El Papa, durante la misa en Holguín
El Papa, durante la misa en Holguín - efe

El Papa revive en Cuba el momento decisivo de su vocación sacerdotal

«Yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada», ha dicho el Pontífice en Holguín

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Desde hace 62 años, el 21 de septiembre –el día de comienzo de la primavera en el hemisferio Sur– es una fecha inolvidable en la vida de Jorge Bergoglio. Tenía casi 17 años aquel día en que se encontró inesperadamente con su vocación sacerdotal. Era el primer paso de un camino que ahora conoce el mundo entero. El Papa lo revivió en su homilía del lunes ante cien mil fieles que asistieron a su misa en Holguín, en el oriente de Cuba.

El Evangelio del día, en la fiesta de san Mateo, relata la inesperada vocación de una persona que, según el Papa, «recaudaba impuestos de los judíos para dárselos a los romanos». Los publicanos eran mal vistos e incluso considerados pecadores, despreciados por los demás. Con ellos no se podía comer, ni hablar, ni orar.

Subrayando deliberadamente la paradoja, Francisco añadió que «en cambio, Jesús se detuvo, lo miró sin prisa, lo miró con ojos de misericordia, lo miró como nadie lo había mirado antes».

Ampliando por pudor una reflexión que en primer lugar es personal, el Papa señaló que «cada uno de nosotros puede decir: yo soy un pecador en el que Jesús puso su mirada». De hecho, cuando en 1992 fue nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires, Jorge Bergoglio tomó como lema episcopal «Miserando atque eligendo», pues Jesús sintió misericordia por Mateo, un apestado de la sociedad judía de su tiempo, y a pesar de ello, le eligió como Apóstol.

El lema de este viaje es «Misionero de la Misericordia», y Francisco hizo notar en su homilía que Jesús llamó a Mateo porque «sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, del fracaso o de la indignidad».

En Mateo -o en cualquier persona que llame aunque sea indigna-, Jesús «ve más allá. Ve esa dignidad de hijo, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Él ha venido a precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás».

Invitando de nuevo a no ser «jueces implacables», el Papa hizo notar que, eligiendo a Mateo para el grupo de sus seguidores más cercanos, Jesús «nos desafía con la pregunta: ¿Crees que es posible que un recaudador se transforme en servidor? ¿Crees que es posible que un traidor se convierta en un amigo? Crees que es posible que el hijo de un carpintero sea el hijo de Dios?».

Falta de libertades

Resultaba muy notorio que, por tercer día consecutivo, el Papa se abstuviese de cualquier referencia, incluso indirecta, a la falta de libertades políticas en la isla. Su «tema» es una y otra vez la reconciliación. Incluso la idea de que un traidor a su pueblo pueda convertirse era un llamamiento a la esperanza y la misericordia.

En una conferencia de prensa, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, afirmó que ni siquiera la frase del Papa sobre «nuestra resistencia al cambio de los demás e incluso de nosotros mismos» pueda ser tomada como una alusión al cambio político en Cuba.

Lombardi subrayó que el Papa se refiere al cambio de las personas y transmite «cosas que dice Jesús para ti. No es adecuado interpretarlas como una cosa primariamente política».

El presidente Raúl Castro asistió a la misa en Holguín con la misma satisfacción visible que había mostrado el domingo en la de La Habana. Ambas se celebraban en la Plaza de la Revolución, y quizá haya una en cada ciudad de Cuba, pero el Papa se refería a una revolución interior invitando a «aprender a mirar como Jesús nos mira. Compartamos su ternura y su misericordia con los enfermos, los presos, los ancianos o las familias en dificultad».

Por otra parte, muchas veces es más fácil obtener medidas de clemencia y de cambio en un sistema totalitario si no se piden en público, pues quienes gobiernan tendrán menos miedo a que se interpreten como actos de debilidad frente a presiones exteriores.

Francisco está tratando a Raúl Castro con el mismo respeto y afecto visibles que recibe del presidente. Quizá estén ya tomadas decisiones positivas como las que llevaron a normalizar las relaciones con Estados Unidos. O quizá el método de la dulzura sea el camino más eficaz para lograrlas.

En sus palabras de agradecimiento al Papa al término de la misa, el obispo de Holguín, Emilio Aranguren Echeverría, hijo de inmigrantes españoles, afirmó que las dificultades de la Iglesia cubana «han ido fortaleciendo su propia espiritualidad, sustentada en cuatro claves del Reino: el valor de lo poco, de lo pequeño, lo anónimo y lo gradual».

De Holguín a Santiago

El programa del Papa incluye, en la tarde del lunes, un vuelo corto, de sólo 150 kilómetros, desde Holguín a Santiago de Cuba. Pero Francisco no se instalará en la ciudad. Se ira al santuario de la virgen de la Caridad del Cobre para rezar ante la patrona de la isla y se alojará en el seminario contiguo a la basílica.

La etapa cubana del viaje termina el martes con la misa en Santiago de Cuba y un encuentro con las familias antes de emprender el vuelo a Washington donde le espera Barack Obama para ir a recibirle a la base de Andrews. Es un detalle de aprecio que poquísimas veces realizan los presidentes de Estados Unidos pero que George W. Bush tuvo ya excepcionalmente en 2008 con Benedicto XVI.