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Robert Redford: «Tengo fe en que se levanten los que no estaban interesados en política»

El actor y director inaugura la 33 edición del Festival de Sundance, marcado por la investidura de Donald Trump

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La cuenta atrás para el Festival de Sundance ha terminado, se da el pistoletazo de salida y qué mejor forma de arrancar que sentarse en un sofá para charlar con Robert Redford. El director y actor, creador del festival en 1978, conversó sobre política, medio ambiente, su pasión por el arte en las montañas de Park City (con temperaturas bajo cero), la inauguración de la presidencia de Donald Trump y los directores que van a estrenar sus historias durante los próximos once días.

El Festival de Sundance ha inaugurado su 33 edición, acentuando su apoyo en favor del cambio climático con el estreno de la película «An Inconvenient Sequel», protagonizada por Al Gore, y trece películas más programadas sobre este tema. En total, se proyectarán 120 producciones que se esperan con mucha expectación.

Entre las que llaman la atención está «Manifesto», donde Cate Blanchett interpreta a trece personajes que recitan célebres manifiestos artísticos; «The Discovery», protagonizada por Rooney Mara y Robert Redford; «A Ghost Story», de David Lowery; o «Landline», una comedia con John Turturro y Edie Falco.

Redford aseguró que el festival debe quedar fuera de la política, aunque en pantalla aparezcan títulos como «Trumped: Inside the Greatest Political Upset of All Time», una visión tras bastidores de la sorprendente victoria del magnate. Los documentales, la gran apuesta de Redford, son de todo tipo, desde la historia de la niña Jon Benét Ramsey hasta la crisis en Siria.

-¿Cuál es su motivación para seguir al frente del laboratorio de Sundance?

-Todo empezó cuando, mientras trabajaba sin parar en películas comerciales, me di cuenta de que había muchas historias que no se estaban contando, directores que no se veían y que, sin embargo, estaban ahí fuera. Pensé que era necesario ampliar la industria y apoyar al realizador independiente, crear un lugar y un espacio donde el artista pudiera venir a desarrollar sus historias, a producir sus películas. La motivación sigue siendo la misma: que Sundance sea un lugar con credibilidad, donde los artistas tengan la oportunidad que se les niega.

-¿Por qué en Utah y no en Nueva York o Los Ángeles?

-Porque cuando empecé no tenía dinero para mantener el laboratorio en un ambiente urbano como Nueva York o Los Ángeles, que es donde debería estar. Solo podía ofrecer el lugar que yo tenía en las montañas. Luego pensé que algo podría surgir en este lugar, ya que siempre sucede cuando se unen arte y naturaleza. La idea era crear algo duradero y comprometido. Gracias a mis amigos de Hollywood, que me ayudaron mucho al principio, Sundance ha dejado de ser un campamento para convertirse en una institución que funciona aparte del festival.

-¿Se siente el mentor de los artistas que han pasado por Sundance?

-Creo que ser maestro es importante. Todos empezamos en algún sitio y, cuando triunfas, debes ser generoso y compartir con los que vienen detrás. Mi laboratorio une a artistas establecidos con los jóvenes, es un intercambio de ideas y eso genera más arte.

-¿Cómo ve al Robert Redford artista?

-Siempre me ha afectado lo que ocurre en el mundo. Para mí hay dos cosas importantes: mi papel como actor y artista, y qué historia vamos a contar. Me afectó mucho la investigación de la película «Todos los hombres del presidente», porque pasé mucho tiempo con Ben Bradlee y Phil Bronstein. Ellos me enseñaron su trabajo, vi de primera mano cómo investigaban con un objetivo definido. De algún modo, algo cambió en mi mente y ahora, cada vez que me preparo para un papel, lo hago como lo haría un periodista, porque para ellos, como para mí, la historia es lo realmente importante.

-Hoy se celebra la Marcha de las Mujeres en varios puntos del país. Sundance también protesta.

