María Sevilla, segunda por la derecha
María Sevilla, segunda por la derecha

El padre del menor sustraído: «He estado con psicólogos y pastillas para sobrellevarlo»

Rafael y María Sevilla, presidenta de la asociación Infancia Libre, rompieron en 2010, con un hijo en común

Madrid Actualizado: Guardar
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Rafael no tiene que hacer memoria para acordarse de la fecha exacta: fue el 19 de noviembre de 2011. Ese día fue el primero de un calvario al que el sábado de madrugada puso fin la Policía Nacional: el de no poder ver ni hablar con su hijo, S., que se encontraba con su madre desde hacía años pese a que los tribunales habían dirimido la custodia a su favor. «He estado con psicólogos, con pastillas... si no esto no se puede sobrellevar», explica a ABC, ahora con voz de alegría y de camino a casa, donde está el pqueño, y sin olvidarse del gran apoyo, «fundamental», de familiares y amigos.

Rafael y María Sevilla, presidenta de la asociación Infancia Libre, rompieron en 2010, con un hijo en común. No estaban casados, por lo que al separarse llegaron a un pacto. «No estaba de acuerdo, pero podía ver a S.; pude ver al niño hasta noviembre de 2011. Hasta que ella un día decidió dejar las visitas», dice Rafael.

Para entonces María había recompuesto su vida, se había casado y continuaba vinculada a la Iglesia Evangélica, a la que se había acercado cuando su relación con Rafael estaba en sus peores momentos. Sin embargo, el problema durante la separación estalló, según cuenta Rafael, porque María no siempre cumplía con su acuerdo sobre las visitas. «Si algo no le agradaba, te dejaba sin ver al niño», dice Rafael. Y él no pudo más.

Adaptación

«Todo se desencadenó cuando le dije que no podía seguir así, que había que regularizarlo. Ella puso el grito en el cielo. Me dijo que me iba a enterar y un montón de barbaridades». A partir de entonces no volvió a ver al pequeño, asegura. También se inició toda una batalla judicial que terminó por concederle la custodia y una orden de busca y captura para su ex.

Pese al tiempo transcurrido, el padre de S. asegura que el pequeño le ha reconocido, tanto a él como al resto de familiares, y que está feliz. Quiere dejarle espacio, que hable cuando quiera. También dice que «por supuesto», contarán con el apoyo de psicólogos para la transición y adaptación del menor. Por ahora, el sábado fueron a comprar ropa «porque no tenía», y propuso al pequeño ir a comer a un restaurante, aunque tenía miedo de comer fuera. Ahora toca recuperar el tiempo perdido.