Una de las páginas de Facebook hoy bloqueadas
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El macabro reto de la «ballena azul», ¿una leyenda urbana?

A día de hoy no hay ninguna muerte reconocida oficialmente por el supuesto juego viral, ni siquiera en Rusia donde se originó el fenómeno

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«Creo que mi hija estaba haciendo el juego de la "ballena azul"», relata la asustada madre de una adolescente rusa de 14 años que vive en Marbella y que descubrió que la chica «se había escrito F57 en la muñeca y tenía cortes en el antebrazo». La Policía Nacional está investigando esta denuncia, aunque «no está certificado que estemos ante un hecho que ya pueda darse como confirmado», se apresuró a señalar el Delegado del Gobierno en Marbella.

La Ertzaintza investiga otros dos posibles casos en el País Vasco y hay otros seis bajo estudio en Cataluña. Hasta el momento, no se ha confirmado la existencia de que detrás de las acciones de estos menores esté un «curador» o instigador que les haya impulsado a realizar este presunto reto viral de 50 pruebas que finaliza con una incitación al suicidio. Según fuentes de los Mossos, la difusión del juego ha podido provocar un efecto contagio. Los adolescentes estarían imitando comportamientos vistos tras la propagación del fenómeno en los medios y las redes sociales. Afortunadamente, ninguno llegó hasta el final.

En el caso de María, nombre ficticio de la madre de la adolescente de Marbella, fueron sus familiares en Rusia quienes le hablaron de la «ballena azul». Allí saltó a los medios de comunicación en la primavera de 2016, cuando el diario « Novaya Gazeta» publicó un reportaje en el que se decía que hasta 130 menores podían haberse suicidado siguiendo las indicaciones de «grupos de la muerte» formados en la red social VKontakte (un Facebook ruso). «Al menos» 80 de los suicidios, afirmaba «Novaya Gazeta», estaban vinculados al juego de la «ballena azul». Sin embargo, a día de hoy no hay ninguna muerte reconocida oficialmente en Rusia que tenga que ver con la «ballena azul», según informa Rafael Mañueco, corresponsal de ABC en Moscú.

Ni siquiera se ha podido confirmar que el macabro juego estuviera relacionado con la muerte de Rina Palenkova, una adolescente que se quitó la vida tirándose a las vías de un tren tras compartir una foto suya en VKontakte. La imagen de Rina impactó a la sociedad rusa, sobre todo a los adolescentes que comparten en internet pensamientos suicidas. Su caso fue el detonador del fenómeno de la «ballena azul». Rina «se convirtió en la figura central de un extraño grupo de culto» señala Snopes, una página especializada en desmentir informaciones falsas que ha rastreado la difusión de esta historia sin hallar ninguna prueba de suicidios relacionados con el juego. Tampoco la investigación llevada a cabo por Radio Free Europe pudo confirmar ningún caso.

Una de las pocas fotos viralizadas sobre la "ballena azul" de la que se desconoce su origen
Una de las pocas fotos viralizadas sobre la "ballena azul" de la que se desconoce su origen

El artículo de «Novaya Gazeta» fue duramente criticado por la web Medusa, que achacó falta de objetividad a su redactora y le reprochó que no se hubiera puesto en contacto con los administradores de esos «grupos de la muerte» de los que hablaba. El diario ruso aseguró que habían intentado contactar sin éxito con las comunidades de «ballena azul» antes de la publicación. Días después, un editor adjunto y otro periodista fueron suspendidos por «métodos inaceptables» empleados en un artículo de seguimiento del tema.

La difusión de estas informaciones impulsó a administradores de algunas de esas comunidades con nombre de ballenas a jugar con el misterio que les rodeaba, publicando mensajes crípticos para hacerlas parecer exclusivas y reservadas, apunta Buzzfeed News. El fenómeno de la «ballena azul» se fue inflando en medios y redes sociales y saltó a otros países. Actualmente se investiga la posible relación del juego con suicidios y lesiones de jóvenes en Colombia, Chile, Brasil, Bolivia o Uruguay, pero de momento, no hay ningún caso confirmado.

Un administrador de varios «grupos de la muerte» llamado Philip Budeykin, aunque más conocido como Filipp Lis, fue detenido el pasado noviembre en Rusia acusado de incitar a una quincena de adolescentes al suicidio. En una grabación publicada en la web Saint-Petersburg.ru poco después de su arresto, el joven de 21 años señalaba que «F57», el nombre de uno de estos grupos de «ballena azul», no tenía ningún significado oculto, era simplemente la primera letra de su nombre y los dos últimos de su número de teléfono. En esta entrevista afirmaba que «estaba limpiando nuestra sociedad» de «residuos biodegradables».

