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Ryan Gosling: «Esto no es cine con mensaje»

Uno de los actores del momento brilla en «Los idus de marzo», un apasionante «thriller» político dirigido por George Clooney

Ryan Gosling en «Los idus de marzo» - abc
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Es un malabarista de la interpretación, un actor que va por libre en el encorsetado Hollywood de hoy. Quizá por eso la Academia se olvidó de nominarle para un Oscar, bien por «Drive», por «Crazy, stupid, love» o por «Los idus de marzo», una historia de suspense político donde se convierte en Steve, un idealista director de comunicación que empieza a trabajar para un candidato demócrata a gobernador. Bajo las órdenes de George Clooney, Gosling bucea en otro registro más a añadir a su catálogo.

—¿Cómo fue la experiencia de rodar un filme tan cautivador como este?

—Te seré sincero: esta es una de esas películas más divertidas de ver que de rodar: en pantalla mantiene una gran tensión e intensidad, pero en el rodaje fue todo lo contrario. George estaba preocupado por que la película no fuera ligera ni «entretenida», pero tampoco quería que nos aburriéramos en los descansos, así que se pasó el tiempo inventando gamberradas. Iba con una pistola con dardos de goma detrás del monitor y, si no le gustaba la toma, te disparaba (risas).

—Usted suele interpretar al chico bueno; sin embargo, aquí cae en la ambigüedad entre el antihéroe y el villano. ¿Cómo afrontó el cambio?

—Bueno, uno de mis monstruos favoritos es el hombre de las dos caras, y de alguna manera sentí que estaba tratando de interpretar a un tipo así, una especie de monstruo de la política. Y lo divertido fue que después hicieron el póster de la película uniendo la cara de George y la mía.

—¿Se entrevistó con algún político para preparar su papel?

—Sí, con varios. Me ayudaron mucho, en especial uno en concreto, pero desgraciadamente no puede dar nombres (sonríe). También conocí al tipo en que se basa el guion original.

—Si tuviera que clasificar este filme, ¿diría que es una historia política o una cinta de suspense?

—No creo que sea una película con mensaje, sino suspense desarrollado dentro de la política, pero podría ocurrir en Wall Street o hasta en Hollywood.

—Al parecer, usted y George se conocen desde hace años, y habían hablado mucho de la posibilidad de trabajar juntos, ¿no?

—Cierto, tratábamos de encontrar algo, pero siempre parecía una posibilidad lejana. Me sorprendí muchísimo cuando me llamó para ofrecerme este papel.

—¿Cómo es Clooney en las distancias cortas y como jefe?

—Es una persona que impresiona, hace mil cosas al mismo tiempo. Trabajando con él lo vi en la piel del director, guionista, estrella... Y, en medio de todo, sacaba tiempo para trabajar vía satélite con un proyecto en Sudán, y por supuesto se inventaba diez bromas para gastar todos los días del rodaje (risas).

—¿Qué lección principal ha aprendido de esta película?

—Me quedaría con la forma de actuar de Philip Seymour Hoffman: jamás interpreta desde la seguridad, corre riesgos casi imposibles, y eso me fascinó porque es importante aprender de los grandes maestros.

—Hablando de intérpretes camaleónicos, ¿cuántos personajes tiene un actor dentro de sí mismo?

—No lo sé. Creo que no tantos como nosotros pensamos (risas). De hecho, sé que llegará el momento de dejar a un lado la interpretación y concentrarse en la realización, al menos eso es lo que yo busco. Ya tengo un guión escrito y todo. Pero no me preguntes, porque aún no puedo hablar de ello. Cuando sea real estaré encantado de compartirlo.

—Pero, mientras siga delante de las cámaras, ¿hasta dónde cree que puede llegar con su trabajo como actor?

—Básicamente, querría trabajar con los mismos directores con los que me he encontrado a gusto trabajado.Cuanto más conoces a un realizador, mejor es tu trabajo. Acabo de rodar un segundo filme con Derek Cianfrance, con quien hice «Blue Valentine», y ha sido la mejor experiencia en un rodaje de toda mi carrera. Cuando hay amistad y confianza de por medio todo resulta muy fácil. Y ahora voy a volver a trabajar con Nicolas Winding Refn, el director de «Drive». A veces siento que estoy casado con estos dos directores, pero es así como quiero vivir, como en una auténtica relación creativa.

—Su novia, Eva Mendes, se va a poner celosa...

—Ella me entiende (risas). ¡No me vayas a sacar la frase de contexto! Quiero decir que genéticamente estamos programados para tener ciertos instintos, pero aún no tengo pensado pasar por el altar, así que deberé manifestar mis instintos de otra forma más imaginativa.

—¿Por ejemplo?

—Bueno, últimamente estoy tomando clases de ballet. Siempre me ha gustado, aunque hasta ahora no fui capaz de superar la vergüenza de reconocerlo. En realidad me sigue avergonzando, pero ya no me importa.

—¿Se pone mallas y todo?

—No, las mallas hay que ganárselas, y yo soy muy malo. No te creas que no lo paso mal, la clase tiene una ventana muy grande y todos los estudiantes que vienen me ven a través del cristal. La mayoría son madres con sus hijas pequeñas que se ríen al verme practicar. Pero me gusta la disciplina del ballet. Aún no sé qué es, pero me fascina.

—Después de verlo con el palillo y la chupa de alacrán en «Drive», imaginarlo con mallas es un shock.

—Bueno, es que tengo un lado femenino muy potenciado. A mí me educaron mi madre y mi hermana, así que supongo que me enseñaron a pensar como una mujer (risas). Mi hermana siempre ha sido mi mejor amigo, mi héroe. Estuve un año estudiando en casa cuando empezaba a trabajar como actor, y ambas eran todo mi mundo, pues no tenía amigos. Ellas impactaron en mi cerebro.

—En Hollywood no paran de alabarlo. ¿Se siente el chico del momento?

—Me siento enfermo de mí mismo, así que no puedo imaginarme cómo tiene que estar de harto el publico de mí. Estoy un poco hasta en la sopa. Creo que voy a desaparecer una buena temporada.

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