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Turquía, la nueva meca del turismo capilar «low-cost»

El país promueve el turismo para quienes sufren alopecia ofreciendo paquetes por 3.000 euros, implante incluido. El chollo tiene claroscuros

Corresponsal en EstambulActualizado:

«Si me decido a ponerme pelo, me iría a Turquía, que sale más barato. Lo tengo en mente». Daniel, un joven de 29 años que trabaja en el sector de la industria cárnica, no es una excepción. Cada vez más españoles consideran el país eurasiático como lugar idóneo para realizarse un trasplante de pelo. Ha hecho sus cálculos. En España le saldría por «cerca de 7.000 euros»; en Turquía, por «unos 3.000 con vuelo y alojamiento 5 días, todo incluido». «Ahora hay oferta —añade Daniel al volver a consultar la web donde se informa—. ¡Por 2.300!».

En Turquía, la nueva meca del trasplante capilar, se realizan, cada día, cerca de 200 intervenciones. La presencia de cabezas rapadas y parcialmente vendadas, tan características de las personas que han pasado por esta operación, se ha vuelto más que habitual en las calles del centro de Estambul, la capital de este «Imperio» capilar. Los atractivos precios y la belleza de la ciudad del Bósforo son sus principales alicientes, pero no los únicos. «La experiencia y la formación de los doctores turcos es muy alta», explica a ABC Ugur Camlibel, miembro de la dirección de la clínica privada Jinemed, una de las 250 clínicas turcas que realizan transplantes capilares. «Además la localización de Turquía la convierte no solo en opción para pacientes de Europa occidental, sino también de Oriente Medio, África del Norte, los Balcanes y Asia».

Turismo sanitario

Así que mientras el país se sumerge en el caos político y social, el turismo sanitario es el único que sobrevive en Turquía. En 2016 este sector alcanzó los 700 millones de dólares, lo que supone un incremento del 12%, según cifras oficiales. El mítico baño turco se transforma lentamente en el quirófano turco. Hasta 100.000 personas visitaron el país el año pasado exclusivamente por motivos médicos. Sergio, un español de 28 años, fue uno de ellos. «Primero fueron dos amigos y me contaron cómo les había ido. Luego a mí me han preguntado más. Esto funciona así, con el boca a boca». Llegó a Estambul en marzo, poco después de que un suicida de Daesh matara a cuatro personas en le céntrica avenida Istiklal. Después de que un enlace de la clínica le enviara la información por correo electrónico, Sergio se decidió a viajar a Turquía. «Muy bien todo. Te incluye hotel, desayuno. Te recogen en el aeropuerto y luego te llevan al hospital». A él le salió por cerca de 3.000 euros, más los billetes de avión y las pastillas y los champús necesarios tras una intervención quirúrgica de cerca de ocho horas, con anestesia local.

En su caso fueron 3.000 bulbos, transplantados con la técnica conocida como FUE. «El hándicap es que hasta que estás allí, en el mismo hospital, no te pueden hacer una primera revisión. Supongo que en España harías una primera visita antes», explica el joven trabajador del sector químico.

Clínicas falsas

«En mi opinión no me parece aconsejable viajar a otro país para operarse», señala a este periódico la doctora Ana Jiménez, secretaria general de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE). «Aquí, si surge alguna complicación, el paciente puede acudir de manera inmediata al especialista pero si el tratamiento se lleva a cabo en el extranjero, ¿qué se puede hacer si surge alguna complicación?».

Los precios tan bajos no son síntoma de baja calidad o estafa. La media de los salarios del país eurasiático son inferiores y, por tanto, todos los costes también. Y hay más. El Gobierno turco apoya el crecimiento del turismo sanitario. «Hay muchos incentivos —señalan desde el centro Jinemed, como pagar la mitad de los costes de publicidad de las clínicas y las compañías de turismo médico, sus oficinas en el extranjero o los gastos de las ferias a las que acuden». La reciente inauguración de una «ciudad-hospital» en Mersin, en el sur del país, va por el mismo camino. Mientras en España se aplica el 21% de IVA a algunos procedimientos estéticos, en Turquía «los usuarios del sector médico pagan un 8% en impuestos», matiza Ugur Camlibel, de la clínica turca.

Contra los abusos

A pesar de ello, hay quienes se están intentado aprovechar del seductor negocio en el que se ha convertido la industria turca de transplantes capilares. «El descontrolado mercado negro en cirugías para restaurar pelo, realizadas por personas que no son doctores, ha florecido en Turquía durante los últimos años», advierte la doctora Sharon A. Keene, de la Sociedad Internacional de Cirugía de Restauración Capilar (ISHRS), una organización sin ánimo de lucro con presencia en 70 países. «Esto coloca [a Turquía] al frente de un problema en expansión que pone a los pacientes en riesgo muy serio», añade.

El Gobierno turco ha tomado medidas para combatir los abusos y hacer que se cumpla la ley, que exige que las operaciones las lleve acabo un cirujano cualificado en centros habilitados específicamente para ello. «Pero como ocurre en otros sectores, hay manzanas podridas en este campo», señalan en Jinemed. Sergio, el español que está a punto de cumplir un año con su implante capilar, no vivió nada de esto. «Estoy contento con el resultado. No volverá a crecer como antes, no puedes dejarte una melena de surfero. Pero la experiencia ha sido muy satisfactoria y la recomiendo».

No obstante, como recuerda el doctor Julio Millán, de la Clínica española Millán&Vila-Rovira, «hablamos de personas que padecen una enfermedad, la alopecia androgénica, y precisan de la atención de un médico o equipo, no un trato con comerciales y cuidados durante un postoperatorio de un año, que no se puede decidir mediante unas fotografías y un e-mail como hacen los turcos, no es profesional, ni serio», advierte el especialista.