La estatua ecuestre del Rey Felipe III, en la Plaza Mayor de Madrid
La estatua ecuestre del Rey Felipe III, en la Plaza Mayor de Madrid - josé ramón ladra
curiosidades históricas:

El falso origen mitológico de Madrid que se inventó Felipe III para dar caché a la capital

La leyenda cuenta que Bianor III, descendiente de un héroe de la guerra de Troya, fundó la «ciudad de los hombres sin patria» en honor la diosa Cibeles

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La primera leyenda falsa que existe sobre la capital tiene que ver con su origen mitológico. Esta fábula supuestamente grecorromana surgió durante el reinado de Felipe III, cuando las villas de Madrid y Valladolid se disputaban el título de capital de España. Con ella pretendían equiparar Madrid con otras ciudades europeas que eran cabeza de Estado y que también contaban con un mito similar sobre su fundación.

Habría que remontarse, según ese relato, a la época de la guerra de Troya para conocer al abuelo del supuesto fundador de Madrid, el héroe Bianor (ascendiente lejano de Rómulo y Remo y compañero de Eneas). La primera referencia escrita de este personaje la recoge el historiador y clérigo madrileño Jerónimo de Quintana en su obra «A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid, Historia de su antigüedad, nobleza y grandeza (1621)». Según cuentan estos escritos novelescos, tras la caída de Troya, el príncipe Ocno Bianor II, intentó huir a Grecia, pero al no conseguir una nave con la que cruzar el Egeo, se estableció en Albania, donde fundó su reino.

Después de su muerte, le sucedió en el trono su hijo Tiberis. Y éste a su vez tuvo dos hijos, Tiberis y Bianor III, legítimo y bastardo, respectivamente. Para evitar la pretensión al trono de su hijo ilegítimo, el rey Tiberis entregó un gran monto de dinero a la madre, la bella campesina Manto –conocida como «la fatídica»–, y a su hijo Bianor III, a cambio de que abandonasen el reino.

Madre e hijo se dirigieron al Norte, donde el tercer miembro de la saga Bianor fundó la ciudad de Mantua de Carpetania, en honor a su madre. Durante su reinado, Bianor tuvo un sueño en el que Apolo le auguraba fortuna si abandonaba el recién creado reino y partía con su ejército a la tierra donde muere el sol. Tras el sueño, Bianor se puso el prenombre de Ocno, es decir «el que ve el porvenir a través los sueños».

Después de diez años de travesía por Europa, una noche Apolo volvió a sus sueños para indicarle que aquel lugar donde estaba, era el elegido para que fundase una nueva ciudad a la que dedicaría el resto de su vida. Al despertar, Ocno se encontraba en una pradera llena de vegetación, surcada por numerosos arroyos, y donde apacentaban a sus ganados unas gentes que se hacían llamar carpetanos, «hombres sin patria» que, según le dijeron, esperaban una señal divina para dejar de ser nómadas y asentarse en algún lugar.

Al contarles Ocno su sueño, tanto su ejército como los carpetanos comenzaron a construir la muralla, el caserío y el palacio de la nueva ciudad. Pero al levantar el templo, surgió el conflicto sobre a qué deidad debía ser consagrada. El monarca convocó en sueños a Apolo, que le dio esta respuesta: La ciudad debía consagrarse a Metragirta ( Cibeles), diosa de la Tierra e hija de Saturno, que había ofrecido su propia vida para que desapareciese la discordia de la Tierra. Y como hizo Metragirta, del mismo modo él, Ocno Bianor debía ofrecer su vida.

El rey siguió sus ordenes y mandó cavar un foso, donde se metió, y se hizo tapar con una losa. Carpetanos y soldados se sentaron a orar sobre la lápida. Poco después, de una tormenta que se formó en la sierra vecina, se erigió la diosa Metragirta sobre un carro tirado por dos leones, sacó a Ocno de su tumba y lo hizo desaparecer. A la ciudad la llamaron Metragirta, que se convirtió en Magerit y luego en Madrid.

Entre los errores que cometieron los redactores de esta supuesta leyenda, fue situar la fundación de Madrid en fecha anterior a la de Roma, cuando según la literatura clásica, Eneas era compañero en Troya del abuelo de Ocno. Sea como fuere, el mito consiguió su función propagandística: Felipe III trasladó la corte de Valladolid a Madrid en 1606.