Representación Lyapunov, las imágenes representan un modelo de caos en equilibrio con la estabilidad
Representación Lyapunov, las imágenes representan un modelo de caos en equilibrio con la estabilidad - Luc Benard

El boom de las matemáticas

MadridActualizado:

Decía el novelista Graham Greene que «una pasión tiene que tener algo de clandestino, algo de transgresor y algo de perverso». En un mundo en el que los números se pueden usar para cosas tan dispares como navegar por internet o explicar el funcionamiento de las estrellas, las matemáticas pueden ser la pasión de muchas personas. Pero no todos los afortunados con este don lo reconocen, quizás porque al ser tan complejas y abstractas como la realidad en sí misma, las matemáticas pueden llegar a ser abrumadoras para los profanos en la materia. Por eso no sorprende que los apasionados por los números a veces queden encajados en la categoría de los raros.

Sin embargo, algo debe de estar cambiando, porque una pasión que a priori se le asigna a unos pocos, con el tiempo se ha convertido en una actividad que, según la Encuesta de Población Activa para 2014, es el sector que tiene la tasa de paro más baja. Los números pueden resultar fríos, pero también son claros. Además de los buenos datos sobre el paro, las matemáticas y la estadística permiten alcanzar la segunda tasa más alta de empleo y de afiliación a la Seguridad Social. Además, si las matemáticas facilitan colocarse, también parecen ofrecer puestos de calidad: según el prestigioso ranking «CareerCast» publicado por medios como Forbes o The Wall Street Journal, hay tres profesiones que pertenecen al ámbito de las matemáticas entre los cuatro trabajos mejor valorados.

«El mundo es cada vez más tecnológico y más "cuantitativo", y aumentan los campos en los que hay que resolver problemas para los que las herramientas de los matemáticos resultan adecuadas», explica Adolfo Quirós, vicepresidente de la Real Sociedad Matemática Española (RSME). Para él, la clave de que las matemáticas estén de moda es que ofrecen un modo de abordar los problemas centrado en conocimientos específicos, rigor y precisión.

Esto explicaría que empresas muy diversas estén interesadas en contratar a expertos en este campo: es el caso de gigantes como Google, IBM, Microsoft o el grupo Airbus, o el de importantes organismos como la Agencia Espacial Europea, aseguradoras como Línea Directa, bancos como BBVA o Banco Santander y, por último, consultoras como Deloitte o Conento. En este último caso, por ejemplo, los matemáticos contribuyen a hacer cosas tan distintas como estudios de audiencias de televisión o para averiguar cuál sería el precio óptimo para un producto.

«Cada vez más empresas se dan cuenta del gran valor de tener a un matemático en su plantilla. Afrontan los problemas desde otras perspectivas (piensan diferente), son rigurosos y aprenden rápido», opina Jezabel Curbelo, una joven investigadora especializada en utilizar las matemáticas para entender el comportamiento de los volcanes, los océanos o las corrientes atmosféricas, e incluso predecir catástrofes naturales. Precisamente, por la «importancia, originalidad y creatividad» de sus investigaciones fue galardonada este año con el premio Vicent Caselles de la RSME-Fundación BBVA. «Es difícil pensar en algo en lo que no haya absolutamente nada de matemáticas detrás. La carrera tiene muchas salidas laborales».

Jezabel Curbelo, investigadora en el Laboratoire de Géologie de Lyon (Francia)
Jezabel Curbelo, investigadora en el Laboratoire de Géologie de Lyon (Francia) - FUNDACIÓN BBVA

Cerebros matemáticos

En este sentido, Adolfo Quirós, que también es profesor universitario, cree que las empresas están más interesadas en cerebros matemáticos concretos:«En ocasiones buscan algún conocimiento específico, y siempre una mente anlítica y precisa. Valoran también la perseverancia y la capacidad de concentrarse en los datos esenciales de un problema, sin perderse en lo accesorio. Hoy en día, es imprescindible manejar técnicas informáticas y numéricas, y por supuesto, las empresas quieren gente capaz de comunicarse y trabajar en equipo», enumera el vicepresidente de la RSME.

Por ello, «a quienes les gusten las matemáticas y quieran profundizar en ellas, desde luego les recomendaría que no se dejaran engañar por esa falsa idea de que es una carrera "sin salidas"», opina Javier Fresán, un joven matemático premiado este año con el Vicent Caselles de la RSME-Fundación BBVA, y especializado en los periodos, unos números que están muy relacionados con la geometría, y que ha escrito varios libros divulgativos.

El resultado de las vocaciones en esta materia es que, según Adolfo Quirós, los jóvenes españoles «se incorporan cada vez con mayor frecuencia a equipos punteros, tanto en investigación básica como en empresas tecnológicas (...) Nuestros alumnos son cada vez mejores». Quizás gracias a que hay ocho universidades españolas entre las 150 primeras del mundo en el ámbito de las matemáticas, según el Ranking de Shanghai (ARWU).

Javier Fresán, investigador en el Zúrich Hochschule (ETH), en Suiza
Javier Fresán, investigador en el Zúrich Hochschule (ETH), en Suiza - FUNDACIÓN BBVA

Este tándem entre calidad y cantidad de empleos y calidad de la enseñanza universitaria se ha traducido, como no podía ser de otra manera, en que la demanda para cursar estudios de matemáticas se haya disparado. Por eso, por ejemplo, las notas de corte para estos estudios en las universidades de Barcelona y Madrid han experimentado un ascenso generalizado desde 2011, a la vez que el número de plazas ofertadas se ha incrementado.

Aún así, los matemáticos perciben cierto temor a esta disciplina. «No nos engañemos, las matemáticas son difíciles y no admiten atajos (...) pero si se hiciera más énfasis en pensar matemáticamente y en entender por qué y para qué se hacen las cosas, mucho de este miedo desaparecería», opina Quirós, el profesor de matemáticas, quien además denuncia «un planteamiento erróneo de los programas educativos, establecidos normalmente sin consultar a quienes enseñan». Para Javier Fresán, se da la paradoja de que hay personas que sufrieron de pequeños con las matemáticas y que tienen una «herida abierta» pero al mismo tiempo percibe un gran interés entre la gente por saber más. «Los matemáticos somos gente rara como cualquiera con una fuerte vocación. Lo que ocurre es que nuestra pasión es probablemente más difícil de explicar que otras... incluso a nosotros mismos».