El Papa besa al Niño Jesús durante la Misa de Nochebuena en la Basílica de San Pedro - REUTERS

El Papa invita a «descubrir en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría y el sentido de la vida»

Recuerda en la Nochebuena que «hay niños en refugios de bombardeos, en las aceras y en las barcazas de inmigrantes»

CORRESPONSAL EN EL VATICANOActualizado:

En el clima íntimo, casi mágico, de la misa de Nochebuena en la basílica de San Pedro, el Papa Francisco ha invitado a los cristianos a «encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría y el sentido de la vida». Y a descubrir «un Dios enamorado de nosotros, que nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil».

Saliendo al paso del inevitable ajetreo en los preparativos de la fiesta, el Papa ha sugerido que «si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado... Allí está Dios».

Para Francisco la Nochebuena «es una noche de alegría, porque Dios, el Eterno, el Infinito, se hace ‘Dios con nosotros’: no está lejos, no debemos buscarlo en las órbitas celestes o en una idea mística; se ha hecho hombre y no se cansará jamás de nuestra humanidad, que ha hecho suya».

En su línea de enlazar el Evangelio con la vida de cada uno, Francisco afirmó que «el Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables». Por eso, «nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido de la vida».

Al mismo tiempo, el nacimiento de Jesús en unas condiciones lamentables es, según el Papa una llamada a examinar el modo en que cada uno presta su ayuda o bien ignora a las personas en dificultades graves, a veces en riesgo de perder la vida.

Su consejo a los cristianos en la Navidad es: «dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, yacen en el refugio subterráneo para escapar de los bombardeos, sobre las aceras de una gran ciudad, en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes».

En una clara defensa de los más vulnerables o explotados, Francisco añadió: «dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, por los que lloran porque nadie sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas».

Insistiendo en facilitar a cada oyente un examen personal, Francisco alertaba del peligro de caer en el egoísmo «cuando la Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de Él; cuando las luces del comercio arrinconan la luz de Dios; cuando nos afanamos por los regalos y permanecemos insensibles ante quien está marginado».

El Vaticano anunció el sábado la entrega de seis millones de euros a 59 proyectos de reconstrucción social o de solidaridad en Ucrania. En breve tiempo se adjudicarán otros seis millones, procedentes del resto de la colecta promovida por Francisco en las iglesias europeas el pasado 24 de abril.

Los gestos de caridad del Papa

El ejemplo de gestos de caridad del Papa Francisco se ha traducido en millares de iniciativas en todo el mundo para hacer posible que todas las personas sin recursos puedan celebrar la fiesta de la Navidad.

Tan solo la Comunidad de San Egidio, que se distingue en ese terreno, ha organizado comidas navideñas para doscientas mil personas pobres en ciudades de los cinco continentes.

En los últimos días han llegado señales positivas de muchos lugares. Por ejemplo, la «Casa de la Fatwa», presidida por el Gran Muftí de Egipto y encargada de dictar orientaciones religiosas, ha vuelto a indicar a los musulmanes de Egipto que feliciten la Navidad a sus amigos y conocidos cristianos, en la línea de facilitar el buen entendimiento y la vida en paz en el propio país.

Repetir la «fatwa» se había vuelto necesario ante la campaña venenosa de algunos predicadores salafistas que insisten en evitar cualquier entendimiento con las otras religiones.

El Papa imparte este domingo a mediodía desde el balcón de la basílica de San Pedro la bendición «Urbi et orbi», a »la ciudad y el mundo entero».