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DESCARBONIZACIÓN DEL PLANETA

Cumbre del Clima: En París se decide el futuro

La capital francesa acoge la cita climática que quiere marcar el principio del fin de los combustibles fósiles

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Representantes de 195 países más la Unión Europea discuten estos días en la ciudad de París de qué manera poner al mundo en el camino adecuado hacia la descarbonización de nuestra economía a final de siglo. Traémos aquí algunas claves para entender una Cumbre del Cambio Climático que muchos ven ya como el principio del fin de los combustibles fósiles.

1. ¿Por qué la temperatura del planeta no debe aumentar más de 2ºC?

Seguramente sea el valor de temperatura más repetido en los últimos años. Algunos incluso se refieren a él como «los famosos 2ºC». ¿Y por qué ese valor? Según el 4º Informe de Evaluación del Panel de Expertos del Cambio Climático (IPCC), presentado en febrero de 2007, ese es el límite considerado «seguro». A partir de ahí el calentamiento puede desencadenar consecuencias muy graves, como un aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos. La primera aparición pública de esta cifra «se remonta a 1995, cuando el Consejo de la Unión Europea consideró que las temperaturas medias mundiales no deberían sobrepasar en más de 2ºC las temperaturas preindustriales», explica Ernesto Rodríguez Camino, jefe del área de Modelización y Evaluación del Clima de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

El límite de aumento de los 2ºC había sido sugerido por el economista William D. Nordhaus a mitad de los años 1970, quedando después en el olvido hasta que en 1990 el Advisory Group on Greenhouse Gases (AGGG), precursor del IPCC, lo introdujera en el último informe que publicó.

Pero pasar esa referencia de los estudios e informes científicos a la arena política no fue fácil. En la cumbre del Clima de Bali (Indonesia), celebrada a finales de 2007, se logró introducir la referencia al límite de temperatura y la reducción de emisiones que haría falta para contenerla en ese valor solo a pie de página del texto del acuerdo. «El acuerdo de Copenhague de 2009 menciona en su texto los +2 ºC, aunque no dice cómo se va a medir este incremento de temperatura», matiza Rodríguez Camino. No obstante, añade, «el IPCC no le ha dado ese carácter mágico que tiene actualmente. Su caracter simbólico proviene de la política».

Los pequeños Estados insulares y los países menos adelantados, han pedido que el objetivo sea no pasar de un aumento de 1,5ºC

Sea como fuere el último informe de Evaluación del IPCC, publicado en 2014, analiza diferentes escenarios que muestran que para tener una oportunidad probable de limitar el incremento de la temperatura media global a los 2ºC -hay que tener en cuenta que desde 1880 ya se ha incrementado en 1,02ºC, según los últimos datos del Met Office- la concentración de CO2 en la atmósfera debería rondar las 450 partes por millón (ppm) en 2100 (el valor actual está en 402). No obstante, esta cifra no tiene por qué ser la definitiva: los países vulnerables, los pequeños Estados insulares y los países menos adelantados, han pedido que el objetivo sea no pasar de un aumento de 1,5ºC, algo que también será objeto de discusión estos días en París. Esta cuestión supuso horas de discusión en la fallida Cumbre de Copenhague en 2009, ya que hay países, como los pequeños estados insulares, que argumentan que permitir un aumento de 2ºC les condena a desaparecer del mapa por la subida del nivel del mar.

2. ¿Cuánto más CO2 podemos emitir?

Para no llegar a ese límite de los 2ºC se ha calculado la «cuota» de emisiones de gases de efecto invernadero que el mundo se puede permitir. Pues bien, el recuento de emisiones de The Global Carbon Project refleja que ya hemos usado dos tercios de esa cuota, por lo que solo nos quedan unas 1.200 gigatoneladas de CO2 por emitir. Teniendo en cuenta que en 2014 se alcanzó un nuevo récord de emisiones anuales, 40.000 millones de toneladas de CO2 (40 gigatoneladas), y se espera que en 2015 la cifra sea similar, a este ritmo agotaríamos esa cuota, que nos aboca a un aumento de la temperatura de 2ºC, en solo 30 años. Hoy sabemos que cada mil millones de toneladas de carbono emitido equivale a 1ºC de calentamiento. Así que la ecuación es clara.

Estados Unidos se ha comprometido a reducir sus emisiones entre un 26-28% en 2025 respecto a 2005

«El reto no tiene precedentes, pues el calentamiento es de una magnitud que no hemos visto recientemente», advierte José Manuel Moreno, catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla La Mancha y ex vicepresidente del Grupo II del Panel de Expertos de Cambio Climático (IPCC). «Desde mediados del siglo pasado la concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado en 80 partes por millón (ppm), que es la misma fluctuación que se ha producido en la Tierra en al menos los últimos 800.000 años. Para volver a los niveles que nos permitan contener el aumento de temperatura en 2ºC habrá que disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 40 y un 70% para 2050, y llevarlas a cero en 2100».

Para lograrlo, el equipo internacional de investigadores de The Global Carbon Project cree que «habría que dejar más de la mitad de todas las reservas de combustibles fósiles sin explotar», según explica Pierre Friedlingstein, de la Universidad de Exeter. A menos que las nuevas tecnologías para almacenar carbono en el subsuelo se desarrollen y desplieguen a gran escala

3. ¿Cuáles son las propuestas de los grandes emisores para enfriar el planeta?

