El café Torino, de Paseo de Gracia, en 1905
El café Torino, de Paseo de Gracia, en 1905 - abc

Barcelona como fenómeno editorial

Coinciden en las librerías varios volúmenes que ahondan en la historia pública y privada de la ciudad

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Barcelona como fenómeno editorial. El interés por conocer la capital catalana en sus facetas más variadas no decrece, y año tras año la bibliografía dedicada a la ciudad engorda de manera considerable. Coincidiendo con la campaña de Navidad, una de las novedades que sobresale por encima del resto, por la originalidad y cuidada edición, es «Autobiografia de Barcelona» (Efadós/Ayuntamiento de Barcelona), un repaso a la historia de la capital catalana a través de documentos seleccionados en los distintos centros que componen el Archivo Municipal .

Desde la copia del primer privilegio de autogobierno concedido por el rei Jaume I a la ciudad, en 1249, a aspectos de la vida cotidiana de los últimos siglos, desde el impacto de las principales reformas urbanísticas (apertura del eje Princesa/Ferran o la Via Leaietana) a pasajes más oscuros de nuestro pasado como la esclavitud o el trabajo infantil.

«Autobiografia de Barcelona» es obra del historiador y museólogo Daniel Venteo, ya con una quincena de títulos publicados sobre la historia de la capital catalana, el último de los cuales antes del citado, «La Barceloneta: Guia d’historia urbana»). Más allá de la clásica historiografía política, económica o militar, Venteo deja que la ciudad hable por sí misma, proponiendo una aproximación a la Barcelona social y cultural, cotidiana, un enfoque con los pies en el suelo y las manos sobre los documentos.

Escritos, fotografías y grabados que permiten conocer también a aquellos barceloneses a los cuales la historia con mayúsculas a menudo relega: discapacitados, minorías religiosas, los pobres, los forzados a la esclavitud... En definitiva, una obra hecha con conocimiento y amor por una ciudad que se muestra en toda su complejidad.

Conocimiento y amor por la ciudad es lo que demuestra también Xavier Theros en su «Barcelona a cau d’orella» (Comanegra), con apenas unas semanas en las librerías y llamado a convertirse en un clásico entre las «guías» sobre Barcelona. De hecho, el volumen es una continuación, personal y puesta al día, del clásico de 1974 de Josep Maria Carandell «Guía secreta de Barcelona», obra fundamental en la bibliografía sobre la ciudad no oficial.

La editorial Comanegra demuestra criterio de elección y tino con este encargo, continuación a su vez de la reciente reedición de otro clásico, «Barcelona, pam a pam», de Alexandre Cirici, acompañado del libro anexo escrito por la exconcejal Itziar González, «Per no perdre peu».

Con «Barcelona a cau d’orella» (ilustrado con fotos de Consuelo Bautista), Theros, 50% de Accidents Polipoètics, demuestra que es por derecho uno de los mejores cronistas de la ciudad, lo que ya demostró con otro volumen imprescindible para cualquier barcelonófilo, «La sisena Flota a Barcelona», primer Huertas Claveria de periodismo de 2010.

Cafés, teatros y jardines secretos

Año 1862. Andersen se asoma a la bulliciosa Rambla desde el hotel Oriente. De los cafés que ha conocido en su viaje por España, se queda con el Café de las Siete Puertas o Café Cuyàs de Rambla, 31: «Iluminado por cientos de llamas de gas; el techo pintado con gusto exquisito, era soportado por esbeltas columnas; en las paredes colgaban buenos cuadros y magníficos espejos, cada uno valorado en miles de duros...». En «Barcelona ciudad de cafés» (Ajuntament de Barcelona-Ediciones invisibles), Paco Villar retoma la crónica de «La ciudad de los cafés. Barcelona (1750-1880)», libro publicado en 2009 por La Campana.

En la Barcelona decimonónica, apunta, «los cafés abrían y cerraban libremente a voluntad de sus dueños y a gusto de sus concurrentes». Inmersos en la burbuja bursátil que Narcís Oller noveló en «La Febre d’Or», los ocios barceloneses saben a café y un puntito de ron. Por veinticinco céntimos, el parroquiano lee los diarios, pide al camarero «recado de escribir» para mandar alguna carta, tontea con la dama de enfrente o hace de «cul de café», cancerbero de la peña tertuliana.

