El Papa Francisco, en una foto de archivo.
El Papa Francisco, en una foto de archivo. - EFE

El Papa invita a setenta mil jóvenes a «no tener miedo al amor, que es imagen de Dios»

Les grita, en el Circo Máximo: «¡No os dejéis robar vuestros sueños!»

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En el escenario del martirio de los primeros cristianos, el Papa Francisco ha invitado el sábado a setenta mil jóvenes italianos a no tener miedo al amor humano comprometido, y a no dejar que adultos escépticos o amargados les roben los sueños.

A la hora del atardecer, el Circo Máximo estalló en entusiasmo a medida que Francisco recorría en “papamóvil” descubierto los pasillos abiertos entre la multitud de jóvenes venidos de toda Italia, pero también de otros países pues entre los gritos de bienvenida se oía también el rítmico «Esta es / ¡la juventud del Papa!».

Una muchacha italiana le entregó como regalo de bienvenida un báculo pastoral muy sencillo, hecho con una rama de árbol como las que muchos de ellos han utilizado para caminar cientos de kilómetros como peregrinos hasta la Ciudad Eterna.

El encuentro fue un diálogo, abierto por Letizia, una estudiante de 23 años, que deseaba estudiar historia del Arte, pero recibió el consejo de estudiar Economía «pues responde mejor a las necesidades del mercado». No hizo caso y hoy es feliz, un modelo para otras chicas.

El Papa le respondió que «los sueños son importantes, y los sueños de los jóvenes son más importantes todavía. Un joven sin sueños está anestesiado. ¡No entiende el sentido de la vida! ¡Los sueños tiran de ti! Son como estrellas…».

En tono amable pero enérgico, Francisco les decía: «¡No os dejéis robar vuestros sueños! Buscad buenos maestros que os ayuden a entenderlos y a realizarlos poco a poco, con serenidad. Pero no seáis jóvenes de sillón, "jubilados" a los veinte años».

Y añadía: «¿Donde se compran las pastillas para soñar?». Sabiendo que la palabra llevaba a pensar en las drogas sintéticas que consumen muchos de sus amigos, Francisco les dijo sonriendo: «¡No! ¡Esas pastillas no! Esas te destrozan las neuronas, ¡te destrozan la vida!».

Sus palabras eran una llamada al realismo y a un optimismo activo. Tenía ante sí en el inmenso espacio del Circo Máximo, los rostros, brazos y corazones que representan un futuro hecho de personas buenas, incluidas muchachas y muchachos de otras religiones o sin ninguna, que acudían a escuchar a Francisco como líder en humanidad, un rasgo que a veces escasea en nuestras sociedades.

El Papa les animaba a evangelizar con hechos, no con palabras o estructuras, pues «el clericalismo es una perversión de la Iglesia. Una Iglesia sin testimonio personal es solo humo».

También les habló de un joven italiano rico, pero, a la vez, generoso, que se despojó en público de sus ropas lujo… «era en el siglo XIII, en Asís y se llamaba Francisco. Y ya veis…». El ejemplo del santo italiano más popular en el mundo hablaba por sí solo de generosidad, acción y optimismo, igual que una frase de San Juan XXIII que el Santo Padre les animó a repetir juntos para poder recordarla: «No he conocido nunca a un pesimista que haya hecho algo bueno».

Martina, de 24 años, le contó ante todos que tiene novio, y que su sueño, «aunque a veces me da un poco vergüenza decirlo», es ser madre algún día, incluso renunciando a ascensos profesionales, «y no lo voy a abandonar, aunque suponga renuncias».

Conmovido y sonriente, Francisco la felicitó en público antes de comentar que «la libertad consiste en elegir, y cada elección crea vínculos. Pero la libertad es un gran don, que se desarrolla en las opciones que hemos escogido. Y la elección mejor es la del amor, el verdadero amor, que viene cuando quiere. Los jóvenes sabéis distinguir el amor verdadero del entusiasmo disfrazado de amor. ¡No sois tontos!».

Una y otra vez, los aplausos rotundos marcaban la sintonía de los participantes con el programa que les presentaba el Papa, dirigido a jóvenes de hoy, a personas de a pie, con sus problemas, no a «superhéroes».

Francisco les hablaba con entusiasmo de un amor humano «valiente, en el que "pongas toda la carne en el asador" como decimos en Argentina. El amor es imagen de Dios, el amor de un hombre y una mujer, dejando incluso al padre y a la madre para ser una sola carne. Esto es el amor».

En el amor -les dijo-, «la misión del novio o del marido es hacer más mujer a la novia, y al revés. Se mejoran mutuamente, se hacen mas humanos. Un ideal así no se debe retrasar por otros intereses».

El encuentro incluyó momentos de emoción como los movimientos de danza de una atleta paralítica que en realidad resultaron de dos personas: ella y otra chica que sí podía mover las piernas.

El Papa reservaba sus consideraciones más espirituales para una meditación final centrada en dos personas enamoradas de Jesús que fueron los primeros testigos de su resurrección: María Magdalena y Juan, el discípulo joven. Este domingo recibe de nuevo a los jóvenes en la Plaza de San Pedro.