El invento imbatible de Arthur Wynne

El primer pasatiempo con palabras cruzadas se publicó en el «New York World», de los Pulitzer, ideado por un periodista emigrado de Liverpool

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El inventor de los crucigramas pudo haberse hecho rico, pero sus jefes en el periódico «New York World», hijos del memorable patrón de prensa Joseph Pulitzer, no vieron la necesidad de registrar comercialmente aquello. Arthur Wynne, un emigrante inglés de Liverpool que llegó a Estados Unidos con veinte dólares y un violín, y trabajaba como periodista del «World», publicó el primer crucigrama el 13 de diciembre de 1913. Fue un éxito inmediato. Wynne tenía 43 años y los ocho siguientes se los pasó como jefe de la nueva sección de Palabras Cruzadas. El «New York Times» consideró una pérdida de tiempo el invento de su competidor, pero en 1942 acabó también incluyendo crucigramas en sus páginas.

«Llena las casillas con palabras que concuerden con las siguientes definiciones». Así introdujo Wynne su primer crucigrama, presentado como «Cross Word Puzzle». Tenía forma de rombo, con una cruz interior vacía. En total eran 32 palabras, una de ellas repetida dos veces (paloma, definida en una ocasión como pájaro, y en otra como pichón), y varias eran un tanto rebuscadas.

La práctica fue depurando el sistema. Sería Margaret Petherbridge, una secretaria del «World» que sustituyó a Wynne al frente de la sección, quien consolidaría la fórmula. Simplificó la numeración, optó por vocablos comunes y limitó el número de casillas negras. Petherbridge participó en 1924 en la edición del primer libro recopilatorio de crucigramas, que en apenas unos meses vendió 400.00 copias. Siguieron otros dos libros, de los que en dos años se vendieron dos millones de ejemplares.

En ocasiones se cita como antecedentes del crucigrama los juegos con palíndromos (palabras o frase que se leen igual hacia delante que hacia atrás), ya conocidos por los romanos, así como un par de variantes sencillas aparecidas en la segunda mitad del siglo XIX, pero la aportación de Wynne es la que origina el crucigrama popularizado por los periódicos.

En la década de 1920 el pasatiempo se extendió enormemente en Estados Unidos. En Broadway se estrenó la obra «Puzzles of 1925», en la que los aficionados a las palabras cruzadas eran presentados como pacientes de un sanatorio. Los trenes ponían diccionarios en los vagones para uso de los pasajeros y la Biblioteca Pública de Los Angeles limitó su tiempo de uso, dada la demanda de los mismos. El Departamento de Salud de Chicago declaró que resolver crucigramas era bueno para la salud y la felicidad. Son casos mencionados por Merl Reagle, actual autor de los crucigramas de la revista dominical del «Washington Post», que se ha ocupado en desvelar algunos datos de la vida de Wynne.

Lectores obsesionados

El invento tuvo que luchar en el «New York World» contra la resistencia de los linotipistas del taller de impresión, pues crear con plomo formas geométricas con casillas era un incordio. En ocasiones directamente boicoteaban los crucigramas, escogiendo tipos de letra tan pequeños que difícilmente se podían leer u omitiéndolos completamente alegando las prisas del cierre.

Reagle cuenta otras anécdotas de cuando los crucigramas eran noticia. Como una mujer de Cleveland que logró el divorcio porque su marido estaba obsesionado con el pasatiempo, o un camarero que dejó un crucigrama explicando el motivo de su suicidio y la Policía no pudo resolverlo.