ES NOTICIA EN ABC

«Hace falta que el próximo David Copperfield sea mujer»

DMax celebra por quinto año el Día de la Magia con 24 horas de ilusionismo y El Mago Pop como estrella

Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

«Si esto no es brujería, ¿entonces qué es?», suelta Antonio Orozco al presenciar un truco del Mago Pop, estrella principal del Día de la Magia, que hoy celebra el canal DMax por quinta edición. Serán 24 horas de ilusionismo, con artistas como Dynamo, Jorge Luengo, Troy y el citado Antonio Díaz (así se llama Pop sin la varita), que acaba de estrenar espectáculo en la Gran Vía de Madrid y regresa con «48 horas con…», este sábado a las 22.00.

Antonio Orozco, Chenoa, Raúl Arévalo, Adrián Lastra y Joaquín Reyes son algunos de los invitados que sufren los «juegos» del mago barcelonés. Su programa es el más exportado del canal, a 173 países. «En Iberoamérica funciona muy bien por idioma, pero toca territorios como China, donde otros programas del canal no llegan, y triunfa», explican desde DMax.

Díaz, que se presta a hacer un truco para ABC PLAY, intenta no acomodarse pese al éxito, que prueba su cada vez más numeroso equipo, con un grupo de magos que le ayudan a crear nuevos «juegos». «Intento que los que hacemos en el teatro solo se vean en el allí y que los que se vean en televisión sean de estreno, para satisfacer a todos los públicos», asegura.

Antonio Díaz, con Chenoa, otra de sus «víctimas»
Antonio Díaz, con Chenoa, otra de sus «víctimas»

¿Son frikis los magos? «Sí, puedes detectarlos si vas a una tienda de ropa y ves a un tipo mirándose al espejo y haciendo cosas raras con las manos», responde sin dudar. ¿Por qué hay tan pocas magas? «Siempre lo he pensado. No entiendo la razón pero sí sé que va a cambiar pronto. Hace falta una referente muy claro, que la próxima David Copperfield sea mujer». Eso no significa que no haya ya algunas «fantásticas, como Inés la Maga; en España hay muchas de gran nivel».

Antonio Díaz también admite que en la televisión generalista todavía falta un programa de magia que triunfe de verdad. «Creo que llegará uno que funcione. Estoy convencido, porque la magia tiene esa capacidad de juntar a mucha gente delante de la tele para dejarse llevar y comentar la jugada. Es realmente visual y asombrosa». Pese a que su último espectáculo («Nada es imposible», en el teatro Rialto) es el más espectacular de los que ha hecho, en televisión apuesta por formatos más sencillos. «Yo disfruto mucho con la magia de calle. Sé que se ha hecho mucha, pero como espectador y como ilusionista me parece muy interesante sorprender a alguien que no se lo espera. Y el mundo es tan grande que cada país te ofrecería una visión totalmente distinta».

Revelar secretos o no

En su libro «Engañar a Houdini», Alex Stone defendía la opción de contar algunos trucos para que los magos no se acomoden, para que se esfuercen más por crear nuevas ilusiones. «Es una visión», admite Díaz, «pero el secreto hay que cuidarlo siempre». «La magia sobrevive gracias al secreto, ni siquiera gracias a la puesta en práctica, y tenemos que cuidarlo un montón. También es cierta la visión de Stone, que al final eso nos obliga a renovarnos, pero creo que tenemos que ponernos nosotros esa presión, sin tantas dificultades añadidas».

En todo caso, a la hora de crear nuevas ilusiones, le gusta mucho «la lluvia de ideas» con su equipo. «Es muy divertido, porque son magos con muchas técnicas y un gran bagaje, con mucho conocimiento. También rescatamos clásicos de repente, algo que me apasiona, rescatar de un libro un juego que no se hace desde hace 200 años. Descubres joyas maravillosas.

Su mayor referente es David Copperfield, «no solo por ser un mago super completo, sino especialmente por lo que ha hecho por la magia. El mundo de la magia le debe mucho. Ha hecho que un mago deje de ser friki para convertirse en una estrella de rock. Ha vendido más entradas que Madonna, los Beatles y Coldplay juntos. Es un espejo al que mirarse».

P - Defiende la fuerza de la magia en vivo, pero la televisión también aportará algo:

R - Totalmente. Yo defiendo que el vivo sobre todo hace que la gente desconecte la desconfianza, porque lo ven a pocos metros. En la televisión es más complejo, porque vemos películas con efectos alucinantes. Competir contra eso es muy difícil, pero el poder de las reacciones es lo que hace que la gente se deje llevar. Por eso este formato funciona muy bien, porque al final son caras de famosos que todos conocemos y los vemos reaccionar de una manera que ya damos por hecho que él ha vivido eso. Eso ayuda mucho.

P - Tiene que ser cansado que los amigos (o nosotros mismos) estemos pidiendo siempre trucos.

R - Tal cual. Tengo un amigo escultor y cuando me pide un truco, siempre le digo: «Hazme un busto». No toca, no es el momento.

P - ¿Cómo hace cuando le sale un listillo que intenta descubrir los trucos e incluso sabe un poco y amenaza con conseguirlo?

R - De adolescente lo sufría más. Ahora, porque mi personaje es un poco canalla en el escenario, cuando me sale el listillo lo disfruto mogollón porque le doy bastante caña y es muy divertido.

P - Siempre tienen un plan B y C por si falla algo, pero ¿nunca se acaban los recursos y se desmorona todo?

R - A veces hacemos cosas tan sofisticadas que las probabilidades de error son bastante grandes, pero siempre tenemos plan B, C, D... y hasta la zeta tienen que pasar muchas cosas.

P - ¿Llega a correr algún riesgo físico?

R - En algunos juegos, tanto en los que he hecho en el programa, que esta temporada había varios con cierto riesgo, como en el espectáculo, donde hago un número que tiene cierto riesgo. Riesgo controlado, para conseguir la ilusión sin que ocurran cosas. En uno de los juegos, que hice con Adrián Lastra, yo estaba en una cama de clavos y tenía que desatarme antes de que cayese. El tiempo real en el que caía era de verdad. En el segundo 45 iba a caer sí o sí y yo tenía ese tiempo para hacerlo. Me encontré con un problema, hubo un momento de tensión, pero lo sacamos. El sufrió de verdad, hay que verlo para comprobar cómo lo pasó.

P - Eso encima quedaría mejor que si hubiera ido todo perfecto.

R - ¡Salió fenomenal!