Nate Davis recibirá un homenaje en Ferrol este sábado
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Nate Davis recibirá un homenaje en Ferrol este sábado

Regresa a la ciudad para un reportaje de televisión, evento que aprovechará la afición para rendirle el homenaje que no pudo darle tras su marcha en el año 1983

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Quedaba un año para que la reconversión naval cambiase para siempre la faz de la ciudad, pero el sector, siempre problemático, ya daba signos de agotamiento. Ferrol todavía era una urbe de 90.000 almas, casi 150.000 sumándole toda su comarca y eran muchos miles más los que al menos habitaban fugazmente la urbe todavía militar como «pelones», jóvenes de toda España haciendo una «mili» amarga en una ciudad que les vetaba hasta la entrada a las discotecas.

Tiempo atrás en Columbia, Carolina del Norte, había nacido un metro y noventa y cuatro centímetros de un «ferrolano» que ignoraba serlo. Porque así se sintió a Nathaniel Davis: Nate Davis, el «12» de aquel Clesa Ferrol que plantaba cara a los grandes.

Nate Davis, «un extraterrestre» para Mario Pesquera, llevaba las muñequeras casi a la altura del codo, hueso maravilloso que le hacía tirar triples como nadie, o machacar la canasta de forma nunca antes vista en nuestro baloncesto. Volaba, era el Michael Jordan de la entonces recién nacida ACB.

Aquel «ferrolano» que entusiasmó a una generación obligó a la liga de baloncesto a prohibir los alley-oops con los que en su primer año en España humillaba a sus rivales. Y a aquella muñeca prodigiosa estaba pegado el máximo anotador durante dos temporadas, cuando iba camino de la tercera, se le partió la clavícula... Y el alma.

Eran los 80, y cuatro siglas se habían instalado en el vocabulario mundial: Sida. Fue su esposa quien lo contrajo, fruto de una transfusión de sangre y, con ella volvió Nate a Estados Unidos. No hubo cura, ni regreso a las cancha.

Mientras Nate Davis pasaba a ser su propio mito, y otro nostálgico ayer de la ciudad que se desintegraba ya de forma visible, el bueno de Nate se arruinaba en su país natal sin un titular que lo recordase.

El sábado vuelve a casa. Lo hará la persona, pero para recordar el mito. De la mano de Canal +, que prepara un capítulo de Informe Robinson sobre el jugador, Nate recibirá el hola que sustituye la hasta siempre que Ferrol no tuvo tiempo a darle.

Tiene 60 años. Como más de cuatenta tendrán los adolescentes que en el último descenso del club, el mismo que certificaba su asfixia económica y a la postre su práctica desaparición, se desgañitaron entre llantos durante más de una hora en La Malata vacía: «¡Fuimos la leche!, ¡fuimos la leche!», nostálgica réplica de aquel «¡Somos la leche!» que sobrecogía el abarrotado pabellón de La Malata con cada gesta del equipo patrocinado por una láctea firma.

La Sidrería Ferrol-Puertalia de León será la excusa. Un partido muy pequeño para lo que será un homenaje sentido a un «ferrolano» gigante.