Joana Pastrana, Marisol Soengas, Vanessa de Velasco, Gabriela Uriarte, Sonia Sánchez y Ana Betegón
Joana Pastrana, Marisol Soengas, Vanessa de Velasco, Gabriela Uriarte, Sonia Sánchez y Ana Betegón - VIRGINIA CARRASCO

Las trampas de la igualdad cosmética

La sociedad europea ha avanzado en la equidad formal, pero no hay que bajar la guardia, alertaron las protagonistas del Santander WomenNOW Summit

MADRIDActualizado:

El nivel de estudios de la mujer está relacionado directamente con su independencia y por tanto con su capacidad para lograr la equidad plena con el hombre. Mientras más títulos, menos desempleo. Entre las que tienen estudios primarios y las que obtuvieron un posgrado hay tres veces más paro (del 39% al 13%), según el estudio «La mujer hoy», realizado de forma independiente por Laura Sagnier, autora del libro «Más cansadas que infelices», presentado ayer en una de las conferencias de la última jornada del Santander WomenNOW Summit. Dentro del hogar también cambian las cosas. Las mujeres que hacen las tareas solas, sin compartir la responsabilidad con el hombre, es de un 50% entre las que tienen menos estudios y del 14% entre las que tienen estudios superiores.

La independencia convertida en igualdad se traduce además en felicidad. El 21% de las universitarias se declaran infelices, mientras la cifra aumenta cuando sólo tienen estudios primarios hasta el 29%. Pero aunque las mujeres de ahora tienen más estudios, pasando del 2% de las abuelas al 13% de nietas que tienen postgrados y del 16% de la generación anterior que terminó una carrera al 42% actual de universitarias, «las mujeres son las que siguen lavando, planchando, cocinando, limpiando» y estas tareas no académicas condicionan sus valores. A medida que cumplen años la característica más valorada del trabajo ideal pasa de anteponer un buen sueldo a poder compaginarlo con la familia.

La trampa

«La conciliación sin corresponsabilidad previa es una trampa», advirtió Victoria Ortega, presidenta del Consejo General de la Abogacía, un órgano donde el 16% son mujeres, «un porcenaje lamentable» para un sector casi paritario. «Es poner las cosas muchísimo peor. En todo caso, la mujer estará impedida de subir en el trabajo y la empresa. Nos sentimos muy orgullosos porque aumentan las políticas de conciliación, pero no se ha hecho un trabajo previo de corresponsabilidad. Es una trampa y hay que tener cuidado». Alertaba, de esta manera, del peligro de una igualdad tan solo cosmética.

Además, Ortega, durante su intervención «Feminismo mañana» abogó por las cuotas, un tema que la mayoría de feministas prefiere dejar de lado. «Son necesarias e importantes si no hay otra forma de dar oportunidad a las personas. Tenemos la ley más avanzada de Europa, pero no es imperativa. Es como si dijera: el español procurará no defraudar al fisco’. ¡No!, hay que dar un ámbito de obligatoriedad. Las cuotas son necesarias en un principio y una vez que podamos demostrar lo que valemos no serán necesarias. Tengo pleno convencimiento de que esta vez se va a conseguir la igualdad».

En los distintos debates coincidieron, por ejemplo, Soledad Antelada, experta en ciberseguridad en el Laboratorio de Investigación Nacional Lawrence Berkeley (Estados Unidos); Marisol Soengas, jefa del Grupo de Melanoma del CNIO; Luz Rello, fundadora de Change Dyslexia; Adriana Scozzafava, directora gerente de Accenture; y Ana Belegón, coronel del Ejército del Aire. Ninguna estaba dispuesta a renunciar a lo que era, ni a su libertad individual para llegar a donde están ahora, en altos cargos de responsabilidad desde donde transforman el mundo. «No hay que masculinizarse», sostiene Joana Pastrana, boxeadora tres veces campeona de mundo. «Desempeño un deporte de hombres, pero yo visto como quiero y me considero muy femenina. Es mucho más bonito boxear a nuestra manera. Además hay un momento para todo. El trabajo está en el gimnasio y en el ring, y yo no suelo llevar unos guantes en el bolso».

Trabas sociales

«La libertad de elección es fundamental», sentenció Concha Monje, profesora experta en Robótica de la Universidad Carlos III, que alertó que la representación de la mujer es una «cuestión de supervivencia» en estos tiempos que la inteligencia artificial aprende de los debates públicos. Y para ganar esa libertad, se deben vencer las trabas sociales de las que «no somos conscientes hasta que crecemos. No somos tan libres», mantuvo Antelada. «Las barreras aumentan mientras más avanzas».

En lo económico, la mujer tiene un 12% menos ingresos, suele ser segundo titular de las cuentas por detrás del marido y tener una tolerancia al riesgo menor que los hombres, lo que hace que sus inversiones sean menos rentables, según datos suministrados por María Ruiz de Andújar, miembro del Comité de Dirección del Banco Santander. «No hay que bajar la guardia», exhortó Soengas.