Villar establece el Top Ten de los cafés, entre 1880 y los años de posguerra. De 1913 a 1918, el Bar del Centro (Rambla, 31) constituyó la entrada al Distrito Quinto para la bohemia del teatro y el periodismo: Amichatis, Manuel Fontdevila, Lluís Capdevila redactor de «Los Miserables», Àngel Samblancat, el poeta Salvat-Papasseit... Bar de Pernod y cocaína, en la Barcelona que aprovecha la neutralidad española en la Gran Guerra. Fundado en 1897, el Colón de la plaza Cataluña fue hasta 1936 el centro de la alta sociedad. El Gran Hotel con el café, el Bar Americano y la Bodega Andaluza, «era el favorito de las casas reales y de la clase política española», explica Villar.

En la Barcelona decimonónica «los cafés abrían y cerraban libremente a voluntad de sus dueños»

Si tuviera que quedarse con un café ligado la alta cocina, subraya el Continental. Frecuentado por Rusiñol, Cambó, Guimerà o Gaziel, su carta adquirió fama por la sopa de tortuga. A partir de la década de los noventa del XIX, el Paralelo devino feudo de las diversiones populares con el café Español de epicentro. Terrazas abarrotadas, sala de billares y crónica de sucesos: anarcosindicalismo clandestino y redadas de la policía... Fundado en 1891, el Lion d’Or, fue refugio decorativo y modernista de los sportsmen; aunque para suntuosidad, la Maison Dorée de la gente bien, el primer café con terraza de invierno.

El Top Ten no puede cerrarse sin Els Quatre Gats de Pere Romeu; émulo del parisino Chat noir, su trayectoria es tan breve -de 1897 a 1903- como relevante su clientela: Casas, Picasso, Nonell, Utrillo, Rusiñol... Como café curioso, el gótico Refectorium (1917-1925), «la primera cervecería-restaurante subterránea». La lista, como no, se cierra con El Suizo (1857-1949), el longevo café de la burguesía liceísta con entrada en la Rambla y Plaza Real.: «Cuando rueda la puerta giratoria de la calle, parece que toda la Rambla entre en tumulto dentro del café...», escribió Pla en su «Quadern gris».

Una ciudad de cartelera

Cafés inevitablemente unidos al teatro. Como señala Josep Maria Pou en el prólogo de «Barcelona ciutat de teatres» (Ajuntament de Barcelona-Viena), Barcelona ha sido una ciudad de cartelera: «Muchos teatros más que en la actualidad, porque la mayoría ya no existen, a excepción del Romea, el Victoria y el Liceo. La lista de caídos es larga y triste: Barcelona, Calderón, Candilejas, Comedia, Talía, Capsa, Guimerà, Windsor, Moratín, Español...». Carme Tierz y Xavier Muniesa recuperan en orden alfabético una memoria teatral barcelonesa que comienza en el siglo XVI con el teatro de la Santa Creu. Escenarios con figuras: Sarah Bernhardt, Margarita Xirgu, Enric Borràs, Tórtola Valencia...

Cafés, teatros y aire puro... Isabel Cordero, Isabel de Villalonga y el fotógrafo Luis Plana de Llano nos descubren los «Jardins secrets de Barcelona» (Ajuntament de Barcelona-Àmbit). Espacios públicos y privados de una inédita ciudad verde: Palo Alto de Poblenou, los patios escondidos del Eixample como el jardína del hotel Alma, la «pedrera» del Putget, Villa Andrea, los jardines de Rubió i Tudurí en la falda del Tibidabo, el claustro del monasterio de Pedralbes, la terraza de la casa Cambó en Vía Layetana, el patio de Mercè Rodoreda en el antiguo hospital de la Santa Creu y los jardines de Sant Gervasi que inspiraron a la autora de «La plaça del Diamant», la Torre Castanyer donde residió Antonio Machado en la Barcelona de la guerra civil...

En su jardín del principal del paseo de Gracia, la escritora Mercedes Salisachs encuentra en la naturaleza el sosiego para la inspiración literaria: «Las flores, las plantas, la hierba y los árboles transmiten vigor y belleza. Gracias a la naturaleza, la vista del ser humano descansa y se recrea».