Madrid 2020: Las fugas radiactivas empañan la candidatura de Tokio
El desastre nuclear ocurrido en marzo de 2011 fue el peor desde Chernóbil (Ucrania) en 1986 - reuters

Madrid 2020: Las fugas radiactivas empañan la candidatura de Tokio

Mientras «explotan» el tsunami ante el COI, los nipones vierten 300 toneladas de agua de Fukushima al día

Pablo m. díez
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Durante la presentación de la candidatura olímpica de Tokio 2020 en Lausana (Suiza) el mes pasado, el viceprimer ministro nipón, Taro Aso, jugó la baza emocional de los Juegos como incentivo para superar la catástrofe del tsunami que arrasó la costa nororiental de Japón en marzo de 2011 y provocó el desastre nuclear de Fukushima, el peor desde Chernóbil (Ucrania), en 1986. Pero recurrir a esa tragedia, algo que ha sido criticado por algunos sectores como poco elegante, puede volverse en contra de la candidatura tokiota; sobre todo ahora que la siniestrada planta atómica está vertiendo al océano Pacífico 300 toneladas diarias de agua altamente contaminada por la radiación.

No es la primera vez que la siniestra sombra de Fukushima oscurece la candidatura nipona, a la que muchos medios japoneses e internacionales dan como favorita frente a Madrid, lastrada por la crisis, y Estambul, que parece haberse descolgado definitivamente tras las revueltas ciudadanas.

Según el periódico «Asahi Shimbun», los responsables de Tokio 2020 tuvieron que asegurarle el año pasado al Comité Olímpico Internacional (COI) que la ciudad estaba limpia de radiactividad. Algunos deportistas siguen mostrando reparos a la hora de competir en Japón por miedo a la radiactividad, que ha sido detectada en el aire, la tierra y el mar, y descubierta en verduras, carne y pescado.

Ante el temor de algunos países europeos, el Gobierno metropolitano de Tokio insistió en que la ciudad se sitúa a más de 200 kilómetros de la central de Fukushima y, según consta en el dosier de la candidatura, «no se han detectado partículas radiactivas en el agua de grifo desde el 2 de julio de 2011».

Pero la situación se ha complicado esta semana porque la eléctrica que gestiona la planta, Tepco, se ha visto obligada a reconocer el vertido al mar de agua altamente radiactiva por una fuga que da para llenar una piscina olímpica en una semana. Un contratiempo tan grave, que el primer ministro nipón, Shinzo Abe, ha ordenado al Gobierno involucrarse en las tareas de descontaminación como «un asunto urgente».

Aunque no se sabe la amenaza para el medioambiente que entraña el vertido, Tepco encontró en enero peces con altos niveles de radiación en un puerto interior de la central nuclear. Mientras las cofradías de pescadores temen por el impacto en sus capturas, Greenpeace ha acusado a la eléctrica de «ocultar las fugas» y ha pedido al Ejecutivo japonés que haga «todo lo posible por solventar la situación, lo que incluye aumentar la transparencia y recurrir a expertos internacionales».

40 años para descontaminar

No parece tarea fácil porque las labores de limpieza y descontaminación, que cuentan con un presupuesto de unos 8.300 millones de euros, durarán más de 40 años, ya que los técnicos deben retirar tres de los seis reactores nucleares de Fukushima, que se fundieron total o parcialmente por las explosiones registradas en los días posteriores al tsunami.

Frente al estigma de la alta radiactividad, que persistirá durante décadas en el perímetro de 20 kilómetros evacuados alrededor de la planta atómica, Tokio insiste en la seguridad y sostenibilidad medioambiental de su proyecto, para el que ya ha reservado un fondo de 4.500 millones de dólares (3.360 millones de euros) con el fin de repetir el éxito de los Juegos que celebró en 1964.

Tras el fracaso de su anterior candidatura, el elevado presupuesto que presenta Japón en esta ocasión también ha avivado algunas voces críticas, que piensan que sería más provechoso destinar tan multimillonaria inversión a la reconstrucción de las zonas devastadas por el tsunami que a los Juegos.

Mientras los técnicos de Fukushima siguen luchando contra el mayor desastre nuclear desde Chernóbil, la candidatura tokiota confía en que la radiación no mine sus esperanzas de celebrar los Juegos Olímpicos de 2020.