Los turistas se detienen para admirar las coloridas casas que dibujan el coruñés Redes
Los turistas se detienen para admirar las coloridas casas que dibujan el coruñés Redes - m. muñiz

Redes, la villa marinera gallega que conquistó al cineasta Almodóvar

Situada en el ayuntamiento de Ares (La Coruña) reproduce una fusión perfecta entre naturaleza y arquitectura indiana. Se ha convertido en un capricho para los creadores

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La silueta de Redes, en el ayuntamiento coruñés de Ares, sedujo al director Pedro Almodóvar. Todo está preparado para el rodaje de «Silencio», su nueva película, y el plató no es otro que un buen aprovechamiento de un escenario construido al borde del Atlántico.

El ingenio de los indianos, regresados de las Américas a principios del siglo XX, permitió aprovechar el trazado natural de la aldea junto al mar y levantar un pueblo colorido, con sucesivas casas de diferentes tamaños y con un encanto derivado de una conservación buscada por los habitantes de la parroquia. Ha transcurrido un siglo, pero la escenografía colonial se conserva intacta. Incluso los nombres de las escuelas lucen ese letrero de La Habana más española que dice: «Escuela de Instrucción».

La idiosincrasia de los habitantes también parece tener ese aire diferenciador de los que habitan un lugar distinto. Hablan con familiaridad de la América hispana y en seguida trazan el árbol necesario para comprender cómo Redes llegó a ser lo que es. Sabedores de que acumulan historia, y que suscitan curiosidad, son también conscientes que «la parroquia fetiche» se ha convertido desde hace tiempo en un pequeño deseo para directores de cine, publicistas o artistas de variada naturaleza. El último capricho artístico de Almodóvar se recrea en una de las casas mejor conservadas, situada junto al mar, pero sin color en la fachada. Sólo los encargados del atrezzo anuncian que hay un inminente rodaje, pero su silencio impuesto por contrato evita cualquier indiscreción por inocente que sea la curiosidad.

Plato de cine

El manchego estará dos días rodando en un casa junto al mar. La vivienda cuenta con un jardín con valla y muchas flores. Las puertas son grandes y pintadas en blanco. Las cortinas protegen el interior de miradas curiosas y separan la vista de lo que ocurre dentro para no desvelar el misterio. Los vecinos asisten al proceso con la naturalidad de alguien experimentado. Sin justificarse, y ante el asombro del que pregunta, explican: «Aquí viene mucha gente a rodar, estamos acostumbrados». Una de las señoras del pueblo, antes de viajar a As Pontes con su marido, aclara: «Mira, vinieron los de Padre Casares de la TVG y también muchos anunciantes». La conversación se transforma en una sucesión de preguntas con respuesta: «Pues son gente normal, no van a ser de otra manera y se mezclan con todos».

Entre los habitantes siempre hay alguno más avispado. Ramón Leal, el mesonero, saca su pescado en una bandeja para promocionarse y se autoproclama anfitrión de todos los visitantes. Parece que sabe, y detalla que el personal técnico y el equipo se sienta en la terraza cómodamente y sólo pide ser tratado con «absoluta normalidad». Y es que, según la sentencia de Leal, «todos nos parecemos mucho».

La exploración a pie del pueblo permite comprobar como Redes está limpio, sin papeles o pipas en el suelo. Caminar se convierte en un ejercicio curioso por averiguar los detalles que rodean cada una de las edificaciones. Surgen preguntas de cuándo y cómo se hicieron las casas y de qué manera duerme el invierno una parroquia que se llena hasta «completarse» durante los meses del verano. La respuesta de los vecinos es sencilla: «En invierno no somos muchos, pero en verano se llena hasta arriba, casi no hay sitio para aparcar el coche». Y aunque la estructura no es la de la típica aldea gallega, es verdad que no hay elementos urbanos que adulteren la esencia del enclave marinero.

Redes no tiene un gran supermercado, ni entidades bancarias, ni parques infantiles, tampoco hay hoteles u hostales. Las vecinas informan de que «se alquilan viviendas y el que tiene interés siempre encuentra un lugar para quedarse». Eso sí, hay leyendas oficiales que acreditan la protección a la que está sometida la parroquia.

Dos días de rodaje

El rodaje de Pedro Almodóvar va a prolongarse durante dos días. El alcalde, Julio Iglesias Redondo, está feliz y asegura a ABC: «Nosotros hemos dado todos los permisos». En diversas declaraciones, desde que Almodovar reveló su secreto, no dejó de destacar la «proximidad y cercanía del director manchego con todos los vecinos».

Aunque han trascendido algunos detalles de una trama sinuosa, los lugareños prefieren esperar al estreno y sólo revelan nombres como los de la actriz Adriana Ugarte o Emma Suárez.

Mientras todo sucede, Redes sigue con su propio ritmo. No se resisten a los cambios, pero saben que su futuro radica en conservar lo que han atesorado a lo largo de los años. Agradecen las visitas, las alabanzas y las elecciones aleatorias, buscadas o caprichosas, pero saben que su éxito radica en mantener viva la memoria y en conservar el patrimonio atesorado durante los últimos 100 años en los que la aldea siempre ha tenido un color azul intenso como el mar que la protege.