El cardenal George Pell
El cardenal George Pell - REUTERS

El Vaticano investigará el caso del cardenal Pell tras ser condenado por abusos a menores

Desconcierto en el Vaticano ante el encarcelamiento, pues muchos altos cargos se aferraban a no querer ver la realidad de lo que se les venía encima

Corresponsal en El Vaticano Actualizado: Guardar
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El ingreso del cardenal George Pell en la cárcel de Melbourne en la madrugada de este miércoles, hora de Roma, ha causado desconcierto en el Vaticano, donde muchos altos cargos se aferraban a no querer ver la realidad de lo que se les venía encima desde que el pasado 11 de diciembre el jurado del Tribunal de Melbourne le declaró unánimemente culpable de cinco delitos de abuso de dos menores en la catedral de esa ciudad de la que era arzobispo en 1996, cuando los dos niños del coro tenían trece años.

Tan solo a las 21.30 de la tarde del martes el portavoz del Vaticano Alessandro Gisotti, que había leído una declaración genérica a las 11.30 de la mañana, añadió en un breve tuit en inglés: «Puedo confirmar que el cardenal George Pell ya no es prefecto de la Secretaría de Economía».

Poco después del mediodía del miércoles, Gisotti repetía esa misma frase y añadía a continuación: «Puedo también clarificar que, después de la condena en primer grado del cardenal Pell, la Congregación para la Doctrina de la Fe se ocupará ahora del caso según los modos y los plazos establecidos por las normas canónicas», que no ha especificado.

Quizá hubiera podido empezar a «ocuparse» hace más de dos años, pues las denuncias son antiguas y la policía australiana se desplazó a interrogar al cardenal en Roma sobre estos presuntos delitos en octubre de 2016, una medida que debería haber desatado alarmas.

Aunque el mandato quinquenal de Pell expiraba en teoría el domingo 24 de febrero, el hecho de que esté en excedencia desde junio de 2017 para comparecer en el juicio significa que, administrativamente, su quinquenio no está agotado, por lo que puede intuirse un cese por parte del Papa, quien había confirmado las medidas cautelares de prohibición del ministerio sacerdotal en público y del contacto con menores impuestas por el «ordinario del lugar» cuando regresó a Australia.

Pell presentó su renuncia cuando pidió la excedencia en 2017, pero Francisco prefirió no aceptarla entonces, lo mismo que ha dicho que no hará comentarios hasta que «hable la justicia». Como el cardenal ha presentado recurso de apelación —que podría ganar—, la última palabra de la justicia tardará todavía varios meses, durante los cuales se debe mantener la presunción de inocencia, tal como subrayó el martes el portavoz del Papa, Alessandro Gisotti.

Pero el tremendo daño de imagen a la Iglesia ya no tiene vuelta atrás, y seguirá creciendo a medida que los detalles del caso, incluido el comportamiento brutal de su carísimo abogado defensor —de 5.000 a 10.000 euros diarios para algunos clientes— sea conocido en otros países.

En la audición pública del martes previa al envío de Pell a la cárcel, su abogado Robert Richter dijo ante el juez que los delitos de los que se le había declarado culpable «no son más que la vainilla normal, actos sexuales con un niño que no consiente a ellos». Se refería a actos de sexo oral forzado y de manoseo de genitales.

El juez Peter Kidd respondió, en tono indignado, a esos argumentos, ordenó el envío del cardenal a prisión, y convocó a las partes el 13 de marzo para sentencia.

Como es habitual en el régimen carcelario, el cardenal, de 77 años, se encuentra en aislamiento para evitar posibles agresiones por parte de otros presos, como ha sucedido a personas condenadas por abuso sexual de menores.