El lugar donde irán a los restos de Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas
El lugar donde irán a los restos de Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas - belén díaz

«Aquí yacerá Miguel de Cervantes»

Los restos del escritor se colocarán tras un monumento funerario en la iglesia antes de irse Botella, en dos semanas. Será visitable desde finales de junio

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Sor Amada de Jesús, la madre superiora de las Trinitarias Descalzas, fue la encargada de elegir el lugar del templo donde descansarán los restos de Miguel de Cervantes eternamente: en el extremo sur izquierdo de la nave central del convento. San Antonio de Padua custodia hasta ahora la pared donde se instalará el nuevo monolito funerario, de granito y piedra caliza. «Ya veremos dónde ponemos al santo después», manifiesta la religiosa mientras lo contempla. Tras él hay una hornacina tapiada donde se colocarán las tres cajas que guardan las reducciones de los huesos hallados en la fosa 32 de la cripta. Se corresponden con los cadáveres enterrados en la antigua iglesia de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas. En el siglo XVII estaba ubicada a 100 metros de distancia de la actual.

Entre esos restos se da por hecho que están los huesos del escritor, según el libro de Difuntos de la Iglesia de San Sebastián. Será en este espacio del muro, de dos metros de alto por 1,20 de ancho y medio metro de profundidad, donde se metan los arcones en baldas. Después se emparedarán y delante se situará un pequeño monumento y una lápida sobre el muro para honrar su memoria.

Leyenda de la RAE

Será sencillo: la parte inferior se compondrá por una base de granito rectangular, acorde al zócalo actual, con dos medias columnas lisas apoyadas en basamentos graníticos. Sobre este módulo estará la lápida de piedra caliza donde se incluirá una inscripción. La leyenda será redactada por la Real Academia Española, con letras bajo relieve subrayadas con oro viejo.

Se espera que el monumento esté preparado antes del 13 de junio, cuando se formará el nuevo gobierno local. La búsqueda de los restos del escritor comenzó porque Ana Botella apoyó la iniciativa económicamente. Siempre ha sido deseo de la alcaldesa culminar su mandato con este proyecto y cumplir la voluntad del padre de «El Quijote» con el reconocimiento que merece. Hasta que no se dio con la reducción 32 se desconocía su paradero.

Ampliar las visitas

El monumento de Cervantes todavía tiene que pasar por Comisión de Patrimonio, pero ya se ha llegado a un acuerdo con el Arzobispado de Madrid. Podría ser visitable a partir de mediados o finales de junio. Aún se tiene que determinar el modo en que se puede admirar: con donativo o con una entrada simbólica que ayude a las monjas de clausura a mantener su templo.

También queda por establecer un convenio con las Trinitarias para la ampliación del horario de visitas, ya que sólo se permite el acceso a la iglesia durante las misas (laborables a las 9.30, vísperas de festivos a las 19.30, y festivos a las 10 y a las 12). Sin embargo, en la calle de Lope de Vega son muchos los que se acercan hasta el número 18, donde está el convento, para ver cómo es el interior del lugar donde descansa el maestro de las letras del Siglo de Oro español. «¿No se puede entrar?»; «¿Sabes a qué hora se puede?; «¿Sólo en misas?», preguntan turistas y madrileños. El reclamo es constante.

El último hallazgo

«Nosotras estamos muy contentas», dice satisfecha y con resignación la madre superiora. Sobre el nuevo hallazgo del que informó este diario hace unos días, el documento que prueba que Cervantes fue trasladado de la vieja iglesia a las nueva en 1697, cuenta sor Amada de Jesús que ella vio el registro hace años. «Pero no sabía en qué libro estaba», ríe al rememorarlo. Fue el historiador Francisco Marín Perellón el que dio con él el pasado viernes en uno de los primeros libros de cuentas del convento.

Este archivero del Ayuntamiento continúa trabajando en la casa de las Trinitarias con el ánimo de encontrar aún más pruebas que documenten el final de Cervantes desde que se enterró en 1616. Narraba a ABC que esperaba dar con su testamento. Por lo pronto, ya se sabe hasta el nombre de su sepulturero: Miguel de Hortigosa. Fue el encargado de mover su cuerpo junto al resto de los 16 cadáveres (11 adultos y 6 niños) a la cripta de la nueva iglesia, por 400 reales o 16.300 maravedíes.