Roma consagra a «el Pelé» la primera iglesia gitana

Junto al santuario mariano del Divino Amore, el más popular de Roma, se erige un templo a cielo abierto dedicado a la figura de Ceferino Giménez «el Pelé» (1861-1936), el primer beato gitano. La iglesia, obra de artistas gitanos, será inaugurada este domingo

TEXTO Y FOTO: JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL/
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ROMA. Una iglesia para nómadas es más acogedora sin paredes ni techo, por lo que el primer templo para gitanos en Roma, que será consagrado este domingo, es un bellísimo espacio a cielo abierto dedicado a Ceferino Giménez «el Pelé», en una colina boscosa del santuario mariano del Divino Amore, el más popular de la Ciudad Eterna.

La iglesia de Ceferino, toda ella obra de artistas gitanos, tiene su altar en el centro como un fuego de campamento o el eje de una rueda, y consiste en un círculo de 12 grandes piedras, como las tribus nómadas de Israel o los 12 apóstoles. La cruz desnuda acompaña a una moderna estatua en bronce de Ceferino, mártir, representado como un árbol y con el rosario que los milicianos de Barbastro (Huesca) le propusieron tirar el 2 de agosto de 1936 a cambio de perdonarle la vida después de arrestarle por defender en la calle a un sacerdote detenido.

«El Pelé», que rezaba en el catalán de su infancia, prefirió acompañar en el martirio a los misioneros claretianos y al obispo, Florentino Asensio Barroso, del que era consejero y con quien fue beatificado por Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997, dando al pueblo gitano un primer ejemplo de santidad esperado durante 2.000 años.

En la fachada de la basílica de San Pedro, un gran tapiz representaba a Ceferino Giménez Malla, «el Pelé», con un rosario y un paraguas en su mano izquierda mientras lleva de una cuerda con la derecha uno de los caballos que solía comprar en Francia y vendía en Aragón. Era un tratante honrado e incluso rico hasta que, ya viudo, dedicó su patrimonio a ayudar materialmente a «calés» y «payos» necesitados.

Según Juan Pablo II, «era un gitano admirable por su seriedad y su sabiduría de hombre y de cristiano». Había sido concejal pero sobre, todo, era un hombre conciliador, a cuyo juicio arbitral acudían «calés» y «payos». La iglesia de Ceferino queda muy cerca del santuario de Majarí Calí (la virgen María) que protege Roma bajo la advocación del Divino Amore. El Amor Divino, o sea, el Espíritu Santo.