Para ponerse en esa senda de los 2ºC, cerca de 170 países responsables del 95% de las emisiones han remitido a Naciones Unidas sus compromisos de reducción de emisiones a 2025 o 2030. Los compromisos deberían incorporarse al futuro acuerdo de París y supondrían una primera fase de cumplimiento del mismo. Sin embargo, esas contribuciones no son suficientes y nos abocarían a un incremento de la temperatura de 2,7ºC a final de siglo.

Entre los grandes emisores, Estados Unidos se ha comprometido a reducir sus emisiones entre un 26-28% en 2025 respecto a 2005; China a poner pico a sus emisiones antes de 2030 y a recortarlas para ese año al menos un 60% por unidad del PIB con respecto al nivel de 2005; la UE se ha comprometido a reducir las emisones al menos un 40% en 2030 sobre 1990, e India a reducir la intensidad de las emisiones por unidad de PIB entre un 33 % y 35% con respecto a las de 2005. Estos son los 4 grandes emisores, que suman el 60% de las emisiones globales. El análisis del Climate Action Tracker (CAT, organización científica independendiente con sede en Londres) les da una calificación «media» a estos planes.

Si sumamos a otros grandes emisores como Brasil, Indonesia, México, Canadá, Australia, Japón, Corea del Sur, Rusia y Sudáfrica, solo los tres primeros reciben esa calificación media, el resto son calificados de inadecuados. Las organizaciones que están analizando este proceso han criticado duramente la falta de ambición de Australia, Japón, Canadá, Rusia y Nueva Zelanda, asegurando que sus propuestas deberían sonrojarles respecto a lo que proponen otras naciones extremadamente pobres.

Himalaya, Bután o Costa Rica se proponen ser neutros en CO2 en menos de 10 años

Y es que la ambición ha sido la seña de identidad de los países más vulnerables a los efectos del calentamiento, como las pequeñas islas estado. Las Islas Marshall se han comprometido a ser neutras en emisiones en 2050, y Samoa ha confirmado que el 100% de su electricidad viene ya de fuentes renovables. Junto a ellos, las contribuciones más ambiciosas son las del pequeño reino del Himalaya, Bután o Costa Rica, que se proponen ser neutros en CO2 en menos de 10 años (no emitirán más que lo que sus recursos naturales absorban por sí mismos).

4. ¿Cuánto cuesta y cómo puede financiarse la lucha contra el cambio climático?

La plena aplicación de los compromisos presentados hasta el momento por cerca de 170 países que cubren el 95% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero requerirían una inversión de 13,5 billones de dólares en los próximos 15 años, según un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Estas promesas de recorte requerirán inversiones en eficiencia energética y tecnologías bajas en carbono a razón de una media de 840.000 millones de dólares al año. Para la AIE estas inversiones tendrían un impacto positivo en el sector energético, pero no serían suficientes para evitar una subida de más de 2ºC.

Las emisiones deben caer un 15% en 2030 sobre el nivel de 2010, y hasta un 50% en 2050, según el PNUMA

«El sector de la energía puede hacer más para contener y reducir sus emisiones de efecto invernadero; para todos los países, hay muchas vías para seguir acelerando las acciones en el sector energético», asegura la agencia. El informe propone cinco medidas para conseguir una mayor ambición en la reducción de emisiones: aumentar la eficiencia energética en la industria, la edificación y el transporte; eliminar gradualmente las centrales de carbón más contaminantes; ampliar las inversiones en las renovables; acabar con los subsidios a las energías fósiles; y reducir las emisiones de metano en la producción de petróleo y gas. Para alcanzar ese mayor impacto en los recortes de emisiones se requiere una inversión adicional de 3 billones de dólares en eficiencia y tecnologías bajas en carbono.

5. ¿Es la cita de París la última oportunidad?

Un acuerdo sobre cambio climático en la cumbre de París «es la última oportunidad de salvar el planeta». Lo dijo el presidente del país anfitrión, Francois Hollande, en su intervención ante la Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre. Sin esta decisión en París «será demasiado tarde para el mundo», añadió el mandatario. La sensación de que París 2015 es la última oportunidad también se tenía ante la fallida cita de Copenhague en 2009, solo que esta vez el cierre de la ventana de oportunidad es casi inminente.

Para tener una oportunidad probable de contener el aumento de temperatura en esos 2ºC, las emisiones deben caer un 15% en 2030 sobre el nivel de 2010, y hasta un 50% en 2050, según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente. Por tanto, los recortes tienen que empezar cuanto antes. La experiencia ha demostrado que tras el fracaso de una cumbre se tardan años en volver a reconducir las negociaciones. Desde el fiasco de Copenhague han pasado ya seis años, y de estar buscando en 2007 en la cumbre de Bali (Indonesia) un protocolo que sustituyera a Kioto a partir de 2013, el objetivo pasó a ser 2020, cuando en 2007 el IPCC decía que las emisiones de gases de efecto invernadero debían tocar techo en 2015. Estos años perdidos nos dejan una ventana de oportunidad para actuar realmente pequeña.