Los obispos denuncian «la asfixia» que sufre la familia
JAIME GARCÍA

Los obispos denuncian «la asfixia» que sufre la familia

En sus cartas pastorales y homilías de hoy hacen un llamamiento «a no permanecer impasibles» ante «los serios peligros»

LAURA DANIELE | MADRID
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«No podemos permanecer impasibles» ante «la situación de asfixia» y de «serios peligros» que enfrenta hoy la familia en España. Este es el mensaje que se desprende de las cartas pastorales y las homilías que pronunciarán hoy los obispos españoles, con motivo de la festividad de la Sagrada Familia, y cuya principal celebración eucarística tendrá lugar este mediodía en la plaza de Colón de Madrid, presidida por el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el cardenal Antonio María Rouco Varela.

Si bien no deja de ser un problema global, es especialmente singular la situación que atraviesa esta institución en nuestro país como consecuencia de una oleada de reformas legislativas que en los últimos años han puesto en jaque, no sólo desde el punto de vista de la Iglesia católica sino también de diversas asociaciones y organizaciones civiles, el verdadero sentido de la familia en la sociedad. En un tono de denuncia, los obispos señalan «que algo no va bien, que la familia necesita una atención singular» y reclaman medidas que ayuden a «superar la desfiguración sustancial» que sufre la institución.

Seis graves amenazas

En concreto, el vicepresidente del Episcopado y obispo de Bilbao, monseñor Ricardo Blázquez, enumera en la homilía que pronunciará hoy en la Catedral de Bilbao seis de los «graves acosos y sufrimientos» que aquejan a la familia «desde su interior pero también infligidas por el ambiente cultural y desde algunas leyes». Estos son: el matrimonio homosexual, el divorcio exprés, la falta de conciliación entre la vida familiar y laboral, la crisis económica, la baja tasa de natalidad y la violencia de género.

«La familia necesita una atención singular. A nadie queremos acusar, sino acercarnos atenta y amablemente a sus preocupaciones», señala el prelado, para quien la reforma del Código Civil para dar cobertura legal al matrimonio homosexual es unos de los problemas más acuciantes. «En todas las culturas -recuerda- y a lo largo de la historia, el matrimonio es la unión del varón y la mujer. Deseamos vivamente que podamos volver pronto en nuestro país a superar la desfiguración sustancial que significa llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. ¿No es una pérdida lexicográfica y sobre todo humana el que en el Código hayan sido suprimidas las palabras «padre» y «madre»?».

Otro «duro golpe a la estabilidad del matrimonio» es para el prelado, la entrada en vigor del «divorcio exprés», ya que las rupturas suponen siempre «un enorme sufrimiento de los esposos, de sus familias y particularmente de los hijos, por más que se intenten reducir sus efectos y paliar el déficit de los padres unidos». «Si el sentido de este dinamismo no cambia, -advierte-cada día habrá más víctimas y más preocupante será el futuro de la sociedad».

Los tres millones de parados y los cientos de miles de familias que se han visto arrojadas a la pobreza como consecuencia de la crisis económica también se suman a las preocupaciones de este obispo. Para monseñor Blázquez, ante la actual circunstancia de «estrechez» que padecen muchas familias sería «una irresponsabilidad» debilitarla aún más «por escasez de ayudas y de apoyos». Y es que, según recuerda, siempre merece la pena hacer todos los esfuerzos por proteger a la familia, ya que éste es el «ámbito adecuado a la dignidad de la persona para ser concebida, ser gestada y recibida, ser criada, educada e iniciada en la vida. Por este motivo el futuro y la esperanza de la sociedad pasa por la familia».

El obispo de Almería, Adolfo González Montes, por su parte, achaca al relativismo moral y a la ideología de género la actual «desfiguración» que sufre esta institución. Así, en su carta pastoral de esta semana alerta que «el relativismo moral que nos acosa descalifica la realidad natural, social y jurídica de la familia como si una institución atrasada se tratase», mientras que la ideología de género «reivindica con gran beligerancia que la sexualidad ha de tener la orientación que cada cual elija sin prejuicios».

«Situación de asfixia»

«Se había dicho -advierte- que rompiendo el tabú de la institución del matrimonio como indisoluble se acabaría con la violencia doméstica. Después ha venido la consideración ante la ley de la igualdad de todas las uniones entre hombre y mujer y las uniones entre personas del mismo sexo. La realidad es que el abuso del divorcio, prácticamente libre, y la exclusión del Código Civil de la institución del matrimonio como tal, han conducido a la familia a una situación de asfixia». El mismo efecto ha tenido para el prelado la actual ley del aborto, y que a pesar de sus patentes deficiencias pretende ahora el Gobierno socialista flexibilizar con una eventual ley de plazos.

«Los cristianos -señala- no podemos permanecer impasibles ante el avance tan aterrador del aborto. Más de 112.000 abortos en un sólo año; más de tres millones en las últimas tres décadas. ¿Acaso esto no es genocidio? El aborto no puede ser un método de control de la natalidad ni una práctica contra el embarazo no deseado. ¿Es coherente defender un proyecto ecológico sostenible mientras se promueve una ley de plazos para abortar, y se pacta con las industrias de la muerte que han hecho de práctica abominable del aborto un medio comercial y un negocio?».

El obispo de Palencia, monseñor José Ignacio Munilla, también se hace eco de este tema en su carta pastoral en la que invita a los fieles de su diócesis a acudir a la misa de hoy en Madrid, al afirmar que asistiendo a esta celebración «prestaremos nuestra voz a los que no la tienen: los 112.138 niños sacrificados el año pasado en España. Ellos no tienen sindicato que les defienda, ni partido político que represente. Su clamor llega al cielo, ciertamente, pero tiene también que alcanzar al resto de la sociedad, sirviéndose de nuestro pequeño «altavoz»».

«Escuela de humanidad»

También señala que «ante el influjo del laicismo imperante» que ordena «descolgar las cruces de las paredes o hacer desaparecer los belenes y demás signos religiosos propios de la Navidad», la multitud que acuda a la Eucaristía será «un testimonio de que Dios «vive» y «habita» entre nosotros».

A pesar del difícil panorama que describen los obispos en sus mensajes para la jornada de hoy, todos coinciden en señalar que la familia no ha dejado de pasar inadvertida y que siempre habrá hombres de buena voluntad dispuestos a seguir trabajando a favor de esta institución. «La familia es la mejor escuela de humanidad, porque en ella se aprenden los valores humanos y cristianos, la solidaridad, la cercanía, el perdón, la responsabilidad, la ayuda, las virtudes. La familia es un valor con futuro, si ella está sana, la sociedad estará sana», apunta monseñor Lorca Planes, obispo de Teruel y Albarracín.