Sin embargo, Lenta.ru investigó el asunto y concluyó que el principal objetivo que buscaba F57 era convertirse en famoso y llegar a un público más amplio. Ha llegado a decirse que F57 había muerto, víctima de su propio juego, pero lo cierto es que sigue en arresto provisional. El pasado 11 de mayo, Budeykin se declaró culpable de incitación al suicidio, según medios rusos que citan a un representante del tribunal de San Petersburgo.

Las autoridades rusas han identificado desde el comienzo de 2017 más de 4.000 grupos y páginas personales con información con métodos y llamadas de suicidio, que han sido bloqueados y su contenido retirado. La defensora del menor rusa Anna Kuznetsova ligó el aumento de suicidios infantiles a estos «grupos de la muerte». «De 2011 a 2015, el número de suicidios disminuyó de manera constante en un 10% por año, de los 728 de 2011 a los 460 en 2015. Sin embargo, en 2016 hubo un fuerte aumento (720 suicidios)», dijo en una información publicada en News.ru. Los datos del Ministerio del Interior ruso revelan, no obstante, que las principales causas tienen que ver con conflictos familiares o amores no correspondidos y solo en un 1% habrían influido los llamados «grupos de la muerte».

Un proyecto de ley presentado en marzo prevé establecer penas de hasta seis años de prisión por la creación en redes sociales de «grupos de la muerte» que insten al suicidio.

Eugene Venediktov, director del Centro de legitimidad y estudios políticos de protesta, explicó el pasado febrero en el diario Izvestia que la propagación del juego requería un trabajo metódico para contactar con cientos de cuentas de adolescentes. En su opinión, «hay gente que pone dinero» para llevarlo a cabo y apuntó a «servicios de inteligencia extranjeros». Anton Elizarov, experto en márketing por internet, señaló a «nacionalistas ucranianos».

Una interpretación incorrecta de leyendas urbanas

Investigadores del equipo de «Seguimiento del folklore real» del Instituto de Ciencias sociales de la universidad Ranepa de Moscú sostienen en Medusa, sin embargo, que las historias de horror sobre «la ballena azul» son leyendas urbanas. Según el avance de una investigación publicado en abril por la revista rusa Snob, el reportaje de «Novaya Gazeta» fue el resultado de una interpretación incorrecta de las leyendas urbanas y de internet. En los «grupos de la muerte» se hace una «estetización del suicidio», un fenómeno extendido en la subcultura de internet, pero su propósito no sería conducir a la muerte de los adolescentes, sino llevarlos «a experimentar el estrés psicológico, a sentirse «elegidos», encargados de una difícil misión».

Estos antropólogos rusos recuerdan cómo hace años se hablaba del poder hipnótico de vídeos, música o combinaciones de números difundidas por televisión que lograban dominar la voluntad de los adolescentes. También alertan de que muchos medios se han basado para sus informaciones en testimonios de padres cuyos hijos adolescentes se han suicidado. Apuntan que estos traumatizados padres suelen afirmar que su hijo era una persona alegre y sociable, que tuvo que actuar impulsado por alguna influencia externa. Así, explican estos expertos, intentan aplacar los inevitables sentimientos de culpa por lo sucedido.

Dmitry Gromov, investigador del Instituto de Etnología y Antropología de la Academia Rusa de Ciencias, es otro de los expertos que ve en «la ballena azul» las características de una leyenda urbana, según señala a Medusa.

Imagen del supuesto juego que circula por las redes sociales
Imagen del supuesto juego que circula por las redes sociales

El periodista argentino Jorge Halperin trató de averiguar el origen y transmisión de leyendas urbanas cuando escribió su libro «Mentiras verdaderas» (Atlántida). «No hay una institución que sancione científicamente: "Esto es, o no es, una leyenda urbana". Cuando una supuesta “noticia” se propaga mucho entre la gente, que la transmite como un hecho realmente ocurrido sin importarle su verificación, o atribuyendo el suceso a "un amigo de un pariente, etc.", y no tenemos el menor indicio de que haya sucedido, estamos probablemente ante un mito o leyenda urbana», señala a ABC.

Halperin explica que en toda leyenda urbana «interviene un hecho que es incierto, una fuerte propagación del rumor, una forma de trasmitirlo que no pone en cuestión su veracidad y que, al mismo tiempo, lo atribuye a fuentes inciertas» a lo que se añade, en la mayoría de los casos, «un carácter conspirativo del rumor, una suerte de certeza en el portavoz de que se trata de algo que se quiere ocultar porque compromete a alguien o a muchos».

En «Mentiras verdaderas», el veterano periodista incluyó «el ejercicio de campo de seguir un rumor buscando llegar a sus fuentes» con el que demostró que «a medida que se intentaba uno “acercar a ellas” surgían variantes del relato que desviaban y hacían imposible rastrear el origen». Es «un mecanismo por el cual el rumor se protege» añade.