-No, protesta Park City, no Sundance. Nosotros no somos una institución política. Los presidentes vienen y van, el péndulo va a la derecha y a la izquierda. Siempre ha sido así y, probablemente, siempre lo será, por eso nosotros no nos ocupamos de la política, sino de los artistas. La política per se es de los políticos, nosotros nos concentramos en las historias que cuentan los artistas. Eso es lo que nos mueve. Si la política está incluida en la película de un director, bienvenida sea, pero no jugamos a la política ni apoyamos a un lado o a otro. Creo que la gente confunde Sundance con Park City. Nosotros alquilamos durante diez días la ciudad para que pueda celebrarse el festival.

Hubo un tiempo en EE.UU. en el que ambos bandos eran uno

-Sundance se abre con el documental sobre medio ambiente «An Inconvenient Sequel», con Al Gore como protagonista.

-Sí, siempre he admirado los documentales porque me hacen sentir que estoy en mitad de la historia que cuentan. Me producen un gran impacto cuando los veo; de hecho, la razón por la que soy realizador fue porque quería rodar documentales. Luego, decidí experimentar aplicando la técnica del documental a mis películas. Creo que es un medio muy importante en los tiempos que vivimos. Los medios han encogido sus noticias hasta convertirlas en frases cortas, encabezados que dicen todo en unas cuantas palabras. Cuando quieres digerir el titular ya te están lanzando uno nuevo. Así es imposible entender la realidad que vivimos. Los documentales han ocupado el lugar de los periodistas, cuentan noticias que merecen tiempo, dedicación e investigación.

-De hecho, el festival ha creado una sección dedicada al medio ambiente.

-Sí. Dedico mi tiempo al arte y al medio ambiente. El arte está cubierto con Sundance, pero el medio ambiente necesita ayuda. Yo crecí en Los Ángeles, en los años después de la Segunda Guerra Mundial. Entonces era una ciudad bellísima, sin rascacielos, sin autopistas, era una ciudad de la que me sentía orgulloso. Mi familia era de clase trabajadora, no teníamos coche, ni muchos lujos, pero podíamos ir andando al mar, bañarse era gratis. Me fui un tiempo a Europa y cuando regresé, era otra ciudad. Se había desarrollado rápidamente, tanto que había cambiado muchísimo.

Me pareció que el desarrollo estaba fuera de control, descubrí que pertenecía a una sociedad que, para demostrar su fortaleza, necesitaba desarrollarse. Cuando no quede nada por desarrollar, ¿qué vamos a hacer? Estamos devastando la naturaleza a costa de ganar dinero. Mi afiliación política es con el medio ambiente. De verdad, yo me pregunto si hay alguien que esté preocupado por las futuras generaciones, por lo que vamos a dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos. ¿Cómo no voy a ser un abogado del medio ambiente si veo lo que sucede a mi alrededor? Dígame si no es importante el medio ambiente.

-Vivimos tiempos nuevos, volvemos a la época en la que nos autocensuramos por miedo.

-En cuanto a lo que sucede ahora, sé que hay mucha gente viviendo con miedo, temerosa de dar su opinión. Las cosas se van a poner más negras, la oscuridad nos acecha. Sin embargo, creo que hay que centrarse en buscar la luz. Creo que este diálogo actual puede provocar un cambio. Cuando nos quieran quitar o tratar de quitar libertades, la gente va a reaccionar. Tengo fe en que todos los que hasta ahora no han estado interesados en la política van a levantarse porque se van a ver afectados. Eso vendrá seguido de un movimiento contra aquello que nos quiere quitar lo que tenemos. La gente se va a rebelar. Sinceramente, confío en ese movimiento y va a ser muy saludable para la sociedad.

-La época de Nixon se parece a la de ahora.

-No hace mucho me pasó algo muy interesante. Me llamaron para hacer una nueva versión de «Todos los hombres del presidente» y dije que no. Sin embargo, decidí volver a ver las cintas de entonces. Me encontré con una imagen que me impresionó, que me golpeó como un saco de ladrillos. Corría el año 1974 y, en un mismo panel, demócratas y republicanos estaban unidos. Hubo un tiempo en este país en el que ambos bandos eran uno, trabajaban juntos por el país. Tal vez es hora de hacer esa película y titularla «Hubo un tiempo». Eso es lo que me deprime.