El Papa Francisco, durante el Angelus del pasado domingo
El Papa Francisco, durante el Angelus del pasado domingo - REUTERS

El Papa Francisco se encierra una semana para terminar su encíclica sobre ecología

El documento será presentada en junio o julio como impulso a la cumbre del cambio climático de París

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«Me voy a tomar una semana entera en marzo para terminarla», anunció el Papa Francisco a los periodistas que le acompañaban en el avión el pasado 15 de enero al regreso de Manila. Hablaba de la encíclica sobre ecología, y esta semana cumple su palabra: está encerrado revisando la tercera y última versión del documento.

Por desgracia, las traducciones requieren mucho tiempo, y el Papa adelantó que «si van bien, la encíclica podrá salir a la luz en junio o julio. Lo importante es que haya tiempo entre la publicación y el encuentro de París, para que pueda aportar algo».

Como la cumbre de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático tendrá lugar del 30 de noviembre al 11 de diciembre, el Papa llegará a tiempo y, probablemente, intervendrá con decisión. Francisco manifestó que la reunión preparatoria en Perú «ha sido poca cosa. Me ha decepcionado la falta de coraje. Se han quedado parados. Esperemos que en París sean más valientes».

A finales de enero, la directora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) norteamericana, Gina McCarthy, visitó el Vaticano para informar al Papa que el presidente Barack Obama comparte sus puntos de vista. «Francisco tiene una gran influencia, y hay asuntos en que debemos trabajar juntos».

Cambio climático

El cambio climático está en la agenda del Vaticano. Considera que los países tienen que recortar más las emisiones (encabezadas por China y Estados Unidos) y financiar mejor las medidas de ajuste de las naciones más vulnerables, la mayoría bastante pobres.

El pasado mes de enero, el Papa comentó a los jóvenes de Manila que «vuestro país corre grave peligro de ser afectado por el cambio climático. El desafío es cuidar el medio ambiente».

Pero la encíclica del Papa –la primera que escribe solo, pues la anterior, sobre la fe, había sido preparada por Benedicto XVI– no será un documento técnico, sino moral.

Francisco comentó que ha leído muchos textos del Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, «que desde hace años predica sobre estos temas». En mayo, Francisco y Bartolomé se reunieron para rezar en el Santo Sepulcro de Jerusalén, y firmaron una declaración conjunta.

El punto sobre ecología es muy claro: «Nos declaramos arrepentidos de la injusta explotación de nuestro planeta, que constituye un pecado ante los ojos de Dios. Reiteramos nuestra responsabilidad y nuestro deber de alimentar un sentido de humildad y de moderación. Confirmamos nuestro empeño en despertar las conciencias respecto a la custodia de la creación».

La encíclica se sitúa en esa línea, puesto que el Papa es un líder moral y espiritual, no científico ni político. Pero su autoridad es muy alta, y su grito en favor de custodiar la tierra y la persona humana será escuchado en todo el mundo.

Si Benedicto XVI fue el primer «Papa verde», al instalar paneles solares en el Vaticano y asumiendo la responsabilidad de un bosque en Europa central para su pequeño Estado fuese el primero con «emisiones cero»; el Papa Francisco mantiene la misma línea de frugalidad con relación al medio ambiente.

Su encíclica expondrá la obligación moral de no malgastar energía ni gasolina por puro capricho, de reciclar todo lo que se pueda y de evitar derroches que, en realidad, son una ofensa a los pobres. El Papa conoce muchas tragedias ambientales, incluida la deforestación de Amazonia, que intentó atajar al menos en la pequeña parte que era responsabilidad de Argentina.

En su encíclica desarrollará de modo sistemático la idea de proteger, a la vez, la naturaleza y las personas. La presentó el año pasado al subrayar «la urgencia de la “ecología humana”. El peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda. No es solo una cuestión de economía, sino también de ética y de antropología».

Según Francisco, «un cristiano que no custodia la creación, es un cristiano al que no le importa el trabajo creador de Dios, un trabajo nacido de su amor por nosotros».