Con frecuencia los medios difunden «noticias falsas que son, en realidad, mitos urbanos», continúa Halperin, que pone el ejemplo de los supuestos robos de órganos por parte de organizaciones criminales. «No hay un solo caso probado», señala mientras resalta la complejidad que requiere una operación así por la compatibilidad de donante y receptor y el equipo que se requiere para la intervención. «Sin embargo, me atrevo a decir que hay muchísima gente convencida de que eso ocurre. Incluso han habido comunicados alarmantes de organismos internacionales sobre el supuesto flagelo. Y no hay nada», asegura.

Antonio Ortí, coautor junto a Josep Sampere del libro «Leyendas urbanas» (Booket), no ha investigado el caso en particular de la «ballena azul», pero «con todas las precauciones» ve elementos en él, como la falta de casos constatados, que «huelen bastante a leyenda urbana». «Vivimos en la edad de oro del rumor, nunca ha habido tantas leyendas urbanas como ahora», sostiene.

«Hay que preocuparse seriamente»

Sobre «leyendas urbanas y otras pesadillas de la sobremodernidad» versa precisamente el libro «Miedos de hoy» (Editorial Amarante) que acaba de publicar Luis Díaz Viana, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas e investigador del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid. «Las leyendas urbanas son una expresión del desasosiego en el que vivimos, a medias entre la inconsciencia y la lucidez respecto a lo que nos está pasando, historias verosímiles sobre temores y preocupaciones que nos llegan tanto del pasado como del futuro. Son la plasmación narrativa de la angustia y casi desesperación de vagar sin rumbo en un mundo sin anclajes, a la deriva, y de las muchas dudas respecto a lo que producen los nuevos artefactos y grandes innovaciones tecnológicas en tu vida, , así como respecto a qué consecuencias van a tener, qué mutaciones… eso es lo que están contando las leyendas urbanas hoy», explica.

Hoy «la propia globalización no constituye sólo un nuevo marco: es también el tema principal y la mayor preocupación de un buen número de leyendas actuales». Los jóvenes «son los que más están creando y transmitiendo estas leyendas» y su vehículo preferido es precisamente «una innovación de la globalidad: Internet», constata Díaz Viana.

«No sería la primera vez que una leyenda se convierte en un caso cierto»
Luis Díaz Viana

El autor de «Miedos de hoy» no se pronuncia directamente sobre si «la ballena azul» es o no es solo una leyenda urbana, pues tendría que estudiarse el asunto con todo rigor y profundidad, pero sí adelanta que muy posiblemente se trata de una corriente múltiple de opinión y preocupación que se originó como tal: «Lejos de lo que podría pensarse, si es una leyenda o conjunto de ellas, habría que preocuparse muy seriamente por lo que nos están queriendo decir: tanto como si todos esos casos de suicidio que se le atribuyen se deben a su influencia, porque no sería la primera vez que una leyenda se convierte en un caso cierto».

«Las leyendas tienen un gran poder de persuasión, inciden muchísimo -a través del temor- en nuestra realidad. Crean una visión, un estado mental de alarma en un momento dado, porque tratan sobre algo que resulta inquietante y que puede llegar a ocurrir. Esa es la verdad que se esconde tras la ficción de las leyendas contemporáneas. Hay un fondo suficiente de verosimilitud en ellas que te pone alerta», resalta mientras recuerda que «el gran pánico» que precedió a la Revolución francesa «también surgió a favor del estado de terror creado por leyendas que, a pesar de haber surgido sobre todo entre la población rural, hoy denominaríamos como "urbanas"».

Para el antropólogo, lo más significativo del caso de la «ballena azul», es que muestra cómo actualmente se ha intensificado la relación e incidencia entre los rumores y leyendas populares y su transmisión mediática (ahora incontrolada en su virtualidad digital de enorme eficacia). «Al fondo, un estado colectivo de opinión (o preocupación) y de desasosiego juvenil cada vez más preocupante. Gente que se mata en masa porque no encuentra motivos para vivir. El juego concreto sería casi lo de menos. Lo realmente importante aquí es la metáfora de las ballenas desnortadas que al no saber a dónde ir o por dónde van "se acaban suicidando en la playa"».

Manuel Jesús Palma Roldán, autor del libro «Creepypastas: Historias De Terror 2.0», descarta por su parte que se trate de un creepypasta. «Aunque hay algunos creepypasta que se basan en retos, no son juegos que busquen el suicidio ni nada malo para ti, sino simplemente demostrar el valor enfrentándote a espíritus o fuerzas del mal», señala el investigador que cree que «la ballena azul» es «una práctica peligrosa que tal vez se le fue de las manos a su creador», aunque «este caos, esta histeria colectiva en realidad no es tal. No está habiendo un repunte de este tipo de sucesos. Tal vez se estén sacando las cosas de quicio».