El mercadillo madrileño más europeo

Ropa vintage, cuadros, relojes, muebles, gafas... El Mercado de Motores exhibe 300 puestos con una gran variedad de artículos

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El mercado parisino de las pulgas, el Marché aux Puces, el Mercato di san Lorenzo de Florencia, o los de Londres y Nueva York, tienen su versión en Madrid: el que se celebra todos los meses cada segundo fin de semana en el Museo del Ferrocarril. Así, entre viejos trenes, locomotoras a vapor y raíles se encuentran una infinidad de puestos que, como en la canción de Patxi Andion, te venden todo lo que tú quieras comprar. Desde ropa vintage de todos los orígenes hasta cuadros, gafas, comida, relojes, muebles... La variedad es tan grande como la extensión donde se desarrolla este mercado.

Tiene dos partes bien diferenciadas: una para profesionales, en la nave central de la estación, que supone una escaparate perfecto para jóvenes emprendedores que sin tener una tienda física muestran sus productos; y un mercado dirigido a los particulares, donde los puestos están repletos de objetos de segunda mano: libros, bicicletas, patinetes, instrumentos musicales, ropa, cascos militares, jofainas, muebles… Todo el que quiera hacer hueco en el trastero de su casa tiene aquí la oportunidad.

Pero si las máquinas de vapor y las locomotoras no te transportan a otro lugar y a otra época, la música de jazz que suena de fondo hace el resto. Un paseo por los andenes con música en directo hace que recorrer los trescientos puestos no resulte agotador. Es un plan perfecto para un fin de semana en Madrid. Y como dicen sus organizadores, no es solo para jóvenes que quieren encontrar productos hipster o bohemios, que también; ni para familias, que por supuesto. Solo hay que ir a la explanada exterior para comprobar la atracción que despierta el tren en miniatura, que hace las delicias de los más pequeños. Es el plan perfecto para cualquiera.

Pero la oferta no termina solo con la venta; el mercado cuenta con una buena variedad gastronómica, tanto en el interior como en el exterior, donde poder tomarse una cerveza y un tentempié para recobrar fuerzas y seguir con la visita hasta las diez de la noche, en que el Mercado cierra sus puertas.