico siguió manteniéndolo su sobrino José Luis Pecker, hijo de su hermana Ramona, quien durante décadas fue uno de los locutores más reconocidos de nuestro país, contando entre sus éxitos los programas «Cabalgata fin de semana» o «Un millón para el mejor».

Casada en 1943, cuando tenía veintidós años, con Juan José Bretón Fernández, natural de Nájera y compañero del Ministerio del Aire, fue madre de dos hijas. Junto a una de ellas, Elvira, pasó los últimos años de su vida en Logroño, donde falleció el 25 de octubre de 2006. Meses antes de fallecer, el gobierno riojano, dentro de los actos de la celebración «La Rioja en la Onda», le rindió un homenaje, recibiendo una bandeja conmemorativa de manos de su presidente Pedro Sanz, por su contribución al fomento y desarrollo del teatro y la novela a través de las ondas radiofónicas.