Andrés Díez y Mario Hernández señalan las heridas de un árbol por el efecto de una riada
Andrés Díez y Mario Hernández señalan las heridas de un árbol por el efecto de una riada - De San Bernardo

«Podríamos salvar más vidas educando sobre las riadas que con obras e infraestructuras»

Un campamento infantil que incluye formación sobre riesgos hídricos logra un galardón de la Fundación Botín

MadridActualizado:

La riada llegó a alcanzar los siete metros de altura en algunos puntos. Fue en la cuenca del río Alberche, en la provincia de Ávila, en el invierno de 1997. Desde entonces, en el área se han instalado seis pluviógrafos, tres estaciones meteorológicas, un limnímetro, medidores de humedad y diversos radares. «Es la cuenca más instrumentada de España», dice el geólogo Andrés Díez. Cada gota que cae está controlada y así fue como una zona con peligro de inundaciones cada 500 años se ha convertido en un lugar de aprendizaje. Desde unas instalaciones seguras, cada verano hasta 520 niños de entre 7 y 13 años acuden al campamento Venero Claro, en donde reciben formación sobre riesgos de inundación, gestión y respuesta en caso de desastre.

El programa ha sido uno de los galardonados con el V Premio al Talento Joven para la Gestión Sostenible del Agua que organiza cada año el Observatorio del Agua de la Fundación Botín y que también premió un sistema para la potabilización de aguas y otro para rastrear los mercados informales del agua. El proyecto de Venero Claro, presentado por Díez, gira en torno a la educación. El geólogo es un firme defensor de que la concienciación sobre los riesgos del agua y la formación en medidas de autoprotección salvan vidas, y más en un país en donde en 20 años han fallecido 300 personas por inundaciones. Lo importante es transmitir esos conocimientos de una forma práctica y eficaz.

Por ello, cuando empiezan las clases en el campamento, sus alumnos se llevan una sorpresa. «Los que vienen por primera vez alucinan», cuenta Mario Hernández, psicólogo especialista en riesgos y parte integrante del proyecto. Las clases incluyen la visita a las instalaciones de monitorización de la zona y los instrumentos con los que se trabajan. «Todos quieren soplar en el molinete», ilustra Díez sobre uno de los instrumentos de medición. Pintan de colores cantos rodados del río y, al año siguiente, comprueban cuánto han sido desplazados. Así aprenden sobre la fuerza de arrastre del caudal. Observan, a través de las heridas de los troncos de los árboles, si en la zona se han producido inundaciones en el pasado. Y participan en un trivial con preguntas sobre cómo moverse, refugiarse o pedir ayuda en caso de inundación.

«Nuestras actividades son de las más valoradas», cuenta Hernández. Los juegos evitan el alarmismo y aportan herramientas útiles para la vida. «No se trata solo de enseñar a un niño cómo huir de una riada; de adulto también se fijará si la casa que va a comprar está en una zona con riesgo. Una persona concienciada es una persona que no va a estar expuesta», comenta.

Trabajar en la percepción

El último verano, por primera vez, completaron las actividades con un estudio para ver hasta dónde calaban sus clases. Si antes de empezar los menores tenían unos conocimientos medios puntuados en un cuatro sobre ocho, al terminar el campamento superaban el seis. El escollo ahora es llegar al grupo «de mayores». Creen que lo salvarán con el videojuego Minecraft, que adaptarán para simular una zona con riesgo de inundación.

«En los planes de gestión del riesgo de inundación, el objetivo número uno es aumentar la percepción del riesgo», dice Díez, «pero se ha olvidado la concienciación, que es la actividad más barata y más eficaz» para luchar contra el desastre. El geólogo pone como ejemplo los 23 muertos de este año. «El 80% han sido por el arrastre de un vehículo al intentar cruzar una riera». Por ello, defiende, con que un 10% de sus alumnos alerten a sus padres sobre el peligro, «salvamos más vidas que con obras e infraestructuras». Ahora, su experiencia traspasará el campamento: la integrarán en un plan de investigación para Zamora llamado DRAINAGE.