Gravar con un impuesto a las bebidas azucaradas por la cantidad de azúcar que contienen, en lugar de por el volumen líquido
Gravar con un impuesto a las bebidas azucaradas por la cantidad de azúcar que contienen, en lugar de por el volumen líquido - Archivo

¿Son los impuestos sobre el azúcar la mejor forma de abordar la obesidad?

Un análisis publicado en «Science» encuentra importantes beneficios para la salud en gravar el contenido de azúcar y no el refresco en sí

MadridActualizado:

¿Cuál es la mejor manera de combatir la obesidad? Cada vez hay más voces acreditadas que afirman que debe ser una respuesta multifactorial que aborden diferentes aspectos de esta lacra del siglo XXI asociada con la enfermedad cardiovascular, la diabetes o el cáncer. La responsabilidad parece que no debe circunscribirse a la persona afectada y a los servicios de salud, sino que, otros actores, como los productores de alimentos, deben asumir su responsabilidad. Y en ese reparto de cargas hay un elemento que está tomando cada vez más protagonismo: el azúcar.

Según un análisis que se publica hoy en la revista «Science» realizado por científicos de la Universidad de Nueva York, la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania y la Universidad de California-Berkeley(EE.UU.), gravar con impuestos a los alimentos, preferentemente a los refrescos, que contengan azúcar es una buena idea. Pero, aseguran los autores de este informe, gravar un impuesto a las bebidas azucaradas por la cantidad de azúcar que contienen, en lugar de por el volumen líquido de estas bebidas, como lo hacen actualmente varias ciudades de los EE. UU., podría ser más beneficioso para la salud.

Actualmente, más de 30 países en todo el mundo, y siete ciudades en EE.UU., han establecido impuestos especiales sobre las bebidas azucaradas en función del volumen de la bebida, gravámenes que, sin embargo, no tienen en cuenta la cantidad de azúcar que contienen estas bebidas. En España, de momento solo Cataluña lo ha impuesto, aunque está sobre la mesa del actual gobierno en funciones y algunas comunidades lo están contemplando.

Actualmente, más de 30 países en todo el mundo, y siete ciudades en EE.UU., han establecidos impuestos especiales sobre las bebidas azucaradas en función del volumen de la bebida

«A pesar de su diferente contenido de azúcar y, por tanto, del distinto impacto sobre a salud, todas las bebidas endulzadas con azúcar están sujetas a la misma tasa por litro bajo un impuesto volumétrico», escribe la investigadora Anna Grummon. «Esta vía impositiva no ofrece a los consumidores ningún incentivo para sustituir los refrescos con alto contenido de azúcar por otros más bajos en azúcar, a pesar de que estos últimos son menos dañinos. Por lo tanto, si bien un impuesto volumétrico reduce el consumo de estas bebidas en general, no proporciona los máximos beneficios posibles para la salud».

Según los autores, «un principio económico básico es que dichos impuestos deberían ser proporcionales al daño causado. El daño de las bebidas azucaradas proviene del azúcar, y los refrescos varían sustancialmente en azúcar por unidad de volumen».

Los investigadores reconocen, sin embargo, que un impuesto sobre el volumen de líquidos sí es beneficioso. Calculan, por ejemplo, que un impuesto volumétrico de 34 centavos por litro hace que el adulto medio de EE. UU. consuma más 8 gramos menos de bebidas azucaradas al día, una reducción casi del 22%. Además, un impuesto volumétrico nacional reduciría las tasas de obesidad en un 2%, es decir, una disminución de 2,1 millones de adultos obesos, y disminuiría el número de casos nuevos de diabetes tipo 2 en un 2,3 por ciento, o aproximadamente 36,000 casos nuevos por año.

Anna Grummon - UNC

Además, los autores del artículo aseguran que dicho impuesto también generaría ganancias económicas, principalmente a través de ahorros en los gastos de atención médica, de aproximadamente 1,4 mil millones de dólares (1,2 mil millones de euros) al año en todo el país.

Sin embargo, en su evaluación, un impuesto sobre la cantidad de azúcar presente en estas bebidas produciría ganancias económicas y de salud aún mayores. Dicho impuesto haría que los adultos de EE. UU. consumieran 2,3 gramos menos de azúcar procedente de los refrescos al día de lo que lo harían con un impuesto volumétrico. En todo EE.UU., dicha tasa al azúcar, en lugar de un impuesto volumétrico, reduciría las tasas de obesidad en 630.000 adultos adicionales y reduciría el número de casos nuevos de diabetes tipo 2 en otro 0,7%, o aproximadamente 11.000 personas por año.

«Una vez que ya hay consenso para gravar los refrescos –concluyen-, parece lógico gravar el azúcar, en lugar del líquido que lo acompaña. Nuestros cálculos sugieren que esta idea ofrece una valiosa vía para mejorar la salud pública».

Aumentar el precio de las galletas, pasteles, chocolates y dulces en un 20% reduciría la ingesta anual promedio de energía en alrededor de 8.900 calorías, lo que llevaría a una pérdida de peso promedio de 1,3 kg en un año

Sin embargo, otro trabajo publicado ayer enBMJ considera que el azúcar no es el principal enemigo a batir. Sus autores ponen el foco en los refrigerios o tentempiés con alto contenido de azúcar, como galletas, pasteles y dulces.

El uso de impuestos para reducir el consumo de azúcar se ha centrado principalmente en las bebidas azucaradas. Pero en el Reino Unido, los ‘aperitivos’ con alto contenido de azúcar, como galletas, pasteles, chocolates y dulces, conllevan una ingesta de azúcar y de calorías superior a la de las bebidas azucaradas. Por lo tanto, aseguran, reducir las compras de refrigerios con alto contenido de azúcar tiene el potencial de tener un mayor impacto en la salud de la población que limitar la compra de bebidas azucaradas.

Sus resultados se basan en un modelo económico que evaluó el impacto de un aumento del 20% en los precios de los aperitivos con alto contenido de azúcar en el Reino Unido. El modelo se basó en datos de compra de alimentos para 36.324 hogares del Reino Unido en información de la Encuesta Nacional de Dieta y Nutrición realizada en 2.544 adultos.

el impacto del aumento de precios sería mayor en los hogares de bajos ingresos con las tasas más altas de obesidad

Los datos sugieren que aumentar el precio de las galletas, pasteles, chocolates y dulces en un 20% reduciría la ingesta anual media de energía en alrededor 8.900 calorías, lo que conllevaría a una pérdida de peso promedio de 1,3 kg en un año. Por contra, un incremento de precio similar en las bebidas azucaradas daría como resultado una pérdida de peso promedio de solo 203 g al año.

Además, el modelo predice que el impacto del aumento de precios sería mayor en los hogares de bajos ingresos con las tasas más altas de obesidad, lo que sugiere que gravar los ‘aperitivos’ con alto contenido de azúcar podría ayudar a reducir las desigualdades en la salud causadas por enfermedades relacionadas con la dieta.