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El raro comportamiento del agujero de la capa de ozono este año

Se ha formado dos semanas antes de lo normal y se encuentra descentrado, según los datos de Copernicus

ABC
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El agujero de ozono en la Antártida ha comenzado a formarse aproximadamente dos semanas antes de lo que se esperaba y, además, el episodio de este año resulta «peculiar», según los datos del Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS) de la Unión Europea.

La capa de ozono se encuentra en la estratosfera, en lo alto de nuestra atmósfera, y se extiende desde los 15 hasta los 35 kilómetros de altura aproximadamente. Esta capa actúa como un escudo para proteger la vida humana de los efectos dañinos de la radiación ultravioleta. El primer agujero de ozono en la atmósfera surgió hace varias décadas y su aparición se debió a las emisiones nocivas generadas por el hombre. Tras detectarse, se decidió monitorizar su evolución de forma constante.

Ahora los datos del CAMS muestran que el agujero de ozono está descentrado y las previsiones apuntan a indicios de inestabilidad debido al considerable dinamismo de la actividad registrado en el tramo correspondiente de la estratosfera. Como resultado de ello, la extensión espacial del agujero de ozono está ahora progresando a un ritmo notablemente inferior de lo habitual. Esto podría traducirse en un episodio de agujero de la capa de ozono de menor tamaño y, posiblemente, de menor duración.

El agujero de ozono surgió por el uso de sustancias químicas procedentes de aerosoles, refrigerantes, pesticidas y disolventes. Las Naciones Unidas crearon el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono para conmemorar la firma del Protocolo de Montreal en 1987 por parte de 196 Estados y la UE, en el que se estipulaba la prohibición de las principales sustancias químicas que agotan la capa de ozono. El día fijado por la ONU para esta celebración internacional es el 16 de septiembre, y la de este año, con el lema «32 años de recuperación», conmemorará la recuperación gradual del agujero de ozono.

¿Cómo se produce?

Cada año, con el inicio de la primavera austral en septiembre, el Antártico es objeto del resurgimiento del agujero de ozono. Este fenómeno se produce porque, durante el invierno del hemisferio sur, toda la región polar queda sumida en la oscuridad, lo que provoca la formación de una singular configuración del viento denominada «vórtice». Las sustancias químicas que contienen bromo y cloro se acumulan en el vórtice polar y permanecen químicamente inactivas en la oscuridad, cuando las temperaturas pueden descender hasta los -78 grados Celsius y se produce la formación de cristales de hielo en las nubes estratosféricas polares que desempeñan un papel clave en las reacciones químicas. A medida que el sol sale por el polo, la energía que desprende activa los átomos de cloro y bromo previamente inactivos en términos químicos que se encuentran en el vórtice. En consecuencia, al pasar a estar químicamente activos, estos átomos destruyen rápidamente las moléculas de ozono, lo que provoca la formación del agujero de ozono.

Los informes del CAMS contribuyen a la observación del desarrollo del agujero de ozono desde mediados de julio hasta su disolución, que habitualmente se produce a finales de noviembre o en diciembre. Por lo general, el agujero de ozono alcanza su punto máximo entre mediados de septiembre y principios de octubre. Según la Evaluación científica del agotamiento de la capa de ozono (edición de 2018) elaborada bajo los auspicios de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la recuperación de la capa de ozono hasta los niveles anteriores a 1970 tendrá lugar en torno a 2060.

«No hay motivos para la autocomplacencia», comenta Vincent-Henri Peuch, responsable del Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS). «La recuperación de la capa de ozono depende del cambio climático, dado que este puede contribuir al enfriamiento de la estratosfera a largo plazo, lo que podría exacerbar la pérdida de ozono y retrasar el proceso. Además, la posibilidad de que se generen emisiones no autorizadas de sustancias que agotan la capa de ozono no puede descartarse. De hecho, en 2018 se detectaron emisiones del segundo clorofluorocarburo más abundante: el CFC-11 y estas pudieron rastrearse de forma inequívoca para adoptar las medidas oportunas. Resulta sumamente importante mantener los esfuerzos internacionales por monitorizar la recuperación de la capa de ozono y los acontecimientos relacionados con el agujero».