El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello
El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello - Eduardo De San Bernardo

El portavoz de los obispos afirma que la homosexualidad «no se cura»

Explica, sin embargo, que es «legítimo» que las personas que «viven con preocupación su orientación sexual» busquen «acompañamiento en la Iglesia»

Madrid Actualizado: Guardar
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Los prelados españoles cerraron filas en torno al obispo de Alcalá de Henares, monseñor Juan Antonio Reig Pla, ante la «manipulación de la verdad y la desinformación intencionada» sobre los supuestos cursos del Centro de Orientación Familiar (COF) de dicha diócesis para «curar» la homosexualidad.

En una nota al término de la reunión de la Asamblea Plenaria, los obispos lamentan que la información publicada esta semana por un medio digital «termine provocando el 'odio' que se dice querer denunciar» y manifestan su «rotundo rechazo» a la irrupción de un grupo de «personas vociferantes» en la catedral Magistral de Alcalá de Henares, donde se estaba celebrando la liturgia.

El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), monseñor Luis Argüello, también se refirió este viernes a este asunto. Durante una rueda de prensa al finalizar el encuentro de los obispos, lamentó que «quienes acusan a la Iglesia de odio tengan un gesto tan poco amable como irrumpir en una Iglesia durante la celebración litúrgica». «A eso podríamos llamarlo liturgiofobia», aseveró.

«La muerte provocada nunca es la solución a los conflictos, ni en el caso del aborto ni en el de la eutanasia»

El obispo auxiliar de Valladolid también criticó la manera en la que el periodista pretendió conseguir la información, al camuflarse como un usuario del Centro de Orientación Familiar y «sorprender la buena fe» de las personas que allí trabajan.

A renglón seguido, el portavoz de los obispos explicó el equívoco que se ha generado en torno a la palabra 'curar'. «La homosexualidad no se cura. Es evidente porque ha tenido todo un desarrollo en la tradición médica y no hay terapia restautrativa en ese sentido», indicó. Sin embargo, precisó que la Iglesia ha utilizado «tradicionalmente» este término desde «el punto de vista de la sanación espiritual».

Partiendo de esta premisa, el prelado recordó la Iglesia «tiene competencia para acompañar a las personas que viven con preocupación o malestar su orientación sexual y quieren libremente buscar en la Iglesia un acompañamiento para ayudarles a vivir ese momento». «Nos parece legítimo que quien libremente quiera y pueda se acerque a la Iglesia y busque compañía, discernimiento y amistad», insistió.

La eutanasia «no es la solución»

Monseñor Luis Argüello lamentó este viernes la muerte por suicidio asistido de una mujer que padecía esclerosis múltiple y se encontraba en estado terminal. En plena campaña electoral, el prelado lamentó que «una situación excepcional y con una enorme carga emocional» como la de María José sea utilizada por los partidos políticos para jalear la legalización de la eutanasia.

«La muerte provocada nunca es la solución a los conflictos ni en el caso del aborto ni en el de la eutanasia ni en otras situaciones de la vida ordinaria en que la muerte es consentida, como tantas personas que mueren en el Mediterráneo», aseveró monseñor Argüello. Según recordó, en la larga tradición médica e incluso en el propio juramento hipocrático, «ningún médico ayuda al paciente a provocarse la muerte».

A pocas semanas de las elecciones generales, el portavoz de los obispos reivindicó una ley que reconozca la vida como un derecho fundamental del que cuelgan todos los demás derechos. «Hay que ayudar a los enfermos terminales a través de los cuidados paliativos y ofrecer compañía y apoyo a los cuidadores y a sus familiares para que puedan sobrellevar ese momento tan singular en el que la persona está dolorida, sufriente y sin esperanza», afirmó el prelado, quien aclaró que si bien «la Iglesia apuesta por la defensa de los cuidados paliativos, no está a favor del ensañamiento terapéutico».

Lejos de cualquier actitud de condena, el secretario general de la Conferencia Episcopal trasladó a la familia de la mujer fallecida su «más sentido pésame» y aclaró que «no piensa en la cárcel para nadie». El marido de la paciente terminal, Ángel H., podría enfrentarse a penas de hasta diez años de prisión por facilitar el suicidio a su mujer.