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El restaurante de Alcalá que sirvió como tapadera nazi en la II Guerra Mundial

Fundado en 1904 en Berlín, se trasladó a Madrid cuarenta años después; escenario de reunión y refugio de altos cargos de la Alemania de Hitler

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Madrid fue, durante la Segunda Guerra Mundial, un escenario cómplice del conflicto. Una invisible atmósfera de espionaje y clandestinidad acompañó a la ambigua neutralidad de España, en teoría al margen de los intereses de alemanes y aliados. Para tal caso, existe una imagen mental sobre este Madrid confidente, en la que una atractiva mujer, sentada a la barra de un exclusivo local, vigila sugerente los movimientos de un oficial nazi, con apariencia apuesta y oscuras intenciones.

El estereotipo, literario y acaso un tanto manido, fue sin embargo una estampa real en el restaurante Horcher de Madrid, situado en el número 6 de la calle Alfonso XII, a unos pasos de la calle de Alcalá. En el local alemán, estimado al servicio del partido nazi, se llegaron a encontrar la espía norteamericana Aline Griffith y el entonces jefe de las SS -Schutzstaffel-, Heinrich Himmler, en una de sus visitas a la capital. La bella mujer, elegante y de suaves y femeninas líneas, trabajó en la fecha para la Oficina de Servicios Estratégicos de su país -OSS por las siglas en inglés-, precursora de la CIA. Años después, en 1947, contrajo matrimonio con el español Luis de Figueroa.

Horcher, fundado en 1904 en Berlín y trasladado a Madrid en 1943 tras pasar por Viena, Riga, Tallín, Oslo, Londres y Lisboa, se configuró entonces como un destacado punto de encuentro de aristócratas, diplomáticos y, en paralelo, personalidades nazis, con el consiguiente seguimiento de los agentes aliados. De hecho, el prestigioso restaurante, que aún hoy conserva su elevada consideración y exclusividad, era el preferido de Hermann Göring, relevante imagen del partido nazi y comandante de la Luftwaffe, su fuerza aérea.

«Leyendas» y realidades

El trabajo de Griffith y otros espías se enfocó en el local, creado por Gustav Horcher y heredado por las generaciones siguientes de la familia. Según algunos escritos, la relación entre Otto Horcher -hijo de Gustav- y ciertas figuras del partido nazi era evidente. Estallada la Guerra, se instauró en Madrid con el apoyo financiero de la Sicherheitsdienst, la agencia de inteligencia de las SS. Dicho rumor, sin embargo, fue desmentido por Elisabeth Horcher, nieta del fundador, hace menos de un año en ABC -información de Rosa Belmonte-; «Mis abuelos no eran simpatizantes para nada del régimen de este hombre. Era un restaurante de la época y venía la gente que estaba en esa época en Madrid, alemanes e ingleses».

Su versión, igualmente, contrasta con los informes norteamericanos sobre Madrid, recogidos por José María Irujo en su libro «La lista Negra», en los que se indica que Horcher, presuntamente, fue una «tapadera del gobierno nazi para financiar las actividades de espionaje y como refugio o ruta de escape de los nazis fugitivos de la justicia». La propia Aline Griffith alimenta esta tesis en «La espía que vestía de rojo», donde narra sus memorias como espía en la capital, entre 1943 y 1987.