Feminismo sin banderas: «La izquierda usa la igualdad como arma ideológica»

En España solo una parte del arco parlamentario se arroga una cuestión que en el mundo trasciende el sesgo político y es una reivindicación global

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«Las mujeres de derechas no son feministas». No es la primera vez que se escucha. Quien lo repite en cada intervención, como en una entrevista reciente concedida a este periódico, es Ana María Pérez del Campo, una de las mujeres que abrieron paso al feminismo en España en plena Transición y una de las muñidoras (civiles) de la ley del Divorcio de 1981. La reivindicación de la igualdad parece, en este país, un terreno reservado a la izquierda, algo que no ha ocurrido en otros, como Estados Unidos, donde se ha caminado de la mano y es una lucha global. En esta posición parecen sentirse muy cómodos partidos como Podemos y, desde las postrimerías del siglo XX, el PSOE, que ha hecho patria de la bandera feminista. Pero «la cuestión va más allá de los partidos, tiene que ver con la idea misma de la sociedad que queremos y del Estado de Derecho, donde se establecen derechos fundamentales, que tienen que ver con la igualdad. Está en el seno de un pensamiento liberal», afirma el filósofo Miquel Seguró, autor del libro «La vida también se piensa»(Ed. Herder).

«Yo soy una feminista convencida, feminista liberal –dice a ABC desde la Mesa del Congreso de los Diputados Patricia Reyes, de Ciudadanos–. El feminismo lo puede abanderar cualquier persona comprometida con la igualdad. Algunos partidos han trabajado a conciencia para convertirlo en una bandera excluyente, instrumentalizándolo a su antojo para dividir, algo que no beneficia a as mujeres. No concibo la igualdad de las mujeres sin que se respete su libertad».

«El PSOE hace bandera del feminismo, como el PP de la unidad de España cuando son asuntos de todos»

Ciudadanos y Partido Popular combaten, en efecto, por extirpar esa vitola de que el feminismo tiene adscripción política. La discusión interna que se generó en sus huestes el año pasado con motivo de si debían participar o no en la histórica manifestación feminista del 8-M evidenció que no todos los integrantes de estas formaciones iban a una. Según la politóloga Verónica Fumanal, «porque no todo el mundo cree en ello ni comparte los valores del feminismo, aunque éste no tendría sentido si tuviésemos igualdad efectiva».

No hay debate para Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, quien enarbola para ABCque «el feminismo no es una cuestión ideológica, forma parte de los valores democráticos fundamentales de igualdad y libertad. En su esencia, como defendía Clara Campoamor, está la igualdad de oportunidades y derechos». Por ello, dice, «es necesaria la implicación de la sociedad en su conjunto, de aplicar un cambio de mentalidad, tanto en hombres como en mujeres. Porque el feminismo es transversal». Y justo esta palabra es la que repite el presidente de la Asociación valenciana de Sociología, Josep Ernest García, y el resto de expertos consultados: el feminismo no tiene adscripción ideológica, es «transideológico», señalan.

Sin propiedades

Ellos son quienes nos guían en el estudio histórico del feminismo, que desmontan las banderas, no solo porque en las raíces de la lucha por la igualdad se encuentran tanto mujeres profundamente conservadoras como progresistas, sino porque «la reivindicación de la igualdad no puede ser patrimonio de nadie». «Ni siquiera solo de mujeres –matiza el también profesor de Filosofía de la Universidad Ramón Llull y la Oberta de Cataluña, Miquel Seguró–, sino que es una cuestión social que implica a hombres y mujeres. Esta lucha se tiene que enmarcar en un Estado de Derecho propio del siglo XXI y aquí no caben injusticias, no solo por razón de género, sino por raza, religión o cualquier otra». No es menos cierto, en opinión de Seguró o de Rosa San Segundo, directora del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid, que en el anhelo de todo avance progresista está esa lucha contra las injusticias. Y la brecha salarial o el maltrato a la mujer forman parte de ello. Pero no es una premisa ideológica, sino social.

«La izquierda ha hecho tanta bandera del feminismo como la derecha de la bandera de España, son cuestiones que trascienden lo ideológico. Son asuntos de todos», acepta Fumanal. «Es muy interesante la fuerza que está adquiriendo el feminismo, es uno de los relatos de transformación social que tienen mayor capacidad de aglutinación», considera Seguró.

Soslayando a pensadoras y académicas feministas conservadoras del calibre de Emilia Pardo Bazán, en opinión de Lina Cabezas, consultora en Asuntos Públicos de Atrevia, «el feminismo no se ha politizado, estaba politizado desde su nacimiento». «Es un movimiento social y político, pero también es un discurso o relato usado desde el púlpito político. No es un movimiento uniforme (está el feminismo radical, el ecofeminismo...) y de ahí la discrepacia que existe en los partidos políticos en torno a esta cuestión», aduce.

Ideologías posmaterialistas

«Dentro del mundo de las ideologías están las materialistas y las posmaterialistas. Una vez que se alcanzan ciertos derechos sociales, las segundas van en busca de algo más, como el ecologismo y el feminismo», banderas que se ha arrogado con mayor vehemencia el PSOE, explica la politóloga Verónica Fumanal. «La izquierda parece haberse empeñado en defender más el feminismo», añade Rosa San Segundo, catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid.

A juicio de Fumanal, prueba de cargo de que en esta «misión» están unidos todos, unos y otros, fue «el absoluto éxito de la huelga del 8 de marzo de 2018 en España», «precisamente porque habíagente de todos los perfiles y fue transideológica». Allí estuvieron votantes de Podemos, Ciudadanos, PP y PSOE. ¿Y Vox? Los expertos lo ponen en solfa. Ha irrumpido en esta escena política con la intención de «fragmentar» tal unión y quebrar algunas de las reivindicaciones ya logradas, como una ley modélica de lucha contra la violencia de género y un Pacto de Estado ejemplar, cuestionan. «El propio Pacto es un signo evidente de que la igualdad es una reivindicación que nada tiene que ver con la ideología», sostiene Fumanal, aunque «Vox ha vuelto a poner esta reivindicación de parte».

Cabezas da otra puntada: «Existe otro debate y es el de la relación de los partidos con el feminismo. Algunas formaciones ubicadas a la derecha del espectro político no han compartido y no comparten parte de la agenda feminista, mientras que los partidos de izquierda, desde hace solo algunos años (porque no es una relación natural ni demasiado larga históricamente) han estado más alineados con las demandas fundamentales de los movimientos feministas. La izquierda ha reivindicado con fuerza la relación con el movimiento feminista, algo que no ha hecho la derecha», y ha levantado junto a la Comisión del 8-M, por ejemplo, organizadora de la huelga feminista, la pancarta de la lucha contemporánea por la igualdad